viernes, 30 de agosto de 2013

Hermano

 Nos conocimos en el año nuevo 2005-2006. Yo estaba abrazada con mi en ese entonces enamoradito, Javier. La gente y yo pensábamos en qué fiestecilla delincuencial escabullirnos, un lugar caleta donde no reconozcan nuestros púberes rostros y no nos pidan DNI. En Carabayllo todo es posible, yo lo sé, éramos como siete puntas y de todas maneras entrábamos por ahí. Te vi paradito, indeciso, mirando a todos lados y diciendo que tú no le entrabas. Te admiré toda la noche, el único que no quiso entrar y que no quiso hacer la gauchada que nosotros hicimos, entrando sin pagar y casi de infiltrados. Te admiré y te admiro, hermano. 

 Pasaron muchos meses para volverte a ver. Esta vez venías del cole, estabas con tu uniforme guinda del Raúl Porras, tenías los zapatos enterrados y la cara sudada. No me viste creo, porque te pasaste de frente y me dejaste con la mano alzada, en posición de saludo. No recuerdo más, no me acuerdo si te vi otra vez. Recuerdo que nos agregamos al Hi5, que hablábamos casi siempre y te contaba mis cosas. Gracias a ti y a Choco pude saber que Javier iba a terminar conmigo, porque quería regresar con su novia de casi tres años. A ti te lloré por cámara web, a ti y a choco, porque pensé que me bromeaban pero no: recibí el mail de "rompimiento" dos días después de que ustedes me advirtieron. De haberte tomado en cuenta, le hubiera terminado antes, más cojuda. Qué cosas, Javier y yo somos patas hasta ahorita, después de que me pidió perdón como seis años después. Ah, mira, otra cosa que prueba la grandeza de mi corazón, como me dijiste un día.

 Pasó un poco más de tiempo, era 2007. Te conté que estaba mejor, que había conocido en el Icpna a Alex, que estaba feliz y que quería que tú fueras mi pareja de promoción porque llevarlo a él iba a ser "como que muy obvio". Te mataste de risa y me dijiste que no, que tu enamorada se iba a enojar. Habías empezado una relación con Karla, justo un mes después de que yo la empezara con Alex. Me alegré en el alma de que estuvieras feliz y quise ir a verte. No pude. Me dijiste que normal, que ya habría tiempo para todo, y yo seguí con mi vida estudiantil hasta terminar el colegio. No tuve fiesta de promo, nunca fuiste mi chambelán churro del que mis amigas hubieran sentido envidia. Como era chibola y era estúpida les mentí a todas las chicas del salón, les dije que tenía un hermano mayor, que no vivía conmigo pero que era bien chévere y que siempre me cuidaba y todo. Eso eras para mí, el hermano mayor que -biológicamente- nunca tuve. Y pa' remate, ni mayor que yo eres, porque te llevo tres meses y quince días. 

 Empezamos a vernos más seguido, cuando ya la adolescencia abandonaba nuestros cuerpos y mentes. Me contaste cosas que así nomás la gente normal no se cuenta. Vi en tus mirada perdida una realidad que no conocía hasta el momento. La calle, el rencor, la necesidad de salir de ese hoyo negro que a veces nos toca de vida, las cosas rápidas y el maldito billete. No entendía mucho de qué hablabas porque yo no pasaba por lo que tú, pero intenté en todo momento comprender (porque comprender no es entender, ambos sabemos eso). Te di mi punto de vista, te hablé y te aconsejé lo que pude aquella vez en la casa viendo la peli de Daddy Yankee, hablando de drogas, plata y más plata. Negro, siempre fuimos muy jóvenes para sufrir, cada uno por su lado, cada uno con sus vainas.

 Por mi vida pasaron algunas vainas más, no sé si te conté. Te desapareciste como medio año, y yo ya no tenía mucho tiempo para ir a visitarte a Carabayllo. Se acabó el cole, empezó el trabajo. Muy de vez en cuando sabía algo de ti, y eso era porque la gente me dateaba, porque tú ni entrabas al chat. Pasaron los años y un buen día que decidí ir a verte, conocí a tu hermana menor y al instante la adopté como hermana mía. Tu mamá me trató siempre como una hija; tus primos, como prima. Alex terminó conmigo una vez, pensando que lo engañaba contigo; Karla me trataba mal pensando que tú querías algo conmigo. Luego Alex volvió conmigo, terminó, volvió, terminó. Míranos ahora, Gius, siete años después, tú sigues con Karla, tengo una hermosa sobrina, tengo una hermana cabezona a la que adoro y somos más familia que nunca. Soy una Astupiña más.


 Para mi hermano, que no sólo lo es por una estúpida promesa de amistad adolescente. Te quiero madafaka.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Mi matrimonio

 Estaba más nerviosa que cuy en tómbola. Mi madre y hermana me calmaban, me decían que todo estaba bien, que mi futuro marido ya llegaba, que no me ponga mal. Estaba con mi vestido, sentada en un mueble bonito, mirando por la rendija de la puerta a toda la gente que, sentada, esperaba por mi triunfal entrada y el tan ansiado "puede besar a la novia". Pero algo estaba mal: me faltaba el novio.

 Recibí una llamada, no sé quién era pero me dijo que estaba viniendo y que no me ponga triste. Me dijo que me tenía una sorpresa, que no venía solo. No entendí y seguí mirando por la rendija con lágrimas en los ojos, pensando que mis invitados se irían y nunca llegaría a casarme, hasta que entró un chico por la puerta de atrás, me dijo: "amor, llegué" y un niñito corrió a abrazarme. "Mami, te amo" me dijo y yo me puse a llorar pensando "¿qué carajos, en qué momento tuve un hijo tan bello?". El amoroso muchacho me abrazó y besó mientras me decía que mi vestido era precioso y que seríamos muy felices juntos. Miré a mi mamá con cara de sorpresa y me paré, corrí a la cocina y llamé a Maribel, le pregunté si ella recordaba a algún novio mío, que no sabía con quién mierda me estaba casando y ella me dijo que era una huevona, que él y yo teníamos varios años juntos. Le pregunté si el niño era mi hijo y ella me dijo "muy graciosa, Fio, apúrate que va a llover, cásate de una vez que ahorita nos vamos todos".

 Volví un poco desconcertada a la sala y mil y una veces intenté mirar el rostro de mi novio, pero no podía, siempre volteaba o me esquivaba la mirada. Nunca supe quién fue. Mi hijo tenía los ojos de mi papá, medios verdes, medios raros. Me dijo que me amaba a mí y a su hermanito, y me tocó la panza. "No puede ser que me esté casando en bola, qué roche carajo" me dije a mí misma mientras que novio e hijo salían a recibirme en frente de todos. Esperé un poco, salí, el padre me dijo todo lo que dicen los padres, me casé y cuando volteé, mi novio y mi hijo se habían ido, mis invitados no estaban, no existía embarazo alguno y mi vestido era más parecido al de la novia cadáver. Y me desperté llorando como cojuda.

martes, 27 de agosto de 2013

¿TREEEEEES?

 Eso me preguntaron cuando dije que mi sueño era tener tres hijitos, tres. Luego me empezaron a joder sobre los nombres y me pidieron encarecidamente que no les ponga Hilario, Sara y Lerner/ bombón, burbuja y bellota/ Ed, Edd y Eddy/ Harry, Ron y Hermione/ Burro, Fiona y Shrek/ y demás nombres cojudos y graciosos como para tres. Nunca tanto tampoco, serán Gokú, Bulma y Vegeta. Ok, no.

 Desde hace varios meses he estado experimentando en mi ser cierto deseo extraño por ser madre. El año pasado me invadió cierta curiosidad acerca de cómo sería yo cuando me toque serlo, escribí este post y no me queda la menor duda de que así será. Y aunque sé que es muy pronto, porque debo terminar mil cosas y lograr mil más, mi único deseo es tener un niño, y si la vida me lo permite, tener dos más. Que sean rockeros como yo y que nunca les falte nada. Enseñarles cosas buenas, formarlos para que sean niños de bien, cocinarles sus comidas favoritas, sacarlos al cine, a pasear, a jugar. Comprarles juguetes, regalarles los juguetes que yo tengo guardados, darles todo el amor que tengo guardado y reservado sólo para ellos, y darles todo el amor que normalmente le doy a todos los bebés que conozco y sacan mi lado más tierno y estúpido.

  Por otro lado, no sé si estoy envejeciendo o todos a mi alrededor están adelantándose al apocalipsis zombie y están fornicando sin tregua para tener muchos hijos antes de los treinta. No sé. Cada vez tengo menos tonos cumpleañeros y más baby showers. Y siempre sale el tema en varias oportunidades, donde no me canso de decir "sí, tres". Y viene la cara de asombro por parte de la embarazada, "qué sabes tú lo que son las náuseas", "qué sabes tú lo que es la epidural". O sea yo no sé nada. Pero se aprende pues, a mi mamá no le explicaron, no le metieron terror para que no tenga hijos. Por favor, embarazadas y amigas madres varias, basta. Igual quiero tener mis hijitos. Así me duela todo lo que ya sé que duele. Así se me antoje yogurt con caigua rellena y plátano con ketchup. Es mi sueño, no me lo destruyan así.

 Por ahora sólo tengo que estudiar, terminar mi nueva carrera y cumplir mi meta más grande de todos los tiempos. Sinceramente me siento un poco atrasada con todo, porque tengo veintitrés y perdí mucho tiempo desde que salí del colegio para estudiar, pero no importa, todo pasa por algo y ahora sí me dedicaré a terminar todo lo que empecé para poder empezar a hacer lo que ustedes: hijos.

lunes, 26 de agosto de 2013

¡Tengo pinky friends!

 Ok. Sé que en una entrada anterior dije que no quería tener amiguis porque no quería distraerme y eso, pero fallé. Mi alma amiguera salió a pasear y ahora, después de una presentación en el curso de relaciones públicas, todos somos patas en el salón. Ok, menos unos cuantos, pero la gran mayoría al menos ya se habla, se bromea y uno que otro se va por la ruta. Es que así funcionan las cosas, a menos que seas bien tímido(a) o antisocial/emo. 

 El primer día de clases, el sábado pasado, fue gracioso ver cómo uno a uno entraba al salón, se sentaba lo más alejado posible del otro, miraba a todos lados y no decía palabra alguna. Me incluyo. No sé qué sentirían los demás, pero yo sentí mucho miedo, un miedo de no saber qué decir, no saber a quién hablarle o no saber cómo actuar. La profesora llegó, se presentó y nos hizo presentarnos a cada uno. Me di cuenta de que no era la única que había pasado de estudiar una carrera a estudiar ésta, que habían ex estudiantes de contabilidad, de cocina, de administración, de negocios, de marketing, de ingeniería. Me sentí identificada de inmediato, pero no dije nada, seguí forever alone sin hablar con nadie. 

 El lunes no entendí qué hacía ahí. Me había dado una alergia asesina y todo me daba vueltas. Sólo recuerdo que la profesora habló desde las 6:50 hasta las 11 y no sé si hubo break. No hablaba aún con nadie, tenía dos chicos en las computadoras de mi costado y sólo le hice un comentario a uno de ellos: "¡Me estoy muriendo!" y él se río. La profesora dejó una tarea, por fin se hicieron las once de la noche y pude irme a mi casa. Lo único bueno es que vivo a cinco cuadras y llego rapidísimo, si no, qué flojera salir a esa hora.

 El martes fue un día bastante divertido, ese día tocó Relaciones Públicas. El profesor se mostró buenísima onda y nos hizo presentarnos cada uno al frente, nos hacía unas cuantas preguntas y podíamos explayarnos contando una que otra cosa graciosa del pasado. Fue la muerte escuchar las historias de cada uno, lo que habían sufrido al elegir la carrera, lo mucho que habían deseado estudiarla y una que otra anécdota chistosa. Me maté de risa con cada historia, se mataron de risa con la mía (¬¬) y empezamos la clase. Estuvo bastante entretenida, me gustó mucho. Entablé conversación con un chico que estaba en el asiento de atrás, una chica de adelante y como el profe nos soltó a las nueve, de pronto en la puerta ya éramos Stephany, Inés, Bill, Pierre y yo, y nos estábamos yendo a comer bembos.

 En bembos hicimos el escándalo de la vida, nos matábamos de risa de todo, era como si nos conociéramos de tiempo y apenas había pasado media hora. Inés nos contó que la cicatriz que tiene en la frente se la hizo porque le cayó un pedazo de techo en la cabeza (o algo así) y que, como era reciente, tenía todavía los puntos y Pierre lanzó un comentario como: "aaaah, eso era, yo pensé que te gustaba Harry Potter", lo que ocacionó que, luego de partirnos de risa, la llamemos Potter durante toda la semana. Pierre contaba que en el cole bailaba mucho axe bahía pero de ahí cuando llegó el reaggaetón, todo cambió a ♪quiere chuculún, toma toma chuculún♪, por lo que su chapa es chucu (porque el viernes nos dijo que "chuculún" sonaba muy maleado, y de hecho lo es). Stephany me deletreó mal su nombre al momento de agregarnos al WhatsApp, por lo que ahora yo la llamo ESTAPANI. Bill no tiene chapa porque su cara es dificil de descifrar y le ponemos una cada cinco minutos y yo, bueno, a mí me dicen "rara". A pesar de que en ese salón, y en esta carrera, TODOS, absolutamente todos, somos más raros que Lady Gaga.


Aquí estamos todos. 

martes, 20 de agosto de 2013

Empezar de cero

*Antes de leer la entrada, imaginen por un segundo que estoy así de feliz, bailando como Monica Geller*


OK, BASTA. 

 El sábado fue mi primer día de clases. Esto me remonta exactamente al 2011, cuando escribí la primera entrada de mi blog ante una situación similar. Un día como hoy, hace dos años, les contaba sobre mi primera semana en clases. Cómo cambia la vida, acabo de leer esa entrada después de tiempo, y me doy cuenta de lo chibola que era y lo ingenua sobretodo, porque hasta hablo bien de cierto... digamos... hombre, XD.

 Me di cuenta rápido, menos mal, que la administración no era lo mío. Que, en realidad, jamás me gustó. Me atrajo un poco al principio, como muchas cosas en la vida que te pueden parecer en cierto punto interesantes, pero de nada vale seguir en algo que no te hace feliz. Así funcionan las cosas, supongo, ¿no?. Tomar la decisión no fue difícil para mí, porque estudiar comunicaciones era lo único que siempre quise, y de hecho el único afectado aquí es mi bolsillo, pero no importa, sólo quiero hacer lo que siempre he querido hacer, y hacerlo bien. Ya voy dos clases y me encanta. Periodismo, redacción, medios y realidad nacional. La gente de mi salón aún no es mi amigui, pero al menos no me aburro. Seré toda una chancona, lo sé. 

 No les voy a mentir, mi objetivo es que me den la beca por excelencia. Más que por el tema del dinero (un ahorro extremadamente significativo) Es una meta que me he propuesto desde que decidí matricularme, y voy a hacer hasta lo imposible por conseguirlo. Así nadie me quiera y todos me odien por chinchosa, preguntona y esas cosas. No he venido a buscar amigos, no quiero distraerme. Obviamente lo que acabo de escribir es mentira porque siempre uno termina haciendo amistades en todos lados, y está bien, pero esto definitivamente es lo mío y quiero ser la mejor. 

 Por ahora sólo nos han dejado un par de tareas sencillas y leer un libro para un examen que habrá el 31. Mis horarios no son los más bonitos, los sábado estudio prácticamente todo el día y los días de semana siempre son una chanfaina para mí, pero esto es algo que me gusta realmente, y no quiero desaprovechar ni un solo momento para aprenderlo todo. Todo, todo.

 Voy a avanzar mi tarea :3

miércoles, 14 de agosto de 2013

Mi chibolo interior

 Para los que me conocen en persona, deben ya haberse dado cuenta de que no soy del tipo de chica que se comporta de acuerdo a los estándares mundiales de feminidad y delicadeza (?). Soy, por el contrario, como dirían algunos amigos míos, un calzoncillo más. No hablo dulcemente, ni con el típico "tonito" de chica lindix bonix amix; No me quedo callada cuando me dicen algo, lo respondo y prefiero mecharme con alguien a aceptar algo que no me gusta; No soy sumisa, mi segundo idioma por excelencia es el sarcasmo. Disfruto joder, joder y joder a la gente y mi vocabulario consta de una lisura cada cinco palabras. ¿Ven? pueden atribuírselo al Fanning, no me jode. 

 Una vez, hace mucho tiempo (1999 para ser más exactos) cuando estaba en el rico Fanning, discutía sobre mi comportamiento con una auxiliar que me llevó a la dirección cuando no me acuerdo qué de malo hice en el salón. Ella me preguntó si yo tenía contacto amixer con chicos, con hombres. Obviamente, le dije que no, porque en esa época yo realmente no tenía amigos; apenas y les dirigía la palabra a los chicos de mi barrio, tenía nueve años y solo una amiga en todo mi edificio. La auxiliar me dijo que le parecía raro, porque yo me comportaba como un niñito (ME CAGÓ). A medida que fui creciendo, y seguía internada en Santa Mónica -digo, el Fanning- me fui dando cuenta de que las mujeres realmente me aburrían. Verlas todos los días: mujer por aquí, mujer por allá. Trataba a diario de entablar amistad con los chicos de mi barrio, seguramente porque cuando éramos más pequeños jugábamos bastante, pero en ese entonces era en vano porque ellos eran bien mierdas, digo, bien antisociales, digo... jugaban entre hombres nomás. Así que se me ocurrió decirle a mi mamá que, después de haberme negado por dos años seguidos, ya me quería matricular para la primera comunión (se supone que eso lo haces a los nueve, ¿no? pues yo lo hice a los once). Mi mamá pensó que me entregaría en cuerpo y alma al señor, se alegró a más no poder y me matriculó. Pues bien, doce años después, creo que ya puedo confesar que, en lugar de ir por vocación católica, lo hice sólo porque mi amiga del cole me contó que el salón del catequesis era "MIXTO", esa palabra que me sonaba tan jodidamente interesante, que no lo pensé dos veces.

 Una vez enclaustrada en la iglesia Santa Rosa de Lince, me dediqué a juntarme con cada pequeño que se me cruzaba. Dejé a las niñas de lado y me volví un piraña. Prácticamente "cada domingo a las doce después de la misa" nos íbamos corriendo al parque Castilla, nos olvidábamos de los cánticos y las biblias (xD) y nos poníamos a jugar pelota, a lanzarnos de los columpios, a corretear hasta morir por falta de aire y a embarrarnos con caca de perro (mentira, eso no). Era feliz. Sentía que con ellos podía hacer las cosas que realmente me gustaban y que en el colegio no me permitían porque "aj, o sea, somos mujercitas". Y lo que empezó como un año de catequesis para la primera comunión, se convirtió en tres años de formar parte del coro de la iglesia (hasta estaba dispuesta a hacer la confirmación) hasta que en el 2004, me mudé. Y nunca más volví a la casa del señor (¡¿?!), pero al menos aprendí a socializar con los machos machos men.

 Los años pasaron, en mi nuevo barrio no conocía ni a mi vecino (literalmente, no lo manyo, hasta hoy) y me aburrían las tardes luego del colegio, así que me escapaba a veces al internet. Reconozco que esas tres horas diarias que me tiraba en las cabinas de Arenales no eran para nada productivas -Sólo a nivel músico-cultural porque bajaba música como mierda- pero ahí también tenía mis amixers: los chibolos que se tiraban la pera del Melitón Carbajal e iban a jugar en esas épocas counter strike. Al principio les tenía miedo por ser una chica del fanning y por la fama de violadores que éstos tenían, pero, a medida que me fui interesando por el gun bound y esos juegos de moda, me adoptaron como una más de la pandilla. Nos encontrábamos todos los días a las 2, jugábamos hasta las 4 o 5, y me acompañaban a mi paradero. Yo me iba a mi casa; ellos, a buscar a sus peladas de turno tarde. Después, poco a poco, dejé de frecuentar el C.C. Arenales y perdí contacto con mis amigos pirañas.

 Conocí chicas buenas en mi paso por el Icpna, pero de todas las amigas que llegué a tener, sólo conservo cuatro o cinco, los demás son hombres. Cuando tuve mi enamorado en dicho instituto, recuerdo que terminó conmigo un par de veces porque lo único que hacía yo era estar de arriba a abajo con Armando, William y Carlos, mis "back street boyOS". Aunque él me decía que no era por eso, tiempo después me confesó que sí le llegaban al chompiras. Supongo que, como les conté por ahí, solían dejarme por amiguera aunque nunca nadie tuvo el valor de decirme "¿sabes qué? soy celoso" -definitivamente me hubiera ahorrado mil lamentos- pero, como nunca nadie me dijo si estoy bien o si estoy mal (al univeerso le da iguaaaal todo sigue alrededoor♫) pues seguí tal cual, y no me arrepiento. Tampoco es que yo haya sido o que sea una desgraciada, una maldita, nunca engañé ni mentí ni nada de esas pendejadas. Y bueno, otros sólo usaron lo de mi amistad con los hombres como la excusa más estúpida para cometer todos sus actos de maldad hacia mi persona, por allá por los 2012's XD.

 Ahora que tengo ya veintitrés años (wow qué grande) sólo conservo los amigos que creo necesarios. Aún me gusta joder, aún me junto con mis amigos a tomar y a reírme como si no hubiera nada más gracioso en la vida. Hay personas a las que aún le molesta eso y que tratan de "inmadurizarme" -por así decirlo- por el simple hecho de andar con la gente y ser de esta manera aún un tanto despreocupada. Se están equivocando bastante conmigo, les digo, yo no soy todo lo malo que piensan o que a veces parezco. Pero bueno, no puedo estar por ahí con mi cara de cachaco, ni diciendo "yo soy bien buena... por si acaso".

 Arrivederci

Yo soy el chibolito de polo blanco. Era todo un loquillo XD

martes, 13 de agosto de 2013

Mi escape a Ica - Parte II

 Tuve una mala noche, en definitiva, luego de escuchar tanta prosti y tanto arrecho conversar durante la madrugada del martes. No dormí absolutamente nada y Maribel se río de mí por haberme adueñado de la cama de la ventana. Nuestro primer día fue un encanto total, estoy aquí para contarles del martes, mi segundo día en la preciosa Ica.

 Nos levantamos extremadamente temprano (ni para ir a trabajar me levanto a las 6) y nos vestimos para esperar la van que nos llevaría al tour por las islas ballestas. Mi primer error del día fue ir semi calata (short con panties y una chompita que abrigaba lo mismo que abriga una bolsa). Salimos del hotel y literalmente morí de frío. Como tenía la convicción de que el sol saldría en cualquier segundo me quedé como estaba y me aguanté como los machos.

 En la van logré dormir lo que no había podido en la noche, el frío me congelaba hasta los huesos y unos amixers conversaban en el asiento trasero. De rato en rato sonaba una canción en mi cabeza, me desconectaba y me volvía a conectar. Fueron como treinta minutos de viaje que me parecieron horas de horas. Llegamos a paracas, bajé del carro y el frío se hizo más intenso. Nos tomamos un par de fotos, hicimos una cola que parecía que jamás iba a avanzar y conversé un poco de todo con Mari. Empezaba a salir el sol, mis esperanzas de tener un soleado martes crecían a medida que avanzábamos en la cola para subir a los botecitos. Pagamos siete soles, nos subimos a la espaciosa embarcación y, luego de que una señora se ponga a cantar "huacachina, huacachina, china cochina" en un intento de hacernos o reír o llorar, el conductor nos dio unas palabras y partimos. Cuando partimos  fue como que todo el frío del mundo recorriera mi cuerpo y sólo pude refugiarme dentro de mi chaleco salvavidas. Maribel me dijo: "te dije que trajeras tu casaca" y yo hacía puchero por debajo del chaleco.

 Muchos minutos después de partir, saqué la cabeza en un intento de valentía, pensando que un poco de viento helado no iba a malograrme el día. Apenas vi el mar, me cayó agua en la cara y, cual tortuga, me metí nuevamente en mi caparazón/chaleco. Tomé un poco del frugos que me había comprado y comí un pedazo de keke, moría de hambre, sueño y frío. Le tomé un par de fotos a Maribel, ella me tomó unas cuantas a mí y así, me la pasé escondida hasta que el bote se detuvo. Al volver a mirar, tenía lobos de mar, pingüinos y un cielo lleno de aves. El paisaje era precioso, ya me había olvidado de la belleza que había en ese lugar, ya que la primera vez que fui tenía dieciséis años y estaba en un paseo de colegio.

 Tomamos las fotos que eran necesarias, vimos muchos más lobos marinos y el sol había salido de una manera salvaje, por fin tenía mi martes soleado. Estuvimos en ese lugar hermoso por muchos minutos más antes de que el conductor decidiera regresar a la costa. Volví a meterme a mi chaleco debido a los vientos helados y me puse a escuchar un poco de música con mis audífonos. El viento helado no me importó más y saqué la cabeza. Mi cabello al viento se despeinó más que en concierto de rock, las pestañas parecían que se me volaban, pero estaba feliz. El camino de regreso fue más corto de lo que pensé, el sol quemaba mi rostro y mis panties.

 Al bajar del bote teníamos una soleada Paracas y mucha gente comiendo helados, disfrutando del sol en las bancas. El guía nos dio media hora para pasear y comprar algo por ahí. Los pelícanos probaban suerte cerca de las personas, esperando un poco de pescado fresco que algunos hombres les daban de un balde para que los turistas les tomen fotos. Mari y yo fuimos a la orilla del mar e intenté tomarle unas fotos saltando, lo cual fue un fracaso. Nos sentamos un rato a contemplar el movimiento, los negocios de souvenirs que estaban abriendo, los gringos caminando y tomándole foto hasta a las piedras, los niños correteando y los pelícanos locos por un poco de pescado. Estábamos en paz, ambas tranquilas. Recorrimos los puestos de souvenirs, compré unos llaveros bien bonitos,  paseamos un poco más. Nos quedaban quince minutos antes de que el guía y la van nos abandonen, hasta que vimos una tienda rara, que no combinaba con las demás. Mari me dijo que habían cosas chéveres y fuimos. Nos enamoramos del lugar: era la tienda de un pata llamado Ozzy, que hacía todo tipo de trabajos artesanales (habían esqueletos de animales, sólo eso me traumó) y sin pensarlo le pregunté si hacía trenzas, me dijo que sí y le di diez minutos para que la haga.

 Mientras yo recordaba mi adolescencia Fannista haciéndome una trenza con pitas de colores, Maribel recorría la tienda medio extrañada y Ozzy me hablaba de cómo había llegado ahí y que antes vivía en Lima. Mi trenza iba tomando su forma y sólo nos quedaban seis minutos para llegar al carro. Cuando terminó de tejerme la cabeza, me dijo: "Espera, falta algo, tu bautizo de niña con trenza", y yo le gritaba que se apure. Tomó el periódico que me había puesto en la cabeza, lo arrancó con fuerza y gritó: "¡bautizada!". Le pagué, le di un abrazo y le dije que nunca más lo vería en mi vida. Después de eso, salimos corriendo como un par de niñitas por la calle, como si nos estuviera dejando nuestro papá en un paseo. Fue gracioso imaginarme corriendo desesperada mientras todos nos miraban con curiosidad. Encima llegamos y tuvimos que esperar a que el chofer llegue; de haber sabido, nos quedábamos un poquito más.

 Ya en el camino de regreso el calor se hacía más y más fuerte. Moría de sed pero estaba feliz jugando con mi trencita. Llegamos a Ica, regresamos a nuestro hospedaje en la calle de las putas, dejamos unas cosas y volvimos a salir para hacer el "city tour". Conocimos muchos lugares chéveres como cachiche, donde me tomé una foto con el sombrero de la bruja, y probamos un trago riquísimo que se llama "el orgasmo de la bruja", aunque no lo terminamos porque se nos subió de una manera bien achorada. Después de visitar también la palmera de las siete cabezas y escuchar la historia, nos fuimos a almorzar a la bodega El catador, donde probamos más de una versión de pisco (y más el orgasmo de la bruja, yo me sentía ebria feliz). Almorzamos algo suave, y partimos de nuevo a Huacachina, pero esta vez tuvimos una vista más bonita de ella, porque era de día y hacía mucho sol.

 Nos dieron una hora para explorar el lugar y huevear de manera infinita. Maribel y yo habíamos terminado tan enamoradas de las dunas, que no lo dudamos y volvimos a trepar, esta vez sin tubulares y sin tablas, sólo con las ganas de volver a tocar el cielo y verlo todo más pequeño. Nos sentamos en un lugar más o menos alto, puse música. Estábamos sin zapatos y sin miedo. La cara de Maribel transmitía toda la paz del universo, me volví a revolcar en la arena y ella a tomarse fotos. Sabíamos que no podíamos estar ahí por mucho rato, pero fueron treinta minutos muy hermosos y relajantes. Sabíamos que teníamos que volver.

 Cuando se acabó la magia, cuando pasó el tiempo y tuvimos que descender de las dunas para volver a casa cansadas y sin ganas de volver, me sentí un poco triste. Mari y yo coincidimos en lo mucho que nos gustaría tal vez dejarlo todo y empezar una nueva vida lejos de la lima y su ruido y sus cosas raras y malas. Pero, como no todo es perfecto, dejamos de soñar y compramos nuestro pasaje de regreso. Compramos un poco de pan, una botella de agua, otra de yogurt, llegamos al hospedaje, nos volvimos a bañar y a quitar la arena. Nuestros rostros cansados nunca tuvieron tanta alegría de por medio, la habíamos pasado demasiado genial, habían sido dos días hermosos que nunca olvidaremos.

 Al menos yo, encontré la paz que buscaba y, al tener tanto tiempo para reflexionar, pude ver las cosas de una manera más clara y transparente. Me enamoré de Ica, me enamoré de sus dunas, su laguna, sus calles, de sus combis a las cuatro de la mañana, de sus colectivos gritando "¡SUBTANJALLA, SUBTANJALLA!", de su gente extremadamente chévere, del refresco de cocona en la esquina, de la gente que no descansa y que hicieron de mis dos madrugadas las más despiertas de toda mi vida. Espero que les haya gustado mi experiencia Iqueña, y si tienen casa o familia, pásenme la voz porque quiero volver :3.

¡Nos leemos pronto!

Ozzy trenzándome las mechas

sábado, 10 de agosto de 2013

Mi escape a Ica - Parte I

 Me escapé. Le hice caso al doctor Andy V y huí de todo. Pedí vacaciones, Maribel se unió a mí, nos abrazamos, lloramos, y el lunes a las 7 de la mañana estábamos en la avenida México con nuestros maletines rosados, comprando pasajes y subiendo a un bus que nos alejaría de la gris Lima y toda su tristeza. Al menos nos alejaría cuatro horas fuera de ella. Algo es algo.

 No teníamos planeado mucho, sólo escapar un poco y ver qué podíamos hacer. Le pedimos consejo a Víctor y Pablito, amigos que habían estado allá hacia poco más de una semana, y a Luis, que vivió allá mucho tiempo; fueron buena onda, nos recomendaron tours y lugares. La verdad es que, para mí, era la primera vez que hacía algo parecido. Nunca me había sentido tan presionada en este lugar; nunca había sentido que TENÍA que irme. Pero de eso no vine a contarles.

 Nos dijeron que serían cuatro horas y media de camino. Llevé una vez más "La palabra del mudo" de Julio Ramón Ribeyro, mi fiel acompañante a cuanto viaje largo realizara en la vida. Nos acomodamos, el bus era una carcacha (ni más viajamos en Soyuz). Primer error, eso está claro. Apenas y comimos galletas animalitos, leímos un poco, dormimos otro poco, pasamos por las playas preciosas del sur, conversamos, y en menos de lo que pudimos darnos cuenta, estábamos en la calurosa Ica. Bajamos del bus, sacamos nuestras cosas y caminamos por la avenida "La Municipalidad", donde nos habían dicho que se encontraba una agencia de tours y esas cosas. Encontramos a la señora indicada, conversamos un poco y fuimos a buscar hospedaje. La verdad que no fue muy difícil encontrar uno, eso es lo bueno de que todo esté prácticamente junto: la plaza, los negocios, los hospedajes, todo junto. Caminamos un poco, entramos a un par de lugares que nos parecieron decentes y nos quedamos en uno que al menos tenía agua caliente y ventana a la calle. Segundo error.

 Nos instalamos en el hotel, no era muy lindo el cuarto pero como dicen: "a nada", para lo que íbamos a permanecer dentro, el precio era justo. Lo clásico, sacamos la ropa, colgamos las toallas, escogimos las camas y yo grité "LA MÍA ES LA DE LA VENTANA, ¡WOO HOOO!" (yo por pendeja me pelé, de ahí les cuento) y descansamos un ratito, ya que teníamos que ir a almorzar y luego a nuestro primer tour que eran los tubulares en las dunas. La típica, fotito por aquí, publicaciones en el facebook por allá, y nos lanzamos a la calle a buscar un digno almuerzo. La verdad no fue difícil conseguir un restaurante barato y cerca, porque, como dije, todo estaba jodidamente junto, teníamos todo cerquísima. Comimos, hablamos, nos maltrató la mesera y nos reímos bastante. A la salida volvimos al hotel para sacar unas cosas y estar así a las 4 en punto en la agencia del tour, donde esperamos a que viniera la movilidad y nos llevara a las soñadas dunas y la laguna de la huacachina.

 Dieron las cuatro, fuimos a la agencia y esperamos tranquilas nuestra movilidad. Me pareció rarazo que la chica parara un taxi y nos dijera que el taxista nos iba a llevar, en lugar de las clásicas vans o carros más grandes con más pasajeros (yo pensaba que era una metida de rata y nos terminaría violando por ahí, me asusté). Esperamos un buen rato por una persona que faltaba, estábamos renegando porque ya era tarde, hasta que por fin subió la demorona pasajera y pudimos partir. Llegamos a las dunas y al toque pasamos del taxi al tubular, la pasajera delantera resultó ser buenísima onda, Verónica se llama, ecuatoriana que vino de vacaciones; una persona muy chévere. Conversamos un poco, nos acomodamos en estos carritos y empezamos una aventura que no olvidaré jamás.

 Una vez arriba, mientras el carrito nos llevaba por aquí y por allá, gritamos, levantamos los brazos, en mi caso me golpeé muchas veces y me puse a llorar en silencio porque tenía un moretón que me dolía y me volví a golpear en el mismo sitio (pa' cojuda y malasuerte, pásenme la voz). La adrenalina me quedó chiquita, era como estar viviendo los últimos segundos de mi vida, sobretodo cuando se me desabrochó el cinturón y el tubular se metió un salto desde las alturas y yo pensé que saldría disparada y moriría en la Huacachina. Gritamos, nos revolcamos en la arena (bueno, solo yo hice semejante salvajada) terminé con arena en las orejas, el cabello y demás, nos lanzamos con las tablas y fuimos extremadamente felices. Aún tengo arena, y eso que ya me bañé como siete veces desde que volví.

 Mientras subía con mi tabla para volver a lanzarme, sentí una fuerte presión en el pecho, algo parecido a lo que siento con un ataque de asma y me traumé. Me senté en mi tablita en lo alto de la duna a esperar que se me pase y me di con la sorpresa de que no podía respirar ni hablar. Me eché, jugué un poco con la arena, me hice la cojuda (lo último que quería era hacer un show asmático en las dunas) y se me pasó. Luego comprendí que no era un ataque de asma, era un ataque de esos extraños que estuve teniendo toda la semana, era angustia. Miré al cielo, luego miré para abajo y veía puntitos de colores y unos bracitos agitándose; era Maribel llamándome, gritándome que me lance, que me lance. No hice caso, seguía en las alturas contemplando todo y pensando en todas las cosas que me habían llevado a ese lugar. El sol se iba a poner en cualquier segundo, decidí aprovecharlo y simplemente ser feliz.

 Cuando me encontré en paz "nivel 100", decidí lanzarme nuevamente por las dunas. Ya no sentía dolor en el pecho, ni nada de eso, sólo sentía mucha paz y relajo. Me lancé, nuevamente escalé la duna y nuevamente me cansé, esta vez sí de pura asmática y el chofer nos preguntó si queríamos ver cómo se ocultaba el sol, corrimos, nos subimos al tubular y nos volvió a llevar entre subidas y bajadas adrenalínicas hacia una parte más alta donde se veía el mundo más pequeño y el sol más grande. Más fotos por aquí, más fotos por allá, poco a poco el sol nos decía adiós y tras su despedida un frío maldito nos saludaba (vientos "paraqueños", les dijo Maribel). Era hora de bajar y comer un poco tal vez, o simplemente bañarnos y quitarnos la arena del cuerpo.

 Al bajar el tubular hizo una que otra pirueta nuevamente, yo ya no tenía fuerzas ni para gritar. Sentía que al bajar toda la magia terminaría y quise volver al día siguiente, pero no podía hacerle algo así a Maribel, que quería ir a ballestas y al "city tour", así que sólo suspiré, miré arriba y prometí que volvería. Ya cuando estuvimos definitivamente abajo, un amable guía nos llevó a la laguna de la Huacachina, así, a oscuras y nos contó la historia de la princesa, la sirena que llora y todas esas cosas en las que casi-casi yo no creo. Decidí ver la laguna más de cerca, la tuve a mis pies en completa oscuridad. Otra vez el dolorcito en el pecho, otra vez hacerme la cojuda para no hacer roche. Otra vez el darme cuenta de que no era enfermedad, era lo otro. Me paré y me fui a seguir a mis compañeros de tour, y a Maribel y Verito, que me esperaban arriba.

 Volvimos al carrito que nos llevaría de regreso al hotel, mientras todos comentaban lo chévere que la habían pasado y compartían sus fotos. A Maribel y a mí nos tocó la parte dura al despedir a Verito, cuando la dejamos en su hotel. Promesas de ir a Ecuador por aquí, promesas de volver a Perú por allá. Sólo espero que le haya ido bien en su vuelo, ya ahorita debe estar por llegar a casa. Como moríamos de hambre, al bajar buscamos desesperadas algún lugar donde llenar la panza, y, como somos bien creativas, entramos a Rocky's (si, más monses...) y nos pedimos una negrita (llámese chela, helena, promoción, agua, etc. pero malta) y comimos grasa. Con el estómago contento y el corazón todavía saltando por los tubulares, caminamos por esa plaza abarrotada de gente, bajo las luces tenues de la ciudad que no descansa. Una, dos, tres cuadras y llegamos al hotel. Nos turnamos para entrar a la ducha, de mi cabello no dejaba de caer arena. Se bañó Mari y lo mismo, estábamos -literalmente- enterradas. Cansadas a más no poder, sin ánimos ni para salir a buscar alcohol y fiestas. "Mañana toneamos" dijimos, y nos echamos a ver Yo Soy y a pasar las fotos.

 Esto es lo que pasó en nuestro primer día de escape, ya mañana o pasado les cuento qué sigue. Sólo les adelantaré que cuando dije que me pelé por pendeja al elegir la cama que estaba pegada a la ventana, fue porque la calle donde inocentemente nos habíamos hospedado era una calle roja (léase: calle de putas), y toda la madrugada escuchaba cosas como "ya pe, veinte... veinte y entramos acá" / "Le dije que no, esa "#%$%&%!$#, muy carera" / "Hola guapo, ¿cómo es?" y demás cosas raras que me mantuvieron toda la noche con los ojos así: O_O

 Preciosa Ica, pronto la segunda parte de mi aventura.

Y se murió XD - Paz, mucha paaz :) 

viernes, 2 de agosto de 2013

El doctor Andy V

 Hace un par de días no fui a trabajar, estuve enferma de la panza, el pecho, qué se yo... la vida. Pues, para variar, cuando me siento mal, lo último que quiero es moverme de mi cama porque solo quiero dormir y estar en paz, pero mi madre y mi hermana me ahuevan con su "anda al doctor, anda al doctor". Ok, está bien, iré al doctor, aunque en el fondo temía que me dijera que no tenia nada y que me deje de huevadas (como la doctora de un día anterior, que, al verme, sin revisarme ni nada, me dijo "oe, tu te estás enfermando de triste... anda busca psicólogo") conchasumare.

 Me bañé sin ganas, me cambié sin ganas, me peiné sin ganas, me hice la acostumbrada raya de maquillaje en el párpado sin ganas y no comí porque... pues ¿qué creen? no tenía ganas. Lo había vomitado todo desde el lunes, mi estómago estaba hecho mierda.

 En el carro, el chofer de la gran puta puso su CD SuPeR MeGa MiXxX CaLiEnTe 2065 de las canciones más cortavenas del universo. El pobre sonido de mis audífonos fue vencido por "vuelve" de Don Omar y tuve que soportar casi una hora de camino con todas esas canciones, que, a decir verdades, no me ayudaba para el estado de ánimo para nada. Llegué a la clínica, papeleos aquí, papeleos allá, pague tanto por acá, siéntese acá, espéreme acá. Movía mis piecitos como un niño impaciente cuando está en una silla muy alta, y esperé sin ganas de estar ahí. 

Vi que del consultorio salió un pata igualito a Andy V, miró unos papeles y me llamó por mis dos nombres, lo que más odio en esta vida. Alcé la cabeza, le lancé la mirada de desprecio "clínica 2013" y me paré de mi cómodo asiento. Me tendió la mano y me hizo pasar. Sonaba rock, a cualquiera le sorprende. Me miró a los ojos y me preguntó en qué me podía ayudar. "Me duele la barriga doctor" le dije y él le bajó el volumen a todo. "Me duele la barriga y tengo náuseas. He vomitado hasta los intestinos y creo que voy a morir". Se mató de risa y me preguntó si me había venido la regla, le contesté que no estaba embarazada, que estaba enferma de la panza. Me preguntó más cosas, se paró, me hizo toser, respirar, me miró las amígdalas. Parece que no encontró nada, porque puso una cara de "qué raro". Me preguntó si tenía ganas de estar ahí sentada y le respondí que no. Se mató de risa y me dijo "Qué sincera. Mira Fiorellita, tú estás mal de la panza, es cierto, pero a parte, a ti parece que te duele otra cosa. Tu mamá ya te habrá dado algo de gravol, sopas y esas cositas. Es muy básica tu indigestión, pero si no quieres sentir que haz venido por las puras y que los doctores siempre te dicen lo mismo, podemos conversar de lo otro". Lo miré y, pues no perdía nada, nunca más lo vería tal vez, me llegó en realidad. Le empecé a contar.

 Me escuchaba como un amigui super atento, daba una pequeña opinión de rato en rato o simplemente preguntaba cosas básicas. Se reía, me miraba extrañado, como diciendo en su mente "a la mierda para qué la dejé explayarse...". Yo contaba, me reía, me ponía triste, pensaba. Y me volvía a reír. Le pregunté si era normal ese sentimiento de tener el pecho hundido, como un hueco, y encima sentir un remolino ahí dentro como que te chupa la vida. Fue la primera vez que me pasó esa mañana y me asusté. Le pregunté si era normal estar así, porque nunca en mi vida había sentido tan fuerte. Me respondió que sí, que todo era normal. Me dio su punto de vista de todo, me describió situaciones que ni le había contado y no se equivocó. Nuestra conversación duró buen rato.

 Le agradecí por escucharme, por las pastillas para la panza, por los consejos gastronómicos que me dio y por compartir también sus experiencias, que, aunque no las puse, fueron de gran enseñanza para mí. Me tendió la mano, me recetó vacaciones, un viaje y mucho descanso. Desde ayer estoy tomando las pastillas, a partir de hoy tomo las vacaciones y el lunes tomo el viaje con mi acompañante rockera y mi compañera de cumpleaños, mi amiga Maribel.

 Ojalá este poco tiempo fuera sirva de algo. 

lunes, 22 de julio de 2013

Con respecto al cambio de nombre en el blog

 Como muchos de ustedes, mis ricos seguidores, se habrán dado cuenta, he cambiado el nombre del blog. Tal vez me buscaban como la rata... ¿dónde estará la rata, dónde? se preguntarán. Pues este ex roedor ha decidido hacer unos pequeños cambios, para bien.

 Obviamente me he quemado el cerebro pensando en el nombre que ahora tiene mi lindo blog. No fue fácil elegir entre tantos buenos nombres para blog que tenía en mente (o sea ninguno) y hasta llegué a pensar que "Una rata llamada Lalo" había pegado, pero... no me siento más una rata, a parte que suena feo que tu amiga te diga algo así: "oe, rata, ¿vamos al cine?". Definitivamente mis amigas y yo habremos de cambiarnos de chapa, porque a medida que pasan los años le van aumentando las connotaciones a dicha palabra, y van creciendo las especulaciones sobre el origen de todo esto, xD

 Nada más eso quería decirles. Sé que ustedes son buenos y me amarán así me llame "juanita la del blogger" o algún nombre así de raro. No se preocupen que yo soy la misma, en nada he cambiado, seguiré posteando las mil y un huevadas que me pasan siempre, seguiré sacándoles una sonrisa y llevando la alegría a sus hogares. Esto, señora, no se ha terminado. Gracias a todos.





jueves, 18 de julio de 2013

Esas canciones...

  ¿Alguna vez te ha gustado TANTO una canción, al punto de emocionarte hasta las lágrimas con solo escucharla? -A mí sí me ha pasado- Y es que algunas canciones, muy al margen de simplemente hacerte bailar y cantar por el simple hecho de estar de "moda", pueden lograr en ti cosas inimaginables: algunas tienen el poder de hacerte sentir de todo en menos -algunas en más- de cinco minutos.

 Nunca fui ese tipo de personas que escuchaba música triste para ponerse más triste, como quienes terminan con alguien y se ponen a escuchar ritmo romántica para suicidarse con ganas, no. Tampoco les diré que "Macha que se respeta sólo escucha rock y metal". Son mis géneros favoritos, si, pero si escucho letras que me agraden, me gusta la canción sin importar cómo suene. Menos Arjona ni aventura, por si acaso. Y bueno, siempre quise hacer una lista de mis canciones favoritas de todos los tiempos, pero al leer el post de un blogger amigui, el "INsensitive" me atreví a terminarla y presentarla. Aquí les va. 

*El orden no tiene nada que ver, en mi corazón todas son iguales


     1. There is a light that never goes out - The Smiths    

  Esta canción se convirtió en un himno para mi vida, por allá por el 2007, mientras esperaba al profesor en un salón medio lleno del Icpna. Recuerdo que la escuché y me enamoré de la simpleza que tenía la letra, de la melodía, de toda la melancolía que encerraba ese "llévame esta noche donde haya música y haya gente, y ellos sean jóvenes y llenos de vida". Cada vez que la escucho recuerdo cuando salí con mi todavía utilizable bicicleta y me fui por toooooda la arequipa cantando. La recomiendo a quienes aún no la hayan escuchado.



     2. Black - Pearl Jam
  
Así más o menos lloraba
   La primera vez que escuché black, estaba en el colegio, en uno de esos momentos en los que me escapaba a leer. Estaba en el gimnasio, as usual, y una chica la puso en su celular. Me cautivó de inmediato la tristeza con la que cantaba Eddie Vedder y pregunté qué canción era. La chica volteó a verme y estaba en la mierda, llorando con ganas. Me dijo "Es pearl jam, la cancion es black... WAAAAAAAAAAAAAAAAAA" -imaginen que así de fuerte lloraba la mongola- y le pedí que la ponga otra vez. La puso otra vez, se puso a llorar más fuerte y yo, super mejor amiga improvisada, le presté más atención a la letra que a lo que la pobre niña me estaba contando. "Sé que algún día tendrás una vida hermosa, sé que serás una estrella en el cielo de alguien más pero... ¿Por qué no puede ser en el mío?" - Ok, en inglés es más bonito-. Lo raro del asunto, es que siempre que la escucho, me pongo a llorar sin motivo alguno. Creo que es la maldición de la llorona del gimnasio del Fanning.



    3. Summer of 69 - Bryan Adams

     La historia de esta canción siempre me gustó. Los amigos de toda la vida, el amor verdadero... las historias de la escuela y de cómo cada uno fue creciendo y encontrando su camino. Siempre he tenido ese feeling extraño por las canciones de los ochentas, esas medio acongojadas por el pasado y la juventud. "Parado en el porsche de tu mamá, me dijiste que esperarías por siempre, oh cuando tomaste mi mano supe que era ahora o nunca, esos fueron los mejores días de mi vida". Me imagino a mí misma, de acá a unos veinte años, cantando "winter of 2013". Ok, no.



   4. Young Turks - Rod Stewart

    Al igual que la anterior, esta canción me ahueva por lo simple y alocada que es la historia que narra. Los jóvenes amantes que se escapan siendo unos niños, dejando todo atrás solamente para poder encerrar sus almas en un telo y ser felices -no tanto así, pero más o menos- Se escapan porque nadie les escucha, nadie les entiende. Me quedo con el coro: "Corazón joven, sé libre esta noche, el tiempo está de tu lado. No dejes que te desanimen, no dejes que te presionen, no dejes nunca que cambien tu punto de vista". Me apego mucho al mensaje de esta canción, es como que... un himno para mí. Hasta lloré cuando no la cantó en su concierto del 2011.



   5. Rock and Roll - Led Zeppelin

   Bailable a más no poder, rockera hasta los huesos, hasta el último de sus segundos full rock and roll nutriendo mi alma. (¿qué chucha estoy hablando?) es un sentimiento único, el de ese rock así fuertote que te hace mover, saltar, cantar, gritar como demente. Muchas canciones han logrado eso en mí, pero mi favorita de entre todas es esta joyaza de Robert Plant y compañía. Los rockeros entenderán toda la mierda que acabo de escribir jajajaja.




   6. Lunes por la madrugada - Los abuelos de la nada

    Confieso que con el rock en español siempre tuve cierto resentimiento. De chiquita no lo escuchaba mucho excepto por lo que pasaban en las radios, pero ya en secundaria me entró la curiosidad musical que le entra a cualquiera. Grupos como GIT, Los abuelos de la nada, Sui Generis, La bersuit, Ataque 77 y demás quedaron en mí como los mejores de su época, y sin mencionar a los demás como los grupos españoles que también tuvieron su lugar en mi corazón. Lunes por la madrugada, la voz de Miguel abuelo y su "más allá de toda pena siento que la vida es buena". Me corto con una galleta.




   7. Under pressure - Queen

     Si bien es cierto nunca fui muy fanática de  Queen así a nivel "crazy fan", si hay muchas canciones que me encantan. En particular, Under pressure tiene mucho más que solamente una espectacular participación de David Bowie; tiene una letra y una melodía preciosas. 




 Se acabó, pronto más de "esas canciones" saludos a mi mamá, que me está preparando sopa de posho, ya que estoy en mi cama enferma :D

miércoles, 17 de julio de 2013

Lo que uno tiene que escuchar

 El Lunes fui a mi primer ajuste quiropráctico. Había esperado mucho tiempo para hacer esto, digamos que... por falta de tiempo (de hecho me cagaba de miedo). Pero, al fin, el dolor pudo más y me decidí, ya está. No ahondaré en el tema porque no es de eso precisamente de lo que les quería contar; quería contarles lo que me pasó una vez estando ahí.

 Luego de que el doctor me sacara la mierda -literalmente- cuando me hizo el ajuste, pasé a una sala para masajes. Había una cortina grandoota y una camilla chévere donde acomodé mis masas boca abajo y metí la cabeza en el típico agujero de la camilla. A mi costado, tras las cortinas, había otra masajista con su masajeada, no les di bola. Me pusieron unas compresas calientes y me dejaron a mi suerte aproximadamente veinte minutos, quemándome la espalda. Yo estaba con la cabeza clavada en el hueco ese sin poder moverme, mirando al piso, jugando a que no se me caiga la baba -soy bien anormal- y escuchando la amena conversación de la masajeada y su masajista (cuyo nombre supe es Olga). Y fue más o menos así:

-Masajeada (M): "¡Aaaaaahhh! ¡aaaaaaaah! ¡Olga! ¡Qué ricas manos!"
-Olga (O): "Jajaja... sólo hago mi trabajo... relájate"
-M: "Ay Olga debes darles ricos masajes a tu marido"
-O: "Soy soltera, tampoco tengo hijos"
-M: "¡Ay no me digas! ¿Cuántos años tienes? -Sigue... ahí me relaja... qué rico"!
-O: "Tengo 47, nunca me casé ni tuve hijos..."

 Obviamente que yo estaba con los ojos así O_O y esperaba que termine de una vez la tortura infernal de las compresas calientes para poder al menos moverme, o ponerme sostén, porque las de mi costado estaban en otra. Ok, no seamos mal pensados... tal vez Olga tenía unas manos muy suaves y los masajes estaban muy relajantes. Tal vez tengo la mente muy cochina. Tal vez sólo se me estaba sancochando la espalda, la cabeza y por eso el simple hecho de tener que escuchar la voz y los gemidos horribles de la masajeada, me irritaba demasiado. Estaba renegando.

 Después de esos veinte minutos infinitos, volvió mi señorita masajista, muy linda ella, me sacó el infierno que tenía en la espalda y me empezó a dar masajes. Pensé que entendería a la señora de al lado y que terminaría gritando de felicidad, pero no. Mi espalda estaba tan contracturada que me dolió hasta el alma lo que me hicieron, y después de la tortura china que pasé en sus manos, me puso compresas frías. De lo caliente que estaba, me enfrié en dos minutos con todo el hielo que me pusieron en la espalda. Tenía la cabeza enterrada en el hueco de la camilla y sólo veía el piso y las gotas de agua que caían de mi cuello. Seguía escuchando a la masajeada excitada con sus gritos de loca y yo ahí, con la espalda congelándose. Definitivamente no hubo final feliz para mí. 




jueves, 27 de junio de 2013

Mi problema con las mujeres


 Año 1995. Estoy en el salón del nido, pegando bolitas de papel en un cartón para, posteriormente, entregárselo a la profesora y ganar así una estrella de las muchas que ya me habían dado; o sea, pan
comido. Una niña, a la que llamaremos margarita, observa detenidamente cada uno de mis movimientos, tal vez asombrada por mi entonces destreza para con las bolitas de papel, o tal vez solo celosa de que, minutos antes, la gorda profesora me haya manchado la cara a besos por motivos que mi memoria ha decidido borrar. Me dispongo a pararme de mi sillita azul con dirección al pupitre de la puerca maestra, cuando Margarita me mete un empujón y me manda a la mierda. Caletamente agarra mi trabajo y, mientras yo trataba inútilmente de pararme, ella se adelanta y le entrega a la profe mi cartón y mis bolas. No contenta con robarme mi estrella, voltea y me saca la lengua. 

Igualito
 Año 1997. Quiero hacer pichi. Los baños del Fanning están llenos y, misteriosamente, hay chicas grandotas, como de secundaria. Me parece raro que hayan dejado pasar a las chicas de secundaria al baño de segundo de primaria, pero no me quejo. Termino de mear, libero mi alma y salgo a lavarme las manos. Una chica que me doblaba el tamaño me dijo "¡Muévete, que no tengo todo el día!". Me muevo porque definitivamente Goliat no tiene todo el día y choco con el trasero de otra grandota que se había agachado a recoger algo. Me aprieta los cachetes mientras me gritonea cosas que no entiendo pero seguro es algo malo. Me empuja. Choco contra goliat; me vuelve a empujar. Me tienen de pelota. Se ríen; me pongo a llorar. Me botan del baño y se encierran a fumar weed -eso lo supe después cuando la auxiliar las sacó de los pelos y gritó "¡MARIHUANA! ¡NO SABEN NI LEER Y CON MARIHUANA!"-.

 Año 2000. Estoy jugando con una amiga a las rondas, en pleno salón y antes del recreo. Damos vueltas y vueltas y ya casi siento que me mareo. Nos detenemos un momento y se nos acerca Karina. Nos intenta dar la mano para unirse a nuestro juego y yo le digo "Tú no juegas" en uno de mis pequeños y escasos arranques de maldad colegial. Ella se va, le dice algo a la profesora y esta viene a separarnos mientras les grita a todas que se larguen al recreo, y a mí que me acerque. Me dice que decir esas cosas está mal y que cómo pude decirle a Karina que no "JODA". Me quedo sin lonchera y sin recreo, llorando en el rincón más forever alone del salón.

 Año 2003. Estoy en el gimnasio del colegio, sentada en el suelo y leyendo un libro. Me había escapado de clase de matemáticas y estaba esperando al profesor para decirle que me camufle en su próxima clase para que nadie me descubra. Entran unas chicas de cuarto o quinto, no recuerdo. Una de ellas me pregunta qué chucha hago ahí si yo soy de segundo y le respondo con una mirada nada más. Patea mi libro y me repite la pregunta con un tono más alzado de voz. Se caga de risa al ver mi libro en el piso y se va, caminando como puta escaldada.

 Otro día, ese mismo año, estoy en el segundo piso de los salones abandonados del colegio. Leo por enésima vez "la palabra del mudo" y, también por enésima vez, me había escapado de una de esas clases horribles que solía tener. Escucho ruidos raros. Me cago de miedo pero sigo fingiendo que nada me importa y continúo mi lectura: "Las decepciones, en general, nadie las aguanta, se echan al saco del olvido, se tergiversan sus causas, se convierten en motivo de irrisión y hasta en tema de composición literaria...". Otra vez ese ruido. Me paro, salgo del salón y camino hacia el de al lado. El ruido se hace más fuerte. Veo a dos chicas teniendo relaciones. Reconozco a una de ellas. Me quedo cojuda y luego corro. La conocida mía sale y me persigue. Me agarra, me tumba y me saca la mierda. Luego de meterme un puñete me amenaza por si se me ocurre abrir la boca. Voy a la enfermería y finjo haberme caído en el baño. La doctora sabe que soy una sana y que soy tan estúpidamente torpe, que me cree. Y se caga de risa en mi cara.

 Año 2004. Soy nueva en este salón. Entro y lo único vacío que veo es un asiento en la primera fila. Me siento y, a los dos segundos, me cae un papel en bolita. Escucho risas pero no hago nada, igual ya me habían dicho que por repitente me iba a ir a la tarde, y ya me habían advertido que turno tarde en el Fanning era el infierno. Estoy pasando las peores dos horas de mi vida, inmóvil en el asiento de adelante escuchando una clase de comunicación integral, hasta que por fin termina. Me levanto de mi asiento rumbo al baño y salgo del salón. Bajando las escaleras siento que me agarran del hombro y me dan la vuelta. Son cinco. Una de ellas dice: "Así que la nueva... Cuidadito con salirnos rebelde". Me cago de miedo y se me nota en la cara. La chica sonríe y me dice:  "Si no quieres que te molesten, puedes juntarte con nosotras". Consigo mis primeras amigas matonas del colegio.

 Ese año aprendo todo lo que puedo aprender de ellas. Descubro que no soy igual, que me gustan otras cosas y que nuestra forma de pensar no es afín, pero callo. No quiero perder a mis amigas. Me convierto en cómplice de sus escapes, les hago la tarea y las cubro cuando se tiran la pera. Aprendo a mentir. A cambio, ellas me cuidan y me enseñan a defenderme. Me enseñan a levantar la voz, a no quedarme callada. Me enseñan a ser segura de mí misma y me enseñan a pelear (a cocachos aprendí mi labor de colegial). En el fanning tu única labor de colegial era no morder el polvo al final del día.

 Año 2005. Con los nuevos conocimientos adquiridos en el turno tarde, regreso a la mañana. Busco a la chica que más bullying me hizo en toda mi etapa escolar y la encaro. Me ve y se caga de risa. Le hablo como nunca le hablé en su vida y abre los ojos como plato. Nos mechamos de manera épica en un rincón de su salón. Termino en la dirección, con un pedazo de cara en el suelo y un ojo colgando. Mentira, nunca tanto, solo moreteada y sin un poco de pelo. La sonrisa en mi rostro es única. No puedo ocultar mi enorme felicidad al saber que, a partir de hoy, nadie volverá a pasar por encima de mí. No mientras pueda defenderme.

***

 Desde épocas inmemorables, este pequeño ratón ha sido víctima del maltrato femenino. Seguro porque desde chiquita siempre fui muy sumisa y tranquila, o porque todas a mi alrededor siempre crecieron más rápido que yo. Jamás me sentí parte de ningún grupo de chica en particular, siempre fui "pulseando" grupo por grupo, buscando algo para tener en común y que realmente me gustase. No lo encontré. Hasta ahora creo que no lo he encontrado, porque las pocas amigas que tengo son muy distintas a mí. Una vez más, les agradezco en el alma a todas esas chicas del Fanning, porque sin ellas y sin sus maltratos, jamás hubiera podido construir esta personalidad que tengo ahora. A ellas, un fuerte abrazo y una nalgada. 

martes, 4 de junio de 2013

La caja

 Seguramente se preguntan esto bastante: ¿Por qué la URL de este blog es LA CAJA DE COX si el blog se llama *se llamaba* UNA RATA LLAMADA LALO? ¿Cuál es la relación entre la caja y la rata? ¿Acaso tiene una rata en una caja? ¡¿Qué carajo?! -Ok, conozco gente rara que de hecho SI podría preguntarse eso-. Pero bueno, si es que no se lo han preguntado, tómense unos segundos para meditar al respecto antes de continuar leyendo. 

...
...

 Ok, basta. 

 Cuando yo creé este humilde blog un lluvioso día de no me acuerdo cuándo carajo fue, estaba como muchos de ustedes amigos bloggeros, preguntándome qué diablos podía poner de url para que pegue, para que la gente del ciberespacio vea y diga "Oh YaRa kE LoKazO, a VEr Ke HAy" y poder así ganar seguidores y, posteriormente, el oscar. Pregunté a un amigo del facebook qué pondría él si tuviera que crear una página web o algo por el estilo, y él me respondió que, al fiel estilo de las mejores bandas del mundo, el nombre debía salir espontáneamente; que probara primero con cualquier objeto que tuviera a mi alcance en ese momento. Casualidades de la vida, lo primero que vi a mi izquierda fue una regla de treinta centímetros; a mi derecha, un peluche y en frente tenía mi caja de recuerdos. Imagínense algo como LA REGLA DE COX o EL PELUCHE DE COX. No pues.

Perris Hilton, mi creación
 Caí entonces en la cuenta de que la caja que estaba en frente de mí era más especial que cualquier peluche o regla que pudiera tener en mi cuarto; en esa caja no solo guardaba chucherías de colección, guardaba parte de mi vida. Dejé la laptop a un lado y me tiré al suelo; abrí la caja y, uno a uno, fui sacando mis recuerdos. Saqué hasta el último papelito y empecé a clasificarlos y ordenarlos. Tenía cartas antiguas, pins de bandas que antes me gustaban, cancioneros, hojas arrancadas de cuadernos del colegio, recuerdos de mi época de profesora, fotos de mi infancia, los recuerdos de mi primera comunión, las entradas de los conciertos y tocadas a los que he ido, algunos juguetes, dibujos que hice en la época del paleoceno, postales, recibos, más cartas y hasta -mátense-:encontré un autógrafo de Pepe (*-*) de la desaparecida y pajísima banda peruana ALIADOS, de la cual me volví hincha por allá por los mediados del 2000. Tenía -tengo- como dije, la vida entera en esa caja.

 Recuerdo que alguna vez mi mamá me dijo que debería botar algunas o todas las chucherías que ahí atesoraba, pero lamentablemente soy de esas personas que lo guardan todo, me gusta ser sentimentalona y ver cosas de antaño, para recordar lo idiota que era o simplemente para recordar lo que solía parecerme bonito -y que ahora no me produce ni mierda-. Supongo que es parte de crecer y madurar eso de que ya no me emocione mirando mi autógrafo de Pepe ni llore mirando mi libreta del cole. Suele pasar, no siempre te van a gustar las mismas cosas, ni la misma música ni la misma ropa. No siempre vas a tener los mismos sentimientos hacia algo.

 Hace pocos días volví a sacar la caja de su oscuro y olvidado lugar en mi cuarto. La limpié un poco, la puse sobre mi cama y abrí su tapa. Uno a uno, nuevamente, fui sacando todos los diferentes recuerdos y decidí entonces escribir esta entrada. Decidí también volver a organizar mis papelitos y chucherías, y bueno, como no todo dura para siempre, también depuré una que otra cosa. Era necesario.


 ¿Listos para traumarse con mis fotos? - Me encanta compartir. Ahí les va.



*Esta es mi caja, la compré en saga en la sección de niñas, es un poco pinky y con cojudeces escritas. No me juzguen.



*Todas mis entradas. De hecho faltan, algunas se me han perdido.  



*¡Chicas un gritoooo! *Cri cri cri* 



*Las inmortales fotos de la infancia. Salgo preciosa. 

jueves, 30 de mayo de 2013

"¿¡Quién huele a puta!?"

 Lo recuerdo como si fuera ayer. Estábamos alrededor de doscientas alumnas sedientas de libertad en la puerta de salida del rico Fanning. Hacía calor, no nos dejaban salir y eso ocasionaba que cada vez más chibolas se aglomeren para poner un pie en la calle y correr a chapar su micro o -con suerte- a su pelado del Alfonso Ugarte o el Melitón. En medio de la multitud, estaba este pequeño pericote, con sus lentes y su tamaño promedio-bajo, soportando el calor y los empujones. La sub-directora había dado la orden de que nadie saliera del colegio hasta revisar todas las mochilas. Se había perdido un puto audífono del laboratorio de computación. Una tarada se había robado algo e iba a pasar el peor roche de su vida cuando la descubran (sobretodo porque conociendo al alumnado de mi cole, fácil hasta moría ese mismo día la pobre).

                         

 Como se iba haciendo más y más tarde, las alborotadas alumnas aprovecharon para ponerse -digamos- bellas para la sarta de delincuentes que las esperaban afuera -llámese enamorado-. Se empezaron a pintarrajear, a peinar y a echar diversos menjunjes en la cara para estar presentables. Yo, como era chata, asmática y muy irritable, estaba como cucaracha cuando le echan raid. Los diferentes olores de los perfumes de cyzone de moda se juntaron en el aire que estaba respirando e hicieron una mezcla vomitiva. El calor de Abril, el olor a ala fannista, uno que otro olor que no mencionaré y ENCIMA los perfumes de mierda... yo estaba muriendo de asfixia. Pero bastó una pequeña pulverización de DANCING (léase "perfume barato de Cyzone que TODAS las chibolas usaban en el 2006") para que mi pequeño ser lentudo y pacífico se achore tipo Videl cuando Spopovich le estaba sacando la mierda. Así.

 No vi bien quién fue la chica que se bañó con el dancing, pero cuando el olor llegó a mis fosas nasales la respiración se convirtió para mí en un deporte extremo. Mi cara estaba hirviendo de cólera, la cabeza me dolía de tanto calor y mi reloj marcaba la 1:56, hacía millones de minutos debería haber estado en mi casa pero NOOO...  La chica de adelante volvió a echarse el vomitivo perfume y solo atiné a gritar: "¡¿QUIÉN HUELE A PUTA?! ¡NO TE ECHES MÁS, APESTAS IGUAL!" -Error: pensar en voz alta, a voz en cuello. Lo que vino a continuación fue una puteada infinita, amenazas de muerte, "¡afuera te espero!", "UUUUUUHHHHH"'s por parte del millón y medio de alumnas y "¡A VER ALUMNAS, CALMA!" por parte de la auxiliar. Pero yo, como buen pericote escurridizo y pequeñito, ya tenía un pie afuera del colegio. Como pude me puse en la primera fila, me revisaron la mochila y la piqué, sobretodo porque descubrí que quien olía a puta era nada más y nada menos que una gigantezca adolescente de quinto de secundaria, que bien pudo sacarme la mierda como Spopovich a Videl. De la que me salvé.


JAJAJA de hecho existe 

viernes, 17 de mayo de 2013

Yahoo respuestas

 Todos alguna vez hemos sido presos de una duda que no nos ha dejado dormir por las noches y no nos ha dejado vivir en paz. Desde dudas sobre salud, cocina, amor, música y hasta -por qué no- los significados de nuestros sueños, muchas veces hemos recurrido a google y las respuestas que encontramos, lejos de aclararnos la mente, nos confunden más.

 El conocidísimo portal de preguntas y respuestas Yahoo, a mi parecer, es una sonsera. A pesar de que casi siempre encuentro lo que busco y no me quejo, muchas veces me he topado con preguntas estúpidas pero no tanto como la respuesta que tienen. Ahora, ¿cómo sé que hay preguntas estúpidas? -Ok, si no has googleado "¿Cómo se llama la canción que dice LALALALA WI WI WI UOOOHH UOOOH?" no has tenido infancia, al menos no como la mía- Así que, pregunta resuelta. Por ahora solo necesitamos un poco de aburrimiento, nada que hacer y mucha imaginación para googlear, a parte de lo que están a punto de ver, muchas más tonterías. Al menos te alegran el día.  

Con ustedes, algunas Yahoo preguntas y respuestas para pensar en llevar a tus hijos a terapia.


*Al escribir esta pregunta en google, jamás pensé que encontraría respuesta.


*Pensé que mi gata era la única




*A meternos al panal para chapar buen ritmo

































*Este sí se pasó de pendejo



*Jamás dejes que te llamen floja por un poco de arroz.

































*¿Cómo se llama esa canción?

martes, 7 de mayo de 2013

Azul


  • Azul el mar, que de vez en cuando veo por el malecón Armendáriz.
  • Azul el cabello de la muñeca de Marge Simpson que me compró mi papá.
  • Azul mi silla en la oficina. Azul mi fotocheck y azul toda la empresa. Azul el color de GSS.
  • Azul la crayola que una vez me comí en inicial.
  • Azul el primer calzoncillo que vi en mi vida: El de Salvador, mi amigui del barrio, a los ocho años. 
  • Azul mi cuaderno de historia en el cole. Azul mi uniforme y mi buzo. Azul mi lazo para el pelo y azules mis aretes. Azul con rosado el Fanning.
  • Azul... porque este amor es azul como el mar azul. 
  • Azul mi pez favorito de todos los tiempos, Dory.
  • Azul la ropa de Vegeta, azul el pelo de Bulma y azul Puar. 
  • Azul el más inteligente, guapo y fuerte y todos, además de mi favorito de los Power Rangers: Billy Cranston. 
  • Azul el ave más preciosa del mundo, el guacamayo jacinto. 
  • Azul mi gaseosa chiki preferida, la de sabor a chicle.
  • Azules los arrecifes que muero por conocer en Australia.
  • Azul el moretón en mi rodilla.
  • Azul mi ropa favorita. Azules casi todos mis polos, azules mis pantalones y azules mis medias panties. 
  • Azules los ojos del gato siamés del parque Kennedy. 
  • Azules las mariposas que más me gustan. 
  • Azul el lagartijo de Ned, uno de mis dibujos favoritos de la infancia.
  • Azul mi color soñado para pintarme el pelo, pintar mi cuarto y pintar todo.
  • Azul en todas sus variaciones. Azul cobalto, azul marino, azul cerúleo. Azul índigo, azul cyan y el azul de prusia. La infinita gama de azules del mundo. 
  • Azul el color de mi aura, según Natalia.
  • Azul el monstruo come galletas.
  • Azul el color que, de todas las aves, sólo los búhos son capaces de ver. Lo que los hace parte de mi lista de "aves favoritas". 
  • Azul mi color favorito. Azul el planeta; azul lo más vivo, hermoso e increíble del mundo. Menos avatar y los pitufos, esos si me llegan, píntenlos de rojo o marrón.


..."Si tus pies hoy nacieron viento, déjalos correr; y si tus manos con las plantas, déjalas crecer. Vive de azul, porque azul no tiene domingos. Ríete al fin, que llorar trae tanto frío, más frío que olvidar cómo ver..."