lunes, 22 de julio de 2013

Con respecto al cambio de nombre en el blog

 Como muchos de ustedes, mis ricos seguidores, se habrán dado cuenta, he cambiado el nombre del blog. Tal vez me buscaban como la rata... ¿dónde estará la rata, dónde? se preguntarán. Pues este ex roedor ha decidido hacer unos pequeños cambios, para bien.

 Obviamente me he quemado el cerebro pensando en el nombre que ahora tiene mi lindo blog. No fue fácil elegir entre tantos buenos nombres para blog que tenía en mente (o sea ninguno) y hasta llegué a pensar que "Una rata llamada Lalo" había pegado, pero... no me siento más una rata, a parte que suena feo que tu amiga te diga algo así: "oe, rata, ¿vamos al cine?". Definitivamente mis amigas y yo habremos de cambiarnos de chapa, porque a medida que pasan los años le van aumentando las connotaciones a dicha palabra, y van creciendo las especulaciones sobre el origen de todo esto, xD

 Nada más eso quería decirles. Sé que ustedes son buenos y me amarán así me llame "juanita la del blogger" o algún nombre así de raro. No se preocupen que yo soy la misma, en nada he cambiado, seguiré posteando las mil y un huevadas que me pasan siempre, seguiré sacándoles una sonrisa y llevando la alegría a sus hogares. Esto, señora, no se ha terminado. Gracias a todos.





jueves, 18 de julio de 2013

Esas canciones...

  ¿Alguna vez te ha gustado TANTO una canción, al punto de emocionarte hasta las lágrimas con solo escucharla? -A mí sí me ha pasado- Y es que algunas canciones, muy al margen de simplemente hacerte bailar y cantar por el simple hecho de estar de "moda", pueden lograr en ti cosas inimaginables: algunas tienen el poder de hacerte sentir de todo en menos -algunas en más- de cinco minutos.

 Nunca fui ese tipo de personas que escuchaba música triste para ponerse más triste, como quienes terminan con alguien y se ponen a escuchar ritmo romántica para suicidarse con ganas, no. Tampoco les diré que "Macha que se respeta sólo escucha rock y metal". Son mis géneros favoritos, si, pero si escucho letras que me agraden, me gusta la canción sin importar cómo suene. Menos Arjona ni aventura, por si acaso. Y bueno, siempre quise hacer una lista de mis canciones favoritas de todos los tiempos, pero al leer el post de un blogger amigui, el "INsensitive" me atreví a terminarla y presentarla. Aquí les va. 

*El orden no tiene nada que ver, en mi corazón todas son iguales


     1. There is a light that never goes out - The Smiths    

  Esta canción se convirtió en un himno para mi vida, por allá por el 2007, mientras esperaba al profesor en un salón medio lleno del Icpna. Recuerdo que la escuché y me enamoré de la simpleza que tenía la letra, de la melodía, de toda la melancolía que encerraba ese "llévame esta noche donde haya música y haya gente, y ellos sean jóvenes y llenos de vida". Cada vez que la escucho recuerdo cuando salí con mi todavía utilizable bicicleta y me fui por toooooda la arequipa cantando. La recomiendo a quienes aún no la hayan escuchado.



     2. Black - Pearl Jam
  
Así más o menos lloraba
   La primera vez que escuché black, estaba en el colegio, en uno de esos momentos en los que me escapaba a leer. Estaba en el gimnasio, as usual, y una chica la puso en su celular. Me cautivó de inmediato la tristeza con la que cantaba Eddie Vedder y pregunté qué canción era. La chica volteó a verme y estaba en la mierda, llorando con ganas. Me dijo "Es pearl jam, la cancion es black... WAAAAAAAAAAAAAAAAAA" -imaginen que así de fuerte lloraba la mongola- y le pedí que la ponga otra vez. La puso otra vez, se puso a llorar más fuerte y yo, super mejor amiga improvisada, le presté más atención a la letra que a lo que la pobre niña me estaba contando. "Sé que algún día tendrás una vida hermosa, sé que serás una estrella en el cielo de alguien más pero... ¿Por qué no puede ser en el mío?" - Ok, en inglés es más bonito-. Lo raro del asunto, es que siempre que la escucho, me pongo a llorar sin motivo alguno. Creo que es la maldición de la llorona del gimnasio del Fanning.



    3. Summer of 69 - Bryan Adams

     La historia de esta canción siempre me gustó. Los amigos de toda la vida, el amor verdadero... las historias de la escuela y de cómo cada uno fue creciendo y encontrando su camino. Siempre he tenido ese feeling extraño por las canciones de los ochentas, esas medio acongojadas por el pasado y la juventud. "Parado en el porsche de tu mamá, me dijiste que esperarías por siempre, oh cuando tomaste mi mano supe que era ahora o nunca, esos fueron los mejores días de mi vida". Me imagino a mí misma, de acá a unos veinte años, cantando "winter of 2013". Ok, no.



   4. Young Turks - Rod Stewart

    Al igual que la anterior, esta canción me ahueva por lo simple y alocada que es la historia que narra. Los jóvenes amantes que se escapan siendo unos niños, dejando todo atrás solamente para poder encerrar sus almas en un telo y ser felices -no tanto así, pero más o menos- Se escapan porque nadie les escucha, nadie les entiende. Me quedo con el coro: "Corazón joven, sé libre esta noche, el tiempo está de tu lado. No dejes que te desanimen, no dejes que te presionen, no dejes nunca que cambien tu punto de vista". Me apego mucho al mensaje de esta canción, es como que... un himno para mí. Hasta lloré cuando no la cantó en su concierto del 2011.



   5. Rock and Roll - Led Zeppelin

   Bailable a más no poder, rockera hasta los huesos, hasta el último de sus segundos full rock and roll nutriendo mi alma. (¿qué chucha estoy hablando?) es un sentimiento único, el de ese rock así fuertote que te hace mover, saltar, cantar, gritar como demente. Muchas canciones han logrado eso en mí, pero mi favorita de entre todas es esta joyaza de Robert Plant y compañía. Los rockeros entenderán toda la mierda que acabo de escribir jajajaja.




   6. Lunes por la madrugada - Los abuelos de la nada

    Confieso que con el rock en español siempre tuve cierto resentimiento. De chiquita no lo escuchaba mucho excepto por lo que pasaban en las radios, pero ya en secundaria me entró la curiosidad musical que le entra a cualquiera. Grupos como GIT, Los abuelos de la nada, Sui Generis, La bersuit, Ataque 77 y demás quedaron en mí como los mejores de su época, y sin mencionar a los demás como los grupos españoles que también tuvieron su lugar en mi corazón. Lunes por la madrugada, la voz de Miguel abuelo y su "más allá de toda pena siento que la vida es buena". Me corto con una galleta.




   7. Under pressure - Queen

     Si bien es cierto nunca fui muy fanática de  Queen así a nivel "crazy fan", si hay muchas canciones que me encantan. En particular, Under pressure tiene mucho más que solamente una espectacular participación de David Bowie; tiene una letra y una melodía preciosas. 




 Se acabó, pronto más de "esas canciones" saludos a mi mamá, que me está preparando sopa de posho, ya que estoy en mi cama enferma :D

miércoles, 17 de julio de 2013

Lo que uno tiene que escuchar

 El Lunes fui a mi primer ajuste quiropráctico. Había esperado mucho tiempo para hacer esto, digamos que... por falta de tiempo (de hecho me cagaba de miedo). Pero, al fin, el dolor pudo más y me decidí, ya está. No ahondaré en el tema porque no es de eso precisamente de lo que les quería contar; quería contarles lo que me pasó una vez estando ahí.

 Luego de que el doctor me sacara la mierda -literalmente- cuando me hizo el ajuste, pasé a una sala para masajes. Había una cortina grandoota y una camilla chévere donde acomodé mis masas boca abajo y metí la cabeza en el típico agujero de la camilla. A mi costado, tras las cortinas, había otra masajista con su masajeada, no les di bola. Me pusieron unas compresas calientes y me dejaron a mi suerte aproximadamente veinte minutos, quemándome la espalda. Yo estaba con la cabeza clavada en el hueco ese sin poder moverme, mirando al piso, jugando a que no se me caiga la baba -soy bien anormal- y escuchando la amena conversación de la masajeada y su masajista (cuyo nombre supe es Olga). Y fue más o menos así:

-Masajeada (M): "¡Aaaaaahhh! ¡aaaaaaaah! ¡Olga! ¡Qué ricas manos!"
-Olga (O): "Jajaja... sólo hago mi trabajo... relájate"
-M: "Ay Olga debes darles ricos masajes a tu marido"
-O: "Soy soltera, tampoco tengo hijos"
-M: "¡Ay no me digas! ¿Cuántos años tienes? -Sigue... ahí me relaja... qué rico"!
-O: "Tengo 47, nunca me casé ni tuve hijos..."

 Obviamente que yo estaba con los ojos así O_O y esperaba que termine de una vez la tortura infernal de las compresas calientes para poder al menos moverme, o ponerme sostén, porque las de mi costado estaban en otra. Ok, no seamos mal pensados... tal vez Olga tenía unas manos muy suaves y los masajes estaban muy relajantes. Tal vez tengo la mente muy cochina. Tal vez sólo se me estaba sancochando la espalda, la cabeza y por eso el simple hecho de tener que escuchar la voz y los gemidos horribles de la masajeada, me irritaba demasiado. Estaba renegando.

 Después de esos veinte minutos infinitos, volvió mi señorita masajista, muy linda ella, me sacó el infierno que tenía en la espalda y me empezó a dar masajes. Pensé que entendería a la señora de al lado y que terminaría gritando de felicidad, pero no. Mi espalda estaba tan contracturada que me dolió hasta el alma lo que me hicieron, y después de la tortura china que pasé en sus manos, me puso compresas frías. De lo caliente que estaba, me enfrié en dos minutos con todo el hielo que me pusieron en la espalda. Tenía la cabeza enterrada en el hueco de la camilla y sólo veía el piso y las gotas de agua que caían de mi cuello. Seguía escuchando a la masajeada excitada con sus gritos de loca y yo ahí, con la espalda congelándose. Definitivamente no hubo final feliz para mí. 




jueves, 27 de junio de 2013

Mi problema con las mujeres


 Año 1995. Estoy en el salón del nido, pegando bolitas de papel en un cartón para, posteriormente, entregárselo a la profesora y ganar así una estrella de las muchas que ya me habían dado; o sea, pan
comido. Una niña, a la que llamaremos margarita, observa detenidamente cada uno de mis movimientos, tal vez asombrada por mi entonces destreza para con las bolitas de papel, o tal vez solo celosa de que, minutos antes, la gorda profesora me haya manchado la cara a besos por motivos que mi memoria ha decidido borrar. Me dispongo a pararme de mi sillita azul con dirección al pupitre de la puerca maestra, cuando Margarita me mete un empujón y me manda a la mierda. Caletamente agarra mi trabajo y, mientras yo trataba inútilmente de pararme, ella se adelanta y le entrega a la profe mi cartón y mis bolas. No contenta con robarme mi estrella, voltea y me saca la lengua. 

Igualito
 Año 1997. Quiero hacer pichi. Los baños del Fanning están llenos y, misteriosamente, hay chicas grandotas, como de secundaria. Me parece raro que hayan dejado pasar a las chicas de secundaria al baño de segundo de primaria, pero no me quejo. Termino de mear, libero mi alma y salgo a lavarme las manos. Una chica que me doblaba el tamaño me dijo "¡Muévete, que no tengo todo el día!". Me muevo porque definitivamente Goliat no tiene todo el día y choco con el trasero de otra grandota que se había agachado a recoger algo. Me aprieta los cachetes mientras me gritonea cosas que no entiendo pero seguro es algo malo. Me empuja. Choco contra goliat; me vuelve a empujar. Me tienen de pelota. Se ríen; me pongo a llorar. Me botan del baño y se encierran a fumar weed -eso lo supe después cuando la auxiliar las sacó de los pelos y gritó "¡MARIHUANA! ¡NO SABEN NI LEER Y CON MARIHUANA!"-.

 Año 2000. Estoy jugando con una amiga a las rondas, en pleno salón y antes del recreo. Damos vueltas y vueltas y ya casi siento que me mareo. Nos detenemos un momento y se nos acerca Karina. Nos intenta dar la mano para unirse a nuestro juego y yo le digo "Tú no juegas" en uno de mis pequeños y escasos arranques de maldad colegial. Ella se va, le dice algo a la profesora y esta viene a separarnos mientras les grita a todas que se larguen al recreo, y a mí que me acerque. Me dice que decir esas cosas está mal y que cómo pude decirle a Karina que no "JODA". Me quedo sin lonchera y sin recreo, llorando en el rincón más forever alone del salón.

 Año 2003. Estoy en el gimnasio del colegio, sentada en el suelo y leyendo un libro. Me había escapado de clase de matemáticas y estaba esperando al profesor para decirle que me camufle en su próxima clase para que nadie me descubra. Entran unas chicas de cuarto o quinto, no recuerdo. Una de ellas me pregunta qué chucha hago ahí si yo soy de segundo y le respondo con una mirada nada más. Patea mi libro y me repite la pregunta con un tono más alzado de voz. Se caga de risa al ver mi libro en el piso y se va, caminando como puta escaldada.

 Otro día, ese mismo año, estoy en el segundo piso de los salones abandonados del colegio. Leo por enésima vez "la palabra del mudo" y, también por enésima vez, me había escapado de una de esas clases horribles que solía tener. Escucho ruidos raros. Me cago de miedo pero sigo fingiendo que nada me importa y continúo mi lectura: "Las decepciones, en general, nadie las aguanta, se echan al saco del olvido, se tergiversan sus causas, se convierten en motivo de irrisión y hasta en tema de composición literaria...". Otra vez ese ruido. Me paro, salgo del salón y camino hacia el de al lado. El ruido se hace más fuerte. Veo a dos chicas teniendo relaciones. Reconozco a una de ellas. Me quedo cojuda y luego corro. La conocida mía sale y me persigue. Me agarra, me tumba y me saca la mierda. Luego de meterme un puñete me amenaza por si se me ocurre abrir la boca. Voy a la enfermería y finjo haberme caído en el baño. La doctora sabe que soy una sana y que soy tan estúpidamente torpe, que me cree. Y se caga de risa en mi cara.

 Año 2004. Soy nueva en este salón. Entro y lo único vacío que veo es un asiento en la primera fila. Me siento y, a los dos segundos, me cae un papel en bolita. Escucho risas pero no hago nada, igual ya me habían dicho que por repitente me iba a ir a la tarde, y ya me habían advertido que turno tarde en el Fanning era el infierno. Estoy pasando las peores dos horas de mi vida, inmóvil en el asiento de adelante escuchando una clase de comunicación integral, hasta que por fin termina. Me levanto de mi asiento rumbo al baño y salgo del salón. Bajando las escaleras siento que me agarran del hombro y me dan la vuelta. Son cinco. Una de ellas dice: "Así que la nueva... Cuidadito con salirnos rebelde". Me cago de miedo y se me nota en la cara. La chica sonríe y me dice:  "Si no quieres que te molesten, puedes juntarte con nosotras". Consigo mis primeras amigas matonas del colegio.

 Ese año aprendo todo lo que puedo aprender de ellas. Descubro que no soy igual, que me gustan otras cosas y que nuestra forma de pensar no es afín, pero callo. No quiero perder a mis amigas. Me convierto en cómplice de sus escapes, les hago la tarea y las cubro cuando se tiran la pera. Aprendo a mentir. A cambio, ellas me cuidan y me enseñan a defenderme. Me enseñan a levantar la voz, a no quedarme callada. Me enseñan a ser segura de mí misma y me enseñan a pelear (a cocachos aprendí mi labor de colegial). En el fanning tu única labor de colegial era no morder el polvo al final del día.

 Año 2005. Con los nuevos conocimientos adquiridos en el turno tarde, regreso a la mañana. Busco a la chica que más bullying me hizo en toda mi etapa escolar y la encaro. Me ve y se caga de risa. Le hablo como nunca le hablé en su vida y abre los ojos como plato. Nos mechamos de manera épica en un rincón de su salón. Termino en la dirección, con un pedazo de cara en el suelo y un ojo colgando. Mentira, nunca tanto, solo moreteada y sin un poco de pelo. La sonrisa en mi rostro es única. No puedo ocultar mi enorme felicidad al saber que, a partir de hoy, nadie volverá a pasar por encima de mí. No mientras pueda defenderme.

***

 Desde épocas inmemorables, este pequeño ratón ha sido víctima del maltrato femenino. Seguro porque desde chiquita siempre fui muy sumisa y tranquila, o porque todas a mi alrededor siempre crecieron más rápido que yo. Jamás me sentí parte de ningún grupo de chica en particular, siempre fui "pulseando" grupo por grupo, buscando algo para tener en común y que realmente me gustase. No lo encontré. Hasta ahora creo que no lo he encontrado, porque las pocas amigas que tengo son muy distintas a mí. Una vez más, les agradezco en el alma a todas esas chicas del Fanning, porque sin ellas y sin sus maltratos, jamás hubiera podido construir esta personalidad que tengo ahora. A ellas, un fuerte abrazo y una nalgada. 

martes, 4 de junio de 2013

La caja

 Seguramente se preguntan esto bastante: ¿Por qué la URL de este blog es LA CAJA DE COX si el blog se llama *se llamaba* UNA RATA LLAMADA LALO? ¿Cuál es la relación entre la caja y la rata? ¿Acaso tiene una rata en una caja? ¡¿Qué carajo?! -Ok, conozco gente rara que de hecho SI podría preguntarse eso-. Pero bueno, si es que no se lo han preguntado, tómense unos segundos para meditar al respecto antes de continuar leyendo. 

...
...

 Ok, basta. 

 Cuando yo creé este humilde blog un lluvioso día de no me acuerdo cuándo carajo fue, estaba como muchos de ustedes amigos bloggeros, preguntándome qué diablos podía poner de url para que pegue, para que la gente del ciberespacio vea y diga "Oh YaRa kE LoKazO, a VEr Ke HAy" y poder así ganar seguidores y, posteriormente, el oscar. Pregunté a un amigo del facebook qué pondría él si tuviera que crear una página web o algo por el estilo, y él me respondió que, al fiel estilo de las mejores bandas del mundo, el nombre debía salir espontáneamente; que probara primero con cualquier objeto que tuviera a mi alcance en ese momento. Casualidades de la vida, lo primero que vi a mi izquierda fue una regla de treinta centímetros; a mi derecha, un peluche y en frente tenía mi caja de recuerdos. Imagínense algo como LA REGLA DE COX o EL PELUCHE DE COX. No pues.

Perris Hilton, mi creación
 Caí entonces en la cuenta de que la caja que estaba en frente de mí era más especial que cualquier peluche o regla que pudiera tener en mi cuarto; en esa caja no solo guardaba chucherías de colección, guardaba parte de mi vida. Dejé la laptop a un lado y me tiré al suelo; abrí la caja y, uno a uno, fui sacando mis recuerdos. Saqué hasta el último papelito y empecé a clasificarlos y ordenarlos. Tenía cartas antiguas, pins de bandas que antes me gustaban, cancioneros, hojas arrancadas de cuadernos del colegio, recuerdos de mi época de profesora, fotos de mi infancia, los recuerdos de mi primera comunión, las entradas de los conciertos y tocadas a los que he ido, algunos juguetes, dibujos que hice en la época del paleoceno, postales, recibos, más cartas y hasta -mátense-:encontré un autógrafo de Pepe (*-*) de la desaparecida y pajísima banda peruana ALIADOS, de la cual me volví hincha por allá por los mediados del 2000. Tenía -tengo- como dije, la vida entera en esa caja.

 Recuerdo que alguna vez mi mamá me dijo que debería botar algunas o todas las chucherías que ahí atesoraba, pero lamentablemente soy de esas personas que lo guardan todo, me gusta ser sentimentalona y ver cosas de antaño, para recordar lo idiota que era o simplemente para recordar lo que solía parecerme bonito -y que ahora no me produce ni mierda-. Supongo que es parte de crecer y madurar eso de que ya no me emocione mirando mi autógrafo de Pepe ni llore mirando mi libreta del cole. Suele pasar, no siempre te van a gustar las mismas cosas, ni la misma música ni la misma ropa. No siempre vas a tener los mismos sentimientos hacia algo.

 Hace pocos días volví a sacar la caja de su oscuro y olvidado lugar en mi cuarto. La limpié un poco, la puse sobre mi cama y abrí su tapa. Uno a uno, nuevamente, fui sacando todos los diferentes recuerdos y decidí entonces escribir esta entrada. Decidí también volver a organizar mis papelitos y chucherías, y bueno, como no todo dura para siempre, también depuré una que otra cosa. Era necesario.


 ¿Listos para traumarse con mis fotos? - Me encanta compartir. Ahí les va.



*Esta es mi caja, la compré en saga en la sección de niñas, es un poco pinky y con cojudeces escritas. No me juzguen.



*Todas mis entradas. De hecho faltan, algunas se me han perdido.  



*¡Chicas un gritoooo! *Cri cri cri* 



*Las inmortales fotos de la infancia. Salgo preciosa. 

jueves, 30 de mayo de 2013

"¿¡Quién huele a puta!?"

 Lo recuerdo como si fuera ayer. Estábamos alrededor de doscientas alumnas sedientas de libertad en la puerta de salida del rico Fanning. Hacía calor, no nos dejaban salir y eso ocasionaba que cada vez más chibolas se aglomeren para poner un pie en la calle y correr a chapar su micro o -con suerte- a su pelado del Alfonso Ugarte o el Melitón. En medio de la multitud, estaba este pequeño pericote, con sus lentes y su tamaño promedio-bajo, soportando el calor y los empujones. La sub-directora había dado la orden de que nadie saliera del colegio hasta revisar todas las mochilas. Se había perdido un puto audífono del laboratorio de computación. Una tarada se había robado algo e iba a pasar el peor roche de su vida cuando la descubran (sobretodo porque conociendo al alumnado de mi cole, fácil hasta moría ese mismo día la pobre).

                         

 Como se iba haciendo más y más tarde, las alborotadas alumnas aprovecharon para ponerse -digamos- bellas para la sarta de delincuentes que las esperaban afuera -llámese enamorado-. Se empezaron a pintarrajear, a peinar y a echar diversos menjunjes en la cara para estar presentables. Yo, como era chata, asmática y muy irritable, estaba como cucaracha cuando le echan raid. Los diferentes olores de los perfumes de cyzone de moda se juntaron en el aire que estaba respirando e hicieron una mezcla vomitiva. El calor de Abril, el olor a ala fannista, uno que otro olor que no mencionaré y ENCIMA los perfumes de mierda... yo estaba muriendo de asfixia. Pero bastó una pequeña pulverización de DANCING (léase "perfume barato de Cyzone que TODAS las chibolas usaban en el 2006") para que mi pequeño ser lentudo y pacífico se achore tipo Videl cuando Spopovich le estaba sacando la mierda. Así.

 No vi bien quién fue la chica que se bañó con el dancing, pero cuando el olor llegó a mis fosas nasales la respiración se convirtió para mí en un deporte extremo. Mi cara estaba hirviendo de cólera, la cabeza me dolía de tanto calor y mi reloj marcaba la 1:56, hacía millones de minutos debería haber estado en mi casa pero NOOO...  La chica de adelante volvió a echarse el vomitivo perfume y solo atiné a gritar: "¡¿QUIÉN HUELE A PUTA?! ¡NO TE ECHES MÁS, APESTAS IGUAL!" -Error: pensar en voz alta, a voz en cuello. Lo que vino a continuación fue una puteada infinita, amenazas de muerte, "¡afuera te espero!", "UUUUUUHHHHH"'s por parte del millón y medio de alumnas y "¡A VER ALUMNAS, CALMA!" por parte de la auxiliar. Pero yo, como buen pericote escurridizo y pequeñito, ya tenía un pie afuera del colegio. Como pude me puse en la primera fila, me revisaron la mochila y la piqué, sobretodo porque descubrí que quien olía a puta era nada más y nada menos que una gigantezca adolescente de quinto de secundaria, que bien pudo sacarme la mierda como Spopovich a Videl. De la que me salvé.


JAJAJA de hecho existe 

viernes, 17 de mayo de 2013

Yahoo respuestas

 Todos alguna vez hemos sido presos de una duda que no nos ha dejado dormir por las noches y no nos ha dejado vivir en paz. Desde dudas sobre salud, cocina, amor, música y hasta -por qué no- los significados de nuestros sueños, muchas veces hemos recurrido a google y las respuestas que encontramos, lejos de aclararnos la mente, nos confunden más.

 El conocidísimo portal de preguntas y respuestas Yahoo, a mi parecer, es una sonsera. A pesar de que casi siempre encuentro lo que busco y no me quejo, muchas veces me he topado con preguntas estúpidas pero no tanto como la respuesta que tienen. Ahora, ¿cómo sé que hay preguntas estúpidas? -Ok, si no has googleado "¿Cómo se llama la canción que dice LALALALA WI WI WI UOOOHH UOOOH?" no has tenido infancia, al menos no como la mía- Así que, pregunta resuelta. Por ahora solo necesitamos un poco de aburrimiento, nada que hacer y mucha imaginación para googlear, a parte de lo que están a punto de ver, muchas más tonterías. Al menos te alegran el día.  

Con ustedes, algunas Yahoo preguntas y respuestas para pensar en llevar a tus hijos a terapia.


*Al escribir esta pregunta en google, jamás pensé que encontraría respuesta.


*Pensé que mi gata era la única




*A meternos al panal para chapar buen ritmo

































*Este sí se pasó de pendejo



*Jamás dejes que te llamen floja por un poco de arroz.

































*¿Cómo se llama esa canción?

martes, 7 de mayo de 2013

Azul


  • Azul el mar, que de vez en cuando veo por el malecón Armendáriz.
  • Azul el cabello de la muñeca de Marge Simpson que me compró mi papá.
  • Azul mi silla en la oficina. Azul mi fotocheck y azul toda la empresa. Azul el color de GSS.
  • Azul la crayola que una vez me comí en inicial.
  • Azul el primer calzoncillo que vi en mi vida: El de Salvador, mi amigui del barrio, a los ocho años. 
  • Azul mi cuaderno de historia en el cole. Azul mi uniforme y mi buzo. Azul mi lazo para el pelo y azules mis aretes. Azul con rosado el Fanning.
  • Azul... porque este amor es azul como el mar azul. 
  • Azul mi pez favorito de todos los tiempos, Dory.
  • Azul la ropa de Vegeta, azul el pelo de Bulma y azul Puar. 
  • Azul el más inteligente, guapo y fuerte y todos, además de mi favorito de los Power Rangers: Billy Cranston. 
  • Azul el ave más preciosa del mundo, el guacamayo jacinto. 
  • Azul mi gaseosa chiki preferida, la de sabor a chicle.
  • Azules los arrecifes que muero por conocer en Australia.
  • Azul el moretón en mi rodilla.
  • Azul mi ropa favorita. Azules casi todos mis polos, azules mis pantalones y azules mis medias panties. 
  • Azules los ojos del gato siamés del parque Kennedy. 
  • Azules las mariposas que más me gustan. 
  • Azul el lagartijo de Ned, uno de mis dibujos favoritos de la infancia.
  • Azul mi color soñado para pintarme el pelo, pintar mi cuarto y pintar todo.
  • Azul en todas sus variaciones. Azul cobalto, azul marino, azul cerúleo. Azul índigo, azul cyan y el azul de prusia. La infinita gama de azules del mundo. 
  • Azul el color de mi aura, según Natalia.
  • Azul el monstruo come galletas.
  • Azul el color que, de todas las aves, sólo los búhos son capaces de ver. Lo que los hace parte de mi lista de "aves favoritas". 
  • Azul mi color favorito. Azul el planeta; azul lo más vivo, hermoso e increíble del mundo. Menos avatar y los pitufos, esos si me llegan, píntenlos de rojo o marrón.


..."Si tus pies hoy nacieron viento, déjalos correr; y si tus manos con las plantas, déjalas crecer. Vive de azul, porque azul no tiene domingos. Ríete al fin, que llorar trae tanto frío, más frío que olvidar cómo ver..."


viernes, 26 de abril de 2013

La actuación

 En el 2008, cuando era profesora de Inglés en un colegio de Surco, me encargaron una tarea muy especial para el día de la madre. La directora, alegando que yo era la más joven del equipo, me pidió lo que consistía, más o menos, en enseñarle a todos los salones de todos los grados una coreografía para la actuación.

 A mis 17 años, como es lógico, me sabía todos los éxitos radiales del momento. Para los niños de inicial elegir la canción fue bastante sencillo: los de tres añitos bailarían "el pollito Lito"; Los de cuatro, negroide y los de cinco ya tenían conocimientos básicos de democracia y me tiraron un pedazo de limpiatipo cuando quise imponerles "Saya negra". Terminaron votando por HI5 -Toditos a estas alturas seguro son Believers-. Hasta ahí, todo sencillo.

 Con primaria tenía un reto aparte, porque esos pequeños Damianes ya sabían de perreo a poca luz y sentir la química. Pero hubo un grado en especial en el que me gustaría enfocarme y es el segundo. Después de haber elegido canciones para todos los demás grados, pensé en los niños de siete años. La primera canción que pasó por mi mente fue una "bien bonita" que había escuchado en la entonces no tan bagre ONDA CERO. Fui al mercado de surco, compré uno de esos famosos "MIX CALIENTE 2089 - LAS MÁS MÁS DEL VERANO - TU MIX TONERAS 2096" -Esos donde nunca falta la calata en la portada- y ahí estaba esta canción. Pedí prestado el radio y encerré a los niños en el salón para el respectivo ensayo. Empezamos con la coreografía, ellos me seguían en cada paso e íbamos practicándolo cada vez que uno de ellos fallaba. Iba a ser LA actuación; estos niños eran los más entusiastas del colegio entero y las expectativas por parte de la directora y las demás profesoras eran máximas. Pero lo que pasó fue una desgracia, un horrible error mío, producto de mi inocencia adolescente.

 Los días pasaron, habíamos suspendido clases los últimos cuatro viernes anteriores al gran día para poder ensayar con toda la comodidad necesaria. Yo terminaba muerta, mi rutina esos cuatro viernes fue una desgracia, pero estaba contenta con los resultados. Todos los salones tenían su coreografía armada y los nervios aumentaban conforme pasaban las horas.

 Llegado el gran día, todos los niños estaban vestidos, todas las mamás y algunos papás estaban ubicados, las mesas servidas y las profesoras mordiéndose las uñas. Empezamos con los más pequeñitos y sus disfraces de pollitos, luego unas chenchualonas niñitas de cuatro añitos con sus falditas moviéndose al ritmo de negroide. Después, mis bebes de cinco sorprendieron a todos con su musical de Hi5 y los de primer grado impactaron con su mix de merengue y sus bailes. Hasta el momento el colegio era un solo de aplausos, llantos y orgullo maternal al mango.

 Cuando fue turno de segundo grado toda la alegría de los padres se fue al carajo. Se ubicaron los niños adelante, las niñas atrás y los primeros se agacharon mientras las mujeres estaban dando la espalda. A medida que sonaba la música los hombres se paraban haciendo un movimiento de olas con las manos y las niñas iban volteando. Se sabían la coreografía a la perfección. Todos saltaban, hacían mímicas y sonreían con una inocencia única en sus rostros; Pero, de repente empecé a notar rostros de decepción y enojo en la cara de los asistentes y las profesoras, y me pregunté qué podía ser. La directora se puso roja de cólera y prácticamente me arrastró a un salón y me gritó: ¡¿"Cómo mierda les vas a hacer bailar una canción de homosexuales?!" Yo no tenía ni la menor idea de que "Todos me miran" de Gloria Trevi se había convertido en un himno gay. Los padres me odiaron y me odiarán de por vida.

Ahora mis ex alumnos son los de KAZAKY XD!


jueves, 25 de abril de 2013

Una madre cansada pega menos fuerte

 Como todos saben, se acerca el segundo domingo de mayo, y ya todas las tiendas, empresas, marcas y etc. nos empiezan a hostigar con la publicidad por este día. Todos nos garantizan que, con sus productos, nuestras madres serán las más bellas, las más felices y las únicas "reinas" en su día especial. Pero hay algo que desde siempre me ha llamado la atención, y es precisamente los productos que ofrecen y todo el chongo que se arma previo al día de la madre.

 No sé a quién se le ocurrió alguna vez, en la antigua Grecia quizá, que una madre de familia es sinónimo de "empleada del hogar". Las ofertas en electrodomésticos, menaje, ropa de cama y demás en este rubro abundan, por no decir que son más del 80% de las sugerencias de regalo para mamá. Esto me hace pensar que si yo le regalo a mi madre un juego de ollas simplemente le estoy diciendo: "Toma, para que sigas esclavizada cocinando". Más o menos así. En cambio, qué bonito sería llevar a mamá a escoger algo que le guste realmente, algo que ella quiera. La mía, por ejemplo, sé perfectamente que se escogería un buen par de zapatos, no unos cubiertos facusa ni un mantel.


 Sonsera aparte es lo de los colegios. Como sabrán muchos, yo fui profesora de inicial por un período bastante corto donde pude ganarme con mil cosas. Aquí viene un tema del cual me quiero apartar totalmente cuando sea madre: Las actuaciones. Todos los años escuchaba la misma queja de boca de mi madre y era la siguiente: "¿Para qué voy a ir si tú ni bailar sabes?" - Ok, eso era bastante chocante a nivel psicológico, pero ya lo superé- Y, en parte, tenía razón. Esas actuaciones solo eran una gastadera de dinero y tiempo, porque al menos mi mamá SI tenía cosas que hacer. Recuerdo que la directora del nido donde yo enseñaba prácticamente me obligó a cobrar más de treinta y cinco soles por el alquiler del vestuario para la actuación de los niños que iban disfrazados y, en el caso de los demás, tuvimos que obligar a los padres a comprar tal polito o tal pantalón para que todos salgan igualitos. Encima todos actuaron mal, y mejor ni decir lo mucho que los padres de segundo grado terminaron odiándome, eso fue roche aparte. Peor aún, ni hablar de los "regalos" que nos hacían pintar y decorar, ah no, eso era por lo menos unos quince soles más. Ese año recuerdo que mis alumnos de 5 años les dieron a sus mamás unos cuadros de madera que lo único que tenían de bueno era que estaban pintados por sus manitos y su amor eterno e inolvidable. Una metida de rata infinita y profunda.

 Ahora no sé si las cosas habrán cambiado, la verdad que hace muchísimos años que no asisto a las actuaciones ni de mis hermanitos (hermanotes ahora), pero supongo que mientras ustedes como madres y padres sigan permitiendo que en el colegio les metan la rata, siempre tendrán actuaciones mediocres y regalos horribles por parte de sus hijos. Ok, no seamos tan basuras, digamos que SI te enorgullece que tu retoño esté delante de cincuenta personas semi calato y haciendo el ridículo. Ok. Y si tú, que me estás leyendo, eres madre y no quieres seguir recibiendo frigideres ni microondas ni juegos de sala, dile a tu marido que te compre ropa y te regale una exfoliación de cacharro o unos zapatos. No pierdes nada.

JAJAJA

jueves, 18 de abril de 2013

Top 20: La vejez

 Este es un pequeño recuendo de "las veinte cosas que me hacen sentir vieja". Yo, nacida en el primer día del segundo semestre del año 1990 me considero ya una chibola del ayer, ante tanta nueva cosa, tanta nueva música y demás. Disfruten, búrlense y siéntanse viejos como yo. Kleenex a la mano, let's go. 

Me hace(n) sentir vieja...
  1. Los niños del '95, porque ya tienen DNI y están trabajando, y yo los veo como unos bebés .
  2. Mis hermanitos menores, que ya me pasaron en tamaño y mi hermanita cumple quince la próxima semana. 
  3. Los hermanitos de mis amigos que ya beben y fuman.
  4. Jake de "Two and a half men" que está grandote.
  5. Cuando me pongo mis tabas y mis polos y mi mamá me dice que "ya no estoy para esas cosas".
  6. Harry Potter.
  7. Que la mayoría de personas de mi generación tiene hijos -¿o tal vez solo las de mi colegio?
  8. Que yo solo conocí hasta la barbie aeromoza. Ahora hay hasta barbie travesti robot con puerto USB, con wifi y bluetooth.
  9. Que ya nadie juegue "mundo", "San Miguel", "kiwi", "7 pecados" o canicas. Ahora todos juegan League Of Legends.
  10. Antes me decían que parecía de catorce. Hace un rato me dijeron que parezco de veintitres. TENGO veintitres, idiota.
  11. Ver la foto de mi DNI y ver a alguien completamente distinto.
  12. Una de mis canciones favoritas de los ochentas, "Summer of 69". Se lanzó en el 84, la escuché  por primera vez en el 99 y siempre deseé un verano como aquel. 
  13. Que hayan pasado siete años desde que terminó mi serie favorita de todos los tiempos: That '70s show.
  14. Que el "nuevo milenio" fue hace ya trece años, cuando yo tenía diez y lloraba en el balcón pensando "tengo diez años, ¿por qué me voy a morir tan chiquita?"
  15. Darme cuenta de que cuando vi Dragon Ball por primera vez tenía cinco años. Han pasado dieciocho y todavía se me pone la piel de gallina escuchando sus canciones y esperando el estreno de "la batalla de los dioses". 
  16. Los escolares que me dan asiento en el Metropolitano.
  17. Ser madrina.
  18. Que Eddie Vedder vaya a cumplir 50 el próximo año. Cuando lo vi en MTV era tan bonito y joven... Ahhh... los noventas.
  19. Rod Stewart.
  20. Los niños de ahora, que frontean, bailotean, perrean y sudan. Yo vi los teletubbies hasta los diez.

miércoles, 10 de abril de 2013

El tallarín con pollo

 Cuando era chiquita y vivía en Lince, solía quedarme sola en mi casa por horas, leyendo, viendo tele o simplemente jugando. Me gustaba darle de comer a mis periquitos y lanzar piedritas a la ventana de Dessireé, mi amiga. De vez en cuando asomaba mi pequeña cabeza por la ventana para mirar cómo jugaban los otros niños, y recuerdo que deseaba la muerte de todos ellos. Cuántos recuerdos -y cuánta ironía, ahora son mis amigos- Me distraía bastante, recuerdo, pese a haber sido una pequeña tan solitaria.

 Una de esas mañanas enteras que pasé sola en casa, me tocaron el timbre. Emocionada, fui al intercomunicador viejo y me empiné para contestar. Una voz aguardentosa me dijo -qué me dijo, me vociferó- que cambiaba pollitos por botellas. Le pedí al señor que no se vaya, que ya iba y corriendo busqué debajo de las mesas. Encontré tres botellas de pilsen y sin pensarlo dos veces le abrí la puerta a un señor completamente desconocido, que bien pudo haber sido un violador/asesino. Recordé demasiado tarde las recomendaciones de todos y entré en pánico. Me puse en modo "mi pobre angelito" y con lágrimas en los ojos levanté la botella, soñando con rompérsela en la cabeza al primer intento de asesinato. Sin embargo, un señor con cara amigable se presentó ante mí y me preguntó si tenía la botella y le dije que si, y -obviamente- la bajé de la posición de ataque y se la entregué. Él me entregó una cajita y se fue. Cerré la puerta feliz de no haber muerto y al destapar la caja me encontré con una pelotita amarilla, esponjosita y muy chillona. Esa motita adorable era mi pollito. Lo llamé Angelito.

 Con Angelito pasé buenos momentos. Lo tenía en una cajita y le daba de comer maiz pequeñito que mi mami traía no sé de dónde. Todos lo adoraban, hasta mi padrastro que parecía no amar a nadie demostraba cariño por él. Todos se preocupaban por su comida, le acondicionaron una especie de refugio y él vivía tranquilo. Yo era feliz viéndolo crecer, jugando con él a los picotazos, etc. Llegaba del colegio y me iba de frente a verlo. Creció hasta convertirse en un pollo gigante (nunca pude saber si fue gallo o gallina) pero seguía siendo tierno y engreído conmigo. Pensaba que él era mi mejor amigo y que nunca dejaría que le pase algo malo. Pero -Y siempre hay un pero-  nuestra felicidad como pollo-amigos no duraría mucho.

 Un buen día llegué del colegio, dejé mis cosas en su lugar habitual y corrí a ver a mi polluelo amigo. No lo encontré y pensé "debe estar por ahí escondido". Así que entré a casa y saludé a mi mamá. Ella estaba nerviosa y me dijo que me lave las manos para almorzar. Pregunté por Angelito y Charles, el hijo de mi padrastro, se empezó a cagar de risa con todas sus fuerzas, seguido de su hermano Anthony y mi propio padrastro. Todos se reían menos mi mamá. Volví a preguntar por mi pollo y Charles levantó su pierna, la mordió y dijo: "qué rico está el tallarín con pollo".

Siempre te recordaré así de tierno, Angelito

viernes, 5 de abril de 2013

La tienda de mascotas

 Hoy me topé con una noticia que me alegró el alma. Cerraron el Jr. Ayacucho, en el centro de Lima, donde vendían animales, el que está justo a la vuelta de RENIEC, paralela a Abancay. Para nadie es un secreto el tema del tráfico de animales que reina ahí, o las pésimas condiciones en las que mantienen a animales que de nada tienen la culpa más que de haber caído en manos de esa gente inescrupulosa. Hace un par de horas, al leer esta noticia recordé algo que me gustaría compartir con ustedes. 

 Yo solía tener periquitos en mi casa, desde que tengo memoria recuerdo a mi padrastro colgando jaulitas, enseñándome que el alpiste es para el periquito y NO PARA MI, y que el agüita hay que cambiarla -de preferencia- dos veces al día y etc. Siempre cuidaba a mis mascotitas y me empeñaba por taparlos de noche, destaparlos de día y recordarle a mi mamá que había que comprarles comida cada vez que ella iba al mercado.

 Siempre que mi padrastro cogía la jaula para algo, yo brincaba de alegría porque eso significaba que lo acompañaría al centro, donde adquiríamos nuevas cosas como juguetitos, bloques de arcilla, palitos de alpiste y demás huevaditas que ayudaban al ave a tener el piquito más fuerte, etc. Recuerdo que nos atendía siempre el mismo señor gordo y barbón, que sacaba mi mascota de la cajita, la agarraba fuerte y le echaba un spray debajo de las alas, que servía para matar los pequeños ácaros que suelen tener las aves. Yo correteaba por todo el local, mirando los animales que se exponían como se expone un yogurt en Metro. Supongo que era muy chiquita para entender toda la maldad que ahí se escondía. 

 Mientras el señor barbón desparasitaba a mi ave, yo hacía mi recorrido por todo el local, donde encontraba perros, gatos, agapornis (Si no sabes qué es un agaporni, haz click aqui), palomas, cocatiles, periquitos, gorriones pecho rojo, canarios normales y canarios cantores, conejos grandes, conejos enanos, hámsters rusos, pequeñitos y grandes, peces: Nemo, Dory, Marlin, tortugas ninjas y tortujas charapas. Había de todo. Yo iba puesto por puesto, y agarraba de lorna al primero que veía, y lo tenía harto preguntándole cómo se llamaba tal o cual animal (por eso sé tantos nombres de tantos animales) y si me portaba bien y mi guía turístico de turno era amable, podía tener un conejito o un hámster pequeñito en mis manos y acariciarlo por unos segundos, hasta que me lo quitaba y volvía a ponerlo en la jaula. 

 Mis visitas al Jr. Ayacucho eran más o menos frecuentes. A medida que fui creciendo fui yo sola viendo por el bienestar de mis periquitos, entonces era yo quien los atendía, ya no iba con mi padrastro porque yo conocía el lugar a la perfección. Sabía que tenía que salir al Hospital del Empleado, tomar un carro hacia Abancay y bajarme en la antigua biblioteca para caminar un par de cuadras y listo. La tercera vez que caí en ese lugar repugnante yo tenía catorce años y un lorito nuevo, que me había encontrado en la calle a la salida del colegio. Como no sabía dónde más llevarlo, recurrí una vez más al centro de Lima, y busqué a quien recordaba como "el señor que curaba a mis periquitos". Entré con el ave en mis manos y en menos de cinco pasos tenía a un aproximado de siete personas ofreciéndome dinero por él. "Deben estar bromeando" me decía en mi mente mientras me negaba de todas las formas posibles y seguía caminando en busca del gordo ese. Cuando llegué a su puesto, no vi a nadie así que entré. A primera impresión, las aves eran como cualquier ave infeliz pero saludable en jaulas amplias y con el tazón lleno de comida. Hasta que seguí avanzando al ver que no había nadie en la tienda. Entré a una especie de depósito y lo que vieron mis ojos quedará por siempre alimentando mi odio hacia ese hombre: Había una jaula asquerosa, sucia y vieja medio tapada con una frazada que dejaba entrever plumas y deshechos propios de un animalito. Decidí destapar esa jaula para ver qué tipos de loros habían y solo vi piwichos muertos, uno encima de otro. 

 Salí asustada del lugar, pegué mi lorito al pecho y lloré sentada afuera de RENIEC. Un chico de unos veinticinco años aproximadamente me había seguido. Se sentó a mi lado y me dio una bolsita de semillas de girasol (alimento preferido de los loros... y mío... en esas épocas) y me dijo que él también había visto eso. Nos quedamos conversando un buen rato, me acompañó a tomar mi carro y adiós.




martes, 19 de marzo de 2013

La bolsa de basura

 Era domingo (5 de Julio del 2009 para ser más exactos) y yo caminaba por una avenida de San juan de Miraflores. El frío era espantoso y yo apresuraba el paso cuando, de pronto, vi esa bolsa de basura tirada en una esquina. Era de esas bolsas que no le importan a nadie; y no me hubiera importado si es que esta bolsa no se hubiera movido cuando yo me acerqué. Al principio pensé que eran solo intrusas cucarachitas que buscaban su festín entre los restos de la basura pero, al alejarme, escuché un debilucho maullido proveniente de esa misma bolsa. Sin pensarlo dos veces me acerqué, me arrodillé  y puse un dedo en el plástico y, como era de esperarse, una uñita se me incrustó inmediatamente. Me pareció haber visto un lindo gatito.

 Desgarré el polietileno barato y una cabecita de no más de diez centímetros de diámetro se asomó, y lo primero que hizo al ver mi cabello suelto fue ponerse a jugar con él, y conseguir arañarme la mitad de la cara. Estaba con todos los pelos erizados y las pupilas dilatadas, prácticamente muriendo de hambre, porque la delgadez de su cuerpito dejaba sus huesos a la vista. Me quité la chalina que traía y envolví al hambriento gatito, mientras el desgraciado no paraba de jugar "michi" con mi cara. Lo llevé a donde estaba yendo, lo alimenté, lo abrigué y seguí permitiendo que juegue conmigo y me di cuenta, al levantarlo para ver si tenía pulgas, de que se trataba de una linda gatita. La observé con detenimiento y me enamoré de ella al instante. Sus ojos eran verdes, su pelaje era marroncito con negro y un poco de rubio, atigrado. Estaba muy sucia, extremadamente sucia y yo me llené de ira por la injusta condición en que la había encontrado, pero tenía que pensar en cómo hacer para conservarla, porque en mi casa me iban a botar con todo y gata. No lo iban a permitir. 

 Compré en un mercado cercano una bolsa de alimento para gatito, pedí otra bolsa un poco más grande y ahí metí mi chalina y a mi nueva amiga, con su bolsa de comida al lado y me subí al carro que me llevaría a mi casa. En todo el camino se durmió, agotada, y yo le rascaba suavemente la pancita mientras más de uno me miraba enternecido y me pedía permiso para tocarla un poco. Ella ni se inmutaba, estaba durmiendo de lo más tranquila. Así estuve todo el camino.

 A medida que me acercaba a mi casa, mis nervios crecían porque no sabía cómo reaccionaría mi mamá, mi padrastro, mis hermanos. Ya estaba pensando en hacer un anuncio vía Facebook o Twitter o algo para darla en adopción, o dejarla en una veterinaria. Me puso triste pensar que nunca volvería a sentirme tan feliz después de haberla rescatado para darla en adopción, me parecía ridículo pero tenía que resignarme SI o SI, porque en el edificio lo menos que querían era una mascota. Llegué y ella de lo más tranquila sacó su cabecita por la bolsa, dándome un aspecto Paris Hilton con su perro en la cartera (ok, mi vecino me dijo eso y se burla de mí cada vez que lo recuerda). Subí las escaleras despacio con mi vecino al lado diciéndome "ya te cagaste, la van a mandar a chincha" y demás incoherencias que sólo incitaban en mí un deseo de asesinarlo y colgarlo de pelotas en un cable de alta tensión. 

 Abrí la puerta y estaba mi mamá. Vio a la gata y me dijo que salga y vuelva a entrar porque no podía creer lo que estaba viendo. Ok, cerré la puerta, volví a entrar y mi mamá me dijo "desapareces mañana ese gato". "Mañana" me pareció un tiempo prudente, porque ya eran como las nueve de la noche y hacerme "desaparecerlo ahora" se me iba a hacer imposible. Entré a mi cuarto y mi hermana también me botó. Salí a la sala y mi hermanito se sentó a mi lado a acariciar a la gata mientras sonreía, de lo más feliz y contento. Y ahí se me ocurrió la mejor idea de mis, en ese entonces, diecinueve años de existencia. 

 Al día siguiente era cumple de mi pequeño hermano, seis de Julio del 2009. Me levanté temprano, puse a la gata en una cajita de zapatos y le dije que no hiciera ruido, y ella me obedeció. Tapé la caja un poquito y entré al cuarto donde estaba mi hermanito, su papá y mi mamá. Grité ¡FELIZ CUMPLEAÑOS JORGITO! y abrí la caja. La gata sacó la cabecita, mi padrastro me miró como diciendo "tú estás bien huevona..." y mi mamá me abrió los ojos como diciendo "vete mierda o te saco la conchh...". Mi hermanito dio un gritito gay y se lanzó a la caja. Ambos padres se miraron y mi hermanito les jugó el sentimiento con su pregunta de "¿Puedo conservarlo? por fa, si si... ¿siiiii?". Sus caras eran de indecisión total, pues a él jamás le han negado nada en la vida (infeliz). Mi hermano agarró la caja, sacó a la flacucha gatita y se puso en modo veterinario, pidiendo (exigiendo) que le compren comida, que la bañen, que la cuiden. Papá y mamá me miraban, yo me encogí de hombros y me fui a trabajar, de lo más feliz.

 Desde ese día han pasado ya tres años y ocho meses, a la gatita decidí ponerle de nombre "bolsa" en honor a su lugar de "nacimiento" pues para mí ella nació ese 5 de Julio. A los seis meses decidí operarla para evitar que sus hijos pasen por lo que ella pasó (no es por nada mamá, pero creo que de haber tenido hijos mi gata tú los hubieras matado a todos) y mi hermano decidió "devolvérmela" cuando se enteró de que la comida de gato costaba más de lo que le daban de propina en un mes, así que yo la mantengo hasta el día de hoy (bueno, ahora mi mamá la ama y también colabora para las galletas de gato). Y ahora que en casa solo vivimos mi hermana, mi cuñado y yo, ya mi gorda no tiene el miedo que le tenía a mi padrastro, que aprovechaba cualquier momento para meterle terror, o para llamarla "la hija no deseada". Mis mañanas son insufribles gracias a sus pelos y a mi alergia crónica combinada con mi asma, pero no hay duda de que mi cachorro de lince me alegra la vida. Les dejo tres fotos que resumen estos tres años a su lado. 


*El día que la encontré, toda cochina y despeinada. Su cabeza era más grande que su cuerpo♥


*En drogas. El día que la operaron y le pusieron la anestesia. 


*Qué rápido crecen. Todos la confunden con una gata preñada o con un cachorro de lince.


domingo, 10 de marzo de 2013

Historias de guerra y de cómo te conocí


 "Era sábado, un sábado de Setiembre, era el día perfecto para morir y matarlos a todos en la guerra. Recuerdo que yo usaba todas las técnicas posibles por mantenerme fuerte en aquel campo de batalla donde la vida y la muerte eran más o menos la misma cosa. Algunos de mis camaradas habían sido derrotados y, en venganza, también nos llevamos la vida de varios de nuestros adversarios. Estábamos en ventaja, pues éramos más que ellos y teníamos todas las de ganar. Los chalecos rojos debían salir victoriosos de aquel combate.

 Luego de haber hecho hasta lo imposible por mantenerme con vida, junté todas las fuerzas que me quedaban y logré arrastrarme por unos cinco metros sobre el terreno arenoso. Subí sigilosa a una especie de base que me permitía tener una vista más panorámica del enemigo. Mi corazón latía a mil por hora y mi compañero Cornejo estaba tirado pecho a tierra, mirándome desde abajo, dándome coordenadas y pidiendo que dispare aquí o allá. Más allá, la camarada Ana Lucía hacía diversas piruetas para pasar de un lado al otro sin ser observada. Nos valíamos solo de nuestras balas y nuestra sed de gloria y victoria.

 Yo tenía mi objetivo en la mira, por un pequeño agujero hecho a propósito a un lado de la pared de la base. Giré un poco, vacilante, y levanté el arma un poco temblorosa por la adrenalina y el miedo que recorría mi ser y levanté la cabeza para ver bien a quién le daba. Me dispararon directo a la cabeza. Caí rendida al suelo de madera y derrotada me saqué el casco y lancé mi arma. Lloré del dolor y la impotencia y quise darme por vencida, pero el camarada Cornejo me dio palabras de aliento. Aún las recuerdo: "Lalo, no llores... párate, vamos Lalo, dispara... ¡DISPARAAAA!". Me volví a poner el casco aún con lágrimas en los ojos y un pulsante dolor en la cabeza, cogí mi arma y disparé, disparé y disparé. Creo que maté a dos. Mi sed de venganza se volvió incontrolable. Salté de la base y corrí a dispararle a uno de los enemigos combatientes, y lo matamos. Sus gritos de dolor solo nos daban placer y a pesar de ya haberle disparado bastante, no paramos hasta matarlo. El guerrero enemigo fue sacado del campo de batalla, nosotros ya estábamos cada vez más cerca de la victoria. 

 Una vez que acabamos con él, solo quedaba una persona en el campo enemigo. La camarada Josselyn protegía celosamente la bandera azul, esa bandera que, de ser nuestra, nos coronaría como victoriosos en la guerra y la misma que, a su vez, marcaría el tan ansiado regreso a casa. No reconocí a mis compañeros, todos estaban con cascos, solo sé que nos miramos todos y, al grito de "¡¡¡¡YAAAAAAAAAAA!!!!" corrimos y en cuestión de segundos teníamos al rival rodeado y suplicando piedad, aunque esta palabra era la última que recordábamos. La matamos en instantes. La bandera fue nuestra. Habíamos ganado la guerra..." 

...

 Salimos del campo de paintball todos hasta las huevas, demasiado cansados y sudando como cerdos. Pregunté quién carajos me había disparado en la cabeza, pero nadie dijo nada. Seguía con un dolor profundo en el cerebro pero con ganas de seguirla con mis brothers, así que caminamos por Chorrillos en busca de comida y terminamos regresando al centro y metiéndonos a un restaurante turístico llamado "los aires peruanos", donde comimos y nos tomamos una que otra cerveza. Había una orquesta y también nos lanzamos a la pista de baile a hacer el ridículo al ritmo de las cumbias del momento.

 La pasamos muy chévere, pero era hora de irnos y todos estaban cansados (sobretodo los que habían recibido más balas), así que nos fuimos a la empresa donde trabajamos, porque algunos querían entrar al baño y ponerse más o menos decentes, y a la salida todos se fueron despidiendo. Gracias a la vida que se quedó él, y, a pesar de que todavía no lo conocía, yo quería ir a tomar a algún bar del tan agradable centro de lima. Le dije que, ya que éramos los únicos sobrevivientes, vayamos por ahí a tomar algo y él aceptó. Nos subimos al legendario bar Planeta, conversamos, conversamos y conversamos. Al día siguiente estaba en San Borja, visitándolo para seguir conversando, conversando y conversando. Hace pocos meses supe que había sido él quien me había baleado el cerebro. 


No se atrevan a decir que somos de combate

sábado, 16 de febrero de 2013

¿Por qué, señor, por qué?

 No tengo nada personal en contra de las canciones de moda, es más, quienes me conocen, saben que yo bailo de todo, en todos lados y por cualquier cosa; todo el mundo sabe que me encanta bailar. Sin embargo, hay cosas que no aguanto y no tolero, y no porque sea una amargada de mierda como quienes reniegan porque Justin Bieber sacó disco nuevo o porque los pasivos de One erection grabaron un vídeo en el mismo sitio donde Blink 182 grabó All the small things, esas son huevadas, pero ya hay cosas que se pasan para el carajo y no lo dejan a uno vivir en paz.

 El año pasado empezó a sonar una canción en todas las radios. Era la historia de una pobre mujer que se quejaba de que su macho no la quería y que siempre le hacía sufrir pero ella siempre le creía cuando él le decía que la amaba, pero que ya estaba superada y juraba por Arjona que esta sería su última canción y que no derramaría más lágrimas por esa cagada de hombre porque él siempre se iba corriendo (¿?) y que lo ha hecho ya y la verdad le da igual y etc. ¿El título de la canción? CORRE CORAZÓN. Y no es que quiera hacerle mala fama, ni nada, es más, la chibola tiene una voz bonita y su hermano... pues su hermano si parece una lesbiana pasiva condiscípula de Bieber, pero bueno, que gozan de fama y fortuna, además de gran talento, nadie se los va a discutir. Lo que me injuria psicológicamente es tener que escuchar esa canción a toda hora, en todo sitio y en toda versión, porque no les bastó con sacar su canción y prostituirla por todo el mundo, sino que también tuvieron que hacerle versiones en timba, chicha, bachata, pop, electrónica y no me sorprendería que hasta en axe, con coreografía y todo. Solo faltaría un mix con Pitbull con mezclas de DJ Tavo. Todo un éxito.

 De lunes a viernes, de nueve a seis, la escucharé un promedio de treinta y cinco veces, contando todas las versiones. Eso sin contar que fue el ringtone del celular de una compañera por casi tres meses y medio (sí, estuve muy pendiente de cuándo lo cambió) y sin contar que más de una vez me he topado con un taxista/chofer romántico/emo que ponía la misma radio de siempre, donde la misma voz sensual decía que el amor une, que el amor perdona, que el amor todo lo puede, que el amor es el idioma universal, para, acto seguido, poner esa canción y lograr así que medio millón de mujeres alrededor del Perú se suicide por amor.

 Ahora, ¿Es cierto que una canción romántica te relaja? Una vez leí, buscando información psicológica para el mal que aquejaba a las mujeres en mi oficina (tres personas en simultáneo: una con Arjona, otra con aventura y otra con corre corre corre corazón, eso no es normal) y leí que, efectivamente, las canciones lentejas y melosas relajan a las personas. Eso no sucede conmigo, yo me relajo escuchando algo mucho más fuerte y hasta leo libros escuchando rock o cualquier otra cosa menos eso. Seguiré con mi investigación al respecto mientras, en estos momentos, escucho corre corre corazón proveniente del cuarto de mi hermana. ¡¿POR QUÉ, SEÑOR, POR QUÉ?!







jueves, 14 de febrero de 2013

Cupido me ha escupido

 Rayos, llegó este día. Seguro hoy la oficina estará infestada de rosas y peluches, es lo típico en una oficina con más de seis mujeres. Y seguro, para remate, pondrán ritmo romántica. Gracias a Apolo que tengo audífonos. Yo, una vez más, forever alone en estas fechas, pero más feliz que nunca de estarlo. Ya no me preocupo por mi soledad, ya no lloro por mi suerte ni porque me dejaron o engañaron. En todo este año que ha pasado he aprendido a sobrellevar muchas cosas, y desde luego a superar todo lo malo. Porque sí, me han pasado cosas horribles, y la más grande de ellas está, como para recordármelo siempre, trabajando en mi mismo trabajo, todos los días del año. 


 A veces, en un día como hoy, experimento diversos estados de ánimo. Por ejemplo hoy, ni siquiera me había despertado y mi mejor amiga Kelly me llamó para decirme un montón de cosas que no me acuerdo  porque jamás me acuerdo cuando hablo durmiendo (¿?) pero que de seguro eran bien bonitas y bien dulces como ella siempre sabe ser. Eso, al menos a una persona como yo, le hace inmensamente feliz, aunque seguramente mi felicidad transmute a ira y asco más tarde, cuando salga a jirón de la unión y vea la felicidad impregnada en los ojos de cada pareja... un momento...carajo, creo que después de todo si guardo cierto resentimiento con la vida. Intentaré ser lo menos notoria posible con mi mirada de reprobación en la calle, y en Cibertec solo espero que nada extraordinario suceda en pleno examen final de comunicaciones de negocios II, porque sí, estamos en finales. Ahí viene otro tema, me encanta tener examen final, disfruto con el sufrimiento de esas parejitas que no podrán tener una salida glamorosa porque tienen exámenes finales en Cibertec (Envidia, ¿donde?) ay.

 Sé que amistad nunca me faltará, y soy muy feliz con eso. Siempre he preferido un buen grupo de amigos con quienes conversar y beber que a una sola persona para besar y agarrar de la mano por la calle, y creo que por eso me dejaban últimamente. Desde un punto exacto de mi vida que no relataré, empecé a convertirme en un pequeño iceberg, y a veces siento que ya nada me conmueve, aunque en el fondo todavía desee que un ramo de rosas llegue a mi oficina o que alguien haga la mitad de todas las locuritas estúpidas que hice yo cuando estaba enamorada, porque, aunque usted no lo crea de Ripley, yo era una leyenda de las cartas de amor, los detalles y los regalitos hechos a mano. Pero bueno, dejando de lado la cursilería, sinceramente puedo vivir tranquila sabiendo que tengo amigos y de los buenos caminando a mi lado, y eso me llena de alegría. Veamos cómo cambia mi sonrisa con el pasar de las horas.

¿Catorce de febrero? ¿Dónde queda ese barrio?

domingo, 10 de febrero de 2013

Testamento

 Hoy limpié mi cuarto (qué milagro) y entre papeles viejos, sobres extraños y demás, encontré algo que escribí a los dieciséis años (lo reconozco por la letra horrible y mi piraña manera de escribir). Se trata de mi testamento. Alguna vez pensé que moriría cuando me dio un ataque de asma en el Fanning, así que, con ayuda de una compañera, escribí a manera de joda esto de lo cual no me arrepiento. Pondría la foto, pero me da mucha vergüenza porque el papel está todo viejo y horrible, así que preferí sólo transcribirlo y agregar sus actualizaciones. Veamos:


  1. Le dejo mi ropa a mi mamá, porque a ella siempre le gusta vestirse como chibola.
  2. Le dejo a mi hermanito Jorge todo lo que quiera coger de mi cuarto, menos mis carteras porque eso lo haría parecer bastante gay.
  3. A Jenny, mi hermana mayor, le dejo todo lo que pueda rescatar de mi humilde cuarto. También le dejo mis periquitos para que cuide de ellos. Por favor, Jenny, que jamás les falte alimento.
  4. A mi padre le dejo lo poco que tengo. Papá, perdóname por morir tan joven y sin plata.
  5. A mis hermanos César y Lilia, les dejo todos los juguetes que quieran sacar de mi caja de juguetes y recuerdos.
  6. A mi amiga Sofía le dejo todos mis parches de bandas punk, mi morral del colegio y todos mis hilos de bordar. 
  7. A mi amiga Dessireé le dejo todo lo que quiera para cuando vuelva de EEUU.
  8. Ahora que me acuerdo, tengo veinte soles en el segundo cajón de mi ropero. Mami, cógelos tú.
  9. Mi colección de lapiceros de colores se los dejo también a mi amiga Sofía porque ella más que nadie comprende mi amor por el arte. 
  10. A mi profesora de Educación Física le dejo la faja que mi mamá me regaló. Espero le guste, miss.
  11. La bomba marca ACME que guardo debajo del colchón se la dejo también a Sofía, para que en el primer descuido haga volar el colegio.
  12. A Alex le dejo el peluche que me regaló cuando cumplimos un mes. Perdóname por morir y no estar a tu lado, algún día tenía que pasar. Fue lindo mientras duró.
  13. Mi slam se lo dejo a quien lo quiera, ya no importa, pero terminen de llenarlo y píntenme la camisa.
  14. Tengo un álbum de stickers de pokémon, Jorge, creo que te lo puedes quedar. Pero con mi muñeco de Gokú si que me entierren, por favor.
  15. Mis barbies se las dejo a mi prima, igual siempre supe que se las llevaba sin mi permiso.
  16. Mi CD de Leusemia se lo dejo a Ana Paula, para que siga cantando "demolición" y nunca se olvide de mí.
  17. A mi profe Choque le dejo un fuerte abrazo nada más. Gracias por ser tan buen profesor y enseñarme tanto de la guerra de Perú y Chile, aunque jamás le entendí nada.

Para el 2013:
  1. Mamá, aún puedes coger toda la ropa de chibola que te guste de mis cajones.
  2. Jorge, hermanito, creo que ahora puedes llevarte mis all stars ya que ahora sí te quedan. Por favor, te vuelvo a pedir que no te lleves mis carteras. Recuerda que se te verá bien cabrito.
  3. Jenny, ya no tengo periquitos, pero recuerda que en el patio habita una gata del tamaño de un lince, y sí, te la dejo para que la mantengas y la quieras mucho. Aliméntala por favor.
  4. Padre, sigo pobre, pero esto ya es por mi culpa. Espero que cuando muera te dejen a ti cobrar mi liquidación. Llévate lo que puedas. Es tuyo.
  5. César y Lilia, hermanos, supongo que ya no quieren jugar con chucherías, así que tómense la libertad de escoger en mi cuarto lo que más les guste. Lilia, tendrás que pelear con mi mamá por mi ropa, eso sí.
  6. Mis parches punk, mi morral del colegio y mis hilos de bordar, si es que aún los quieres, estarán en mi casa, Sofía. Pero solo recuerda que debiste venirme a visitar antes de morir. Qué mal, qué mal.
  7. Dessireé, siempre esperé el momento para volvernos a ver, sinceramente pensé que volverías de EEUU. Si lo haces, reclama lo que te de la gana, si no te lo quieren dar ya no es mi problema.
  8. Mami, ya no hay veinte soles en mi cajón, pero supongo que se encargarán de darte toda la plata del seguro, AFP, y las demás huevadas que se encargaban de quitarme mi plata mes a mes. 
  9. Mi colección de lapiceros de colores, plumones, colores y demás creció en un 250%, pero ya no te las quiero dar, Sofía, sorry. Mejor amiga Kelly, ¡son todas tuyas!
  10. No sé si la profesora de educación física aún necesite mi faja, pero creo que Jhosy, tú le darás un uso más sexy. Toda tuya, mi vida.
  11. Lo de la bomba ACME solo fue una historia que inventé para alocar a las masas. 
  12. Alex, después de todo creo que sí te devolveré tus cartas y tus canciones (el peluche me dio alergia y tuve que envolverlo y mandarlo al olvido). Gracias por haber estado conmigo por casi cuatro años. Aunque nunca te dije, sí te quise mucho. Ya, chau. Morí.
  13. Mi slam se lo dejo a Jair, para que lo lea y se burle de lo amixer que era. Ya todas lo llenaron, ya me pintaron la camisa. No me arrepiento de nada.
  14. Mi álbum de stickers de pokémon lo botó mi hermana hace varios años, lo siento Jorge. Insisto: entiérrenme con el muñeco de Gokú que está en la caja de recuerdos. Mami, encárgate de eso por favor.
  15. Las cuatro barbies que me queda de las como treinta y cinco que tuve, mami, dónalas a algún albergue. Yo nunca me atreví, porque soy muy sensible y hacer esas cosas solo me entristecen más. Dona todos mis juguetes, pensándolo bien.
  16. Mi discografía ahora COMPLETA de Leusemia, seguirá quedando para Ana Paula, Rana, cuando quieras.
  17. A mi profe Choque, le sigo dejando solo un abrazo. Nuevamente, muchas gracias por lo de la guerra.

Y nada, terminé de limpiar mi cuarto y me maté de risa transcribiendo este testamento. Ahora sí, a dormir.