jueves, 27 de junio de 2013

Mi problema con las mujeres


 Año 1995. Estoy en el salón del nido, pegando bolitas de papel en un cartón para, posteriormente, entregárselo a la profesora y ganar así una estrella de las muchas que ya me habían dado; o sea, pan
comido. Una niña, a la que llamaremos margarita, observa detenidamente cada uno de mis movimientos, tal vez asombrada por mi entonces destreza para con las bolitas de papel, o tal vez solo celosa de que, minutos antes, la gorda profesora me haya manchado la cara a besos por motivos que mi memoria ha decidido borrar. Me dispongo a pararme de mi sillita azul con dirección al pupitre de la puerca maestra, cuando Margarita me mete un empujón y me manda a la mierda. Caletamente agarra mi trabajo y, mientras yo trataba inútilmente de pararme, ella se adelanta y le entrega a la profe mi cartón y mis bolas. No contenta con robarme mi estrella, voltea y me saca la lengua. 

Igualito
 Año 1997. Quiero hacer pichi. Los baños del Fanning están llenos y, misteriosamente, hay chicas grandotas, como de secundaria. Me parece raro que hayan dejado pasar a las chicas de secundaria al baño de segundo de primaria, pero no me quejo. Termino de mear, libero mi alma y salgo a lavarme las manos. Una chica que me doblaba el tamaño me dijo "¡Muévete, que no tengo todo el día!". Me muevo porque definitivamente Goliat no tiene todo el día y choco con el trasero de otra grandota que se había agachado a recoger algo. Me aprieta los cachetes mientras me gritonea cosas que no entiendo pero seguro es algo malo. Me empuja. Choco contra goliat; me vuelve a empujar. Me tienen de pelota. Se ríen; me pongo a llorar. Me botan del baño y se encierran a fumar weed -eso lo supe después cuando la auxiliar las sacó de los pelos y gritó "¡MARIHUANA! ¡NO SABEN NI LEER Y CON MARIHUANA!"-.

 Año 2000. Estoy jugando con una amiga a las rondas, en pleno salón y antes del recreo. Damos vueltas y vueltas y ya casi siento que me mareo. Nos detenemos un momento y se nos acerca Karina. Nos intenta dar la mano para unirse a nuestro juego y yo le digo "Tú no juegas" en uno de mis pequeños y escasos arranques de maldad colegial. Ella se va, le dice algo a la profesora y esta viene a separarnos mientras les grita a todas que se larguen al recreo, y a mí que me acerque. Me dice que decir esas cosas está mal y que cómo pude decirle a Karina que no "JODA". Me quedo sin lonchera y sin recreo, llorando en el rincón más forever alone del salón.

 Año 2003. Estoy en el gimnasio del colegio, sentada en el suelo y leyendo un libro. Me había escapado de clase de matemáticas y estaba esperando al profesor para decirle que me camufle en su próxima clase para que nadie me descubra. Entran unas chicas de cuarto o quinto, no recuerdo. Una de ellas me pregunta qué chucha hago ahí si yo soy de segundo y le respondo con una mirada nada más. Patea mi libro y me repite la pregunta con un tono más alzado de voz. Se caga de risa al ver mi libro en el piso y se va, caminando como puta escaldada.

 Otro día, ese mismo año, estoy en el segundo piso de los salones abandonados del colegio. Leo por enésima vez "la palabra del mudo" y, también por enésima vez, me había escapado de una de esas clases horribles que solía tener. Escucho ruidos raros. Me cago de miedo pero sigo fingiendo que nada me importa y continúo mi lectura: "Las decepciones, en general, nadie las aguanta, se echan al saco del olvido, se tergiversan sus causas, se convierten en motivo de irrisión y hasta en tema de composición literaria...". Otra vez ese ruido. Me paro, salgo del salón y camino hacia el de al lado. El ruido se hace más fuerte. Veo a dos chicas teniendo relaciones. Reconozco a una de ellas. Me quedo cojuda y luego corro. La conocida mía sale y me persigue. Me agarra, me tumba y me saca la mierda. Luego de meterme un puñete me amenaza por si se me ocurre abrir la boca. Voy a la enfermería y finjo haberme caído en el baño. La doctora sabe que soy una sana y que soy tan estúpidamente torpe, que me cree. Y se caga de risa en mi cara.

 Año 2004. Soy nueva en este salón. Entro y lo único vacío que veo es un asiento en la primera fila. Me siento y, a los dos segundos, me cae un papel en bolita. Escucho risas pero no hago nada, igual ya me habían dicho que por repitente me iba a ir a la tarde, y ya me habían advertido que turno tarde en el Fanning era el infierno. Estoy pasando las peores dos horas de mi vida, inmóvil en el asiento de adelante escuchando una clase de comunicación integral, hasta que por fin termina. Me levanto de mi asiento rumbo al baño y salgo del salón. Bajando las escaleras siento que me agarran del hombro y me dan la vuelta. Son cinco. Una de ellas dice: "Así que la nueva... Cuidadito con salirnos rebelde". Me cago de miedo y se me nota en la cara. La chica sonríe y me dice:  "Si no quieres que te molesten, puedes juntarte con nosotras". Consigo mis primeras amigas matonas del colegio.

 Ese año aprendo todo lo que puedo aprender de ellas. Descubro que no soy igual, que me gustan otras cosas y que nuestra forma de pensar no es afín, pero callo. No quiero perder a mis amigas. Me convierto en cómplice de sus escapes, les hago la tarea y las cubro cuando se tiran la pera. Aprendo a mentir. A cambio, ellas me cuidan y me enseñan a defenderme. Me enseñan a levantar la voz, a no quedarme callada. Me enseñan a ser segura de mí misma y me enseñan a pelear (a cocachos aprendí mi labor de colegial). En el fanning tu única labor de colegial era no morder el polvo al final del día.

 Año 2005. Con los nuevos conocimientos adquiridos en el turno tarde, regreso a la mañana. Busco a la chica que más bullying me hizo en toda mi etapa escolar y la encaro. Me ve y se caga de risa. Le hablo como nunca le hablé en su vida y abre los ojos como plato. Nos mechamos de manera épica en un rincón de su salón. Termino en la dirección, con un pedazo de cara en el suelo y un ojo colgando. Mentira, nunca tanto, solo moreteada y sin un poco de pelo. La sonrisa en mi rostro es única. No puedo ocultar mi enorme felicidad al saber que, a partir de hoy, nadie volverá a pasar por encima de mí. No mientras pueda defenderme.

***

 Desde épocas inmemorables, este pequeño ratón ha sido víctima del maltrato femenino. Seguro porque desde chiquita siempre fui muy sumisa y tranquila, o porque todas a mi alrededor siempre crecieron más rápido que yo. Jamás me sentí parte de ningún grupo de chica en particular, siempre fui "pulseando" grupo por grupo, buscando algo para tener en común y que realmente me gustase. No lo encontré. Hasta ahora creo que no lo he encontrado, porque las pocas amigas que tengo son muy distintas a mí. Una vez más, les agradezco en el alma a todas esas chicas del Fanning, porque sin ellas y sin sus maltratos, jamás hubiera podido construir esta personalidad que tengo ahora. A ellas, un fuerte abrazo y una nalgada. 

martes, 4 de junio de 2013

La caja

 Seguramente se preguntan esto bastante: ¿Por qué la URL de este blog es LA CAJA DE COX si el blog se llama *se llamaba* UNA RATA LLAMADA LALO? ¿Cuál es la relación entre la caja y la rata? ¿Acaso tiene una rata en una caja? ¡¿Qué carajo?! -Ok, conozco gente rara que de hecho SI podría preguntarse eso-. Pero bueno, si es que no se lo han preguntado, tómense unos segundos para meditar al respecto antes de continuar leyendo. 

...
...

 Ok, basta. 

 Cuando yo creé este humilde blog un lluvioso día de no me acuerdo cuándo carajo fue, estaba como muchos de ustedes amigos bloggeros, preguntándome qué diablos podía poner de url para que pegue, para que la gente del ciberespacio vea y diga "Oh YaRa kE LoKazO, a VEr Ke HAy" y poder así ganar seguidores y, posteriormente, el oscar. Pregunté a un amigo del facebook qué pondría él si tuviera que crear una página web o algo por el estilo, y él me respondió que, al fiel estilo de las mejores bandas del mundo, el nombre debía salir espontáneamente; que probara primero con cualquier objeto que tuviera a mi alcance en ese momento. Casualidades de la vida, lo primero que vi a mi izquierda fue una regla de treinta centímetros; a mi derecha, un peluche y en frente tenía mi caja de recuerdos. Imagínense algo como LA REGLA DE COX o EL PELUCHE DE COX. No pues.

Perris Hilton, mi creación
 Caí entonces en la cuenta de que la caja que estaba en frente de mí era más especial que cualquier peluche o regla que pudiera tener en mi cuarto; en esa caja no solo guardaba chucherías de colección, guardaba parte de mi vida. Dejé la laptop a un lado y me tiré al suelo; abrí la caja y, uno a uno, fui sacando mis recuerdos. Saqué hasta el último papelito y empecé a clasificarlos y ordenarlos. Tenía cartas antiguas, pins de bandas que antes me gustaban, cancioneros, hojas arrancadas de cuadernos del colegio, recuerdos de mi época de profesora, fotos de mi infancia, los recuerdos de mi primera comunión, las entradas de los conciertos y tocadas a los que he ido, algunos juguetes, dibujos que hice en la época del paleoceno, postales, recibos, más cartas y hasta -mátense-:encontré un autógrafo de Pepe (*-*) de la desaparecida y pajísima banda peruana ALIADOS, de la cual me volví hincha por allá por los mediados del 2000. Tenía -tengo- como dije, la vida entera en esa caja.

 Recuerdo que alguna vez mi mamá me dijo que debería botar algunas o todas las chucherías que ahí atesoraba, pero lamentablemente soy de esas personas que lo guardan todo, me gusta ser sentimentalona y ver cosas de antaño, para recordar lo idiota que era o simplemente para recordar lo que solía parecerme bonito -y que ahora no me produce ni mierda-. Supongo que es parte de crecer y madurar eso de que ya no me emocione mirando mi autógrafo de Pepe ni llore mirando mi libreta del cole. Suele pasar, no siempre te van a gustar las mismas cosas, ni la misma música ni la misma ropa. No siempre vas a tener los mismos sentimientos hacia algo.

 Hace pocos días volví a sacar la caja de su oscuro y olvidado lugar en mi cuarto. La limpié un poco, la puse sobre mi cama y abrí su tapa. Uno a uno, nuevamente, fui sacando todos los diferentes recuerdos y decidí entonces escribir esta entrada. Decidí también volver a organizar mis papelitos y chucherías, y bueno, como no todo dura para siempre, también depuré una que otra cosa. Era necesario.


 ¿Listos para traumarse con mis fotos? - Me encanta compartir. Ahí les va.



*Esta es mi caja, la compré en saga en la sección de niñas, es un poco pinky y con cojudeces escritas. No me juzguen.



*Todas mis entradas. De hecho faltan, algunas se me han perdido.  



*¡Chicas un gritoooo! *Cri cri cri* 



*Las inmortales fotos de la infancia. Salgo preciosa. 

jueves, 30 de mayo de 2013

"¿¡Quién huele a puta!?"

 Lo recuerdo como si fuera ayer. Estábamos alrededor de doscientas alumnas sedientas de libertad en la puerta de salida del rico Fanning. Hacía calor, no nos dejaban salir y eso ocasionaba que cada vez más chibolas se aglomeren para poner un pie en la calle y correr a chapar su micro o -con suerte- a su pelado del Alfonso Ugarte o el Melitón. En medio de la multitud, estaba este pequeño pericote, con sus lentes y su tamaño promedio-bajo, soportando el calor y los empujones. La sub-directora había dado la orden de que nadie saliera del colegio hasta revisar todas las mochilas. Se había perdido un puto audífono del laboratorio de computación. Una tarada se había robado algo e iba a pasar el peor roche de su vida cuando la descubran (sobretodo porque conociendo al alumnado de mi cole, fácil hasta moría ese mismo día la pobre).

                         

 Como se iba haciendo más y más tarde, las alborotadas alumnas aprovecharon para ponerse -digamos- bellas para la sarta de delincuentes que las esperaban afuera -llámese enamorado-. Se empezaron a pintarrajear, a peinar y a echar diversos menjunjes en la cara para estar presentables. Yo, como era chata, asmática y muy irritable, estaba como cucaracha cuando le echan raid. Los diferentes olores de los perfumes de cyzone de moda se juntaron en el aire que estaba respirando e hicieron una mezcla vomitiva. El calor de Abril, el olor a ala fannista, uno que otro olor que no mencionaré y ENCIMA los perfumes de mierda... yo estaba muriendo de asfixia. Pero bastó una pequeña pulverización de DANCING (léase "perfume barato de Cyzone que TODAS las chibolas usaban en el 2006") para que mi pequeño ser lentudo y pacífico se achore tipo Videl cuando Spopovich le estaba sacando la mierda. Así.

 No vi bien quién fue la chica que se bañó con el dancing, pero cuando el olor llegó a mis fosas nasales la respiración se convirtió para mí en un deporte extremo. Mi cara estaba hirviendo de cólera, la cabeza me dolía de tanto calor y mi reloj marcaba la 1:56, hacía millones de minutos debería haber estado en mi casa pero NOOO...  La chica de adelante volvió a echarse el vomitivo perfume y solo atiné a gritar: "¡¿QUIÉN HUELE A PUTA?! ¡NO TE ECHES MÁS, APESTAS IGUAL!" -Error: pensar en voz alta, a voz en cuello. Lo que vino a continuación fue una puteada infinita, amenazas de muerte, "¡afuera te espero!", "UUUUUUHHHHH"'s por parte del millón y medio de alumnas y "¡A VER ALUMNAS, CALMA!" por parte de la auxiliar. Pero yo, como buen pericote escurridizo y pequeñito, ya tenía un pie afuera del colegio. Como pude me puse en la primera fila, me revisaron la mochila y la piqué, sobretodo porque descubrí que quien olía a puta era nada más y nada menos que una gigantezca adolescente de quinto de secundaria, que bien pudo sacarme la mierda como Spopovich a Videl. De la que me salvé.


JAJAJA de hecho existe 

viernes, 17 de mayo de 2013

Yahoo respuestas

 Todos alguna vez hemos sido presos de una duda que no nos ha dejado dormir por las noches y no nos ha dejado vivir en paz. Desde dudas sobre salud, cocina, amor, música y hasta -por qué no- los significados de nuestros sueños, muchas veces hemos recurrido a google y las respuestas que encontramos, lejos de aclararnos la mente, nos confunden más.

 El conocidísimo portal de preguntas y respuestas Yahoo, a mi parecer, es una sonsera. A pesar de que casi siempre encuentro lo que busco y no me quejo, muchas veces me he topado con preguntas estúpidas pero no tanto como la respuesta que tienen. Ahora, ¿cómo sé que hay preguntas estúpidas? -Ok, si no has googleado "¿Cómo se llama la canción que dice LALALALA WI WI WI UOOOHH UOOOH?" no has tenido infancia, al menos no como la mía- Así que, pregunta resuelta. Por ahora solo necesitamos un poco de aburrimiento, nada que hacer y mucha imaginación para googlear, a parte de lo que están a punto de ver, muchas más tonterías. Al menos te alegran el día.  

Con ustedes, algunas Yahoo preguntas y respuestas para pensar en llevar a tus hijos a terapia.


*Al escribir esta pregunta en google, jamás pensé que encontraría respuesta.


*Pensé que mi gata era la única




*A meternos al panal para chapar buen ritmo

































*Este sí se pasó de pendejo



*Jamás dejes que te llamen floja por un poco de arroz.

































*¿Cómo se llama esa canción?

martes, 7 de mayo de 2013

Azul


  • Azul el mar, que de vez en cuando veo por el malecón Armendáriz.
  • Azul el cabello de la muñeca de Marge Simpson que me compró mi papá.
  • Azul mi silla en la oficina. Azul mi fotocheck y azul toda la empresa. Azul el color de GSS.
  • Azul la crayola que una vez me comí en inicial.
  • Azul el primer calzoncillo que vi en mi vida: El de Salvador, mi amigui del barrio, a los ocho años. 
  • Azul mi cuaderno de historia en el cole. Azul mi uniforme y mi buzo. Azul mi lazo para el pelo y azules mis aretes. Azul con rosado el Fanning.
  • Azul... porque este amor es azul como el mar azul. 
  • Azul mi pez favorito de todos los tiempos, Dory.
  • Azul la ropa de Vegeta, azul el pelo de Bulma y azul Puar. 
  • Azul el más inteligente, guapo y fuerte y todos, además de mi favorito de los Power Rangers: Billy Cranston. 
  • Azul el ave más preciosa del mundo, el guacamayo jacinto. 
  • Azul mi gaseosa chiki preferida, la de sabor a chicle.
  • Azules los arrecifes que muero por conocer en Australia.
  • Azul el moretón en mi rodilla.
  • Azul mi ropa favorita. Azules casi todos mis polos, azules mis pantalones y azules mis medias panties. 
  • Azules los ojos del gato siamés del parque Kennedy. 
  • Azules las mariposas que más me gustan. 
  • Azul el lagartijo de Ned, uno de mis dibujos favoritos de la infancia.
  • Azul mi color soñado para pintarme el pelo, pintar mi cuarto y pintar todo.
  • Azul en todas sus variaciones. Azul cobalto, azul marino, azul cerúleo. Azul índigo, azul cyan y el azul de prusia. La infinita gama de azules del mundo. 
  • Azul el color de mi aura, según Natalia.
  • Azul el monstruo come galletas.
  • Azul el color que, de todas las aves, sólo los búhos son capaces de ver. Lo que los hace parte de mi lista de "aves favoritas". 
  • Azul mi color favorito. Azul el planeta; azul lo más vivo, hermoso e increíble del mundo. Menos avatar y los pitufos, esos si me llegan, píntenlos de rojo o marrón.


..."Si tus pies hoy nacieron viento, déjalos correr; y si tus manos con las plantas, déjalas crecer. Vive de azul, porque azul no tiene domingos. Ríete al fin, que llorar trae tanto frío, más frío que olvidar cómo ver..."


viernes, 26 de abril de 2013

La actuación

 En el 2008, cuando era profesora de Inglés en un colegio de Surco, me encargaron una tarea muy especial para el día de la madre. La directora, alegando que yo era la más joven del equipo, me pidió lo que consistía, más o menos, en enseñarle a todos los salones de todos los grados una coreografía para la actuación.

 A mis 17 años, como es lógico, me sabía todos los éxitos radiales del momento. Para los niños de inicial elegir la canción fue bastante sencillo: los de tres añitos bailarían "el pollito Lito"; Los de cuatro, negroide y los de cinco ya tenían conocimientos básicos de democracia y me tiraron un pedazo de limpiatipo cuando quise imponerles "Saya negra". Terminaron votando por HI5 -Toditos a estas alturas seguro son Believers-. Hasta ahí, todo sencillo.

 Con primaria tenía un reto aparte, porque esos pequeños Damianes ya sabían de perreo a poca luz y sentir la química. Pero hubo un grado en especial en el que me gustaría enfocarme y es el segundo. Después de haber elegido canciones para todos los demás grados, pensé en los niños de siete años. La primera canción que pasó por mi mente fue una "bien bonita" que había escuchado en la entonces no tan bagre ONDA CERO. Fui al mercado de surco, compré uno de esos famosos "MIX CALIENTE 2089 - LAS MÁS MÁS DEL VERANO - TU MIX TONERAS 2096" -Esos donde nunca falta la calata en la portada- y ahí estaba esta canción. Pedí prestado el radio y encerré a los niños en el salón para el respectivo ensayo. Empezamos con la coreografía, ellos me seguían en cada paso e íbamos practicándolo cada vez que uno de ellos fallaba. Iba a ser LA actuación; estos niños eran los más entusiastas del colegio entero y las expectativas por parte de la directora y las demás profesoras eran máximas. Pero lo que pasó fue una desgracia, un horrible error mío, producto de mi inocencia adolescente.

 Los días pasaron, habíamos suspendido clases los últimos cuatro viernes anteriores al gran día para poder ensayar con toda la comodidad necesaria. Yo terminaba muerta, mi rutina esos cuatro viernes fue una desgracia, pero estaba contenta con los resultados. Todos los salones tenían su coreografía armada y los nervios aumentaban conforme pasaban las horas.

 Llegado el gran día, todos los niños estaban vestidos, todas las mamás y algunos papás estaban ubicados, las mesas servidas y las profesoras mordiéndose las uñas. Empezamos con los más pequeñitos y sus disfraces de pollitos, luego unas chenchualonas niñitas de cuatro añitos con sus falditas moviéndose al ritmo de negroide. Después, mis bebes de cinco sorprendieron a todos con su musical de Hi5 y los de primer grado impactaron con su mix de merengue y sus bailes. Hasta el momento el colegio era un solo de aplausos, llantos y orgullo maternal al mango.

 Cuando fue turno de segundo grado toda la alegría de los padres se fue al carajo. Se ubicaron los niños adelante, las niñas atrás y los primeros se agacharon mientras las mujeres estaban dando la espalda. A medida que sonaba la música los hombres se paraban haciendo un movimiento de olas con las manos y las niñas iban volteando. Se sabían la coreografía a la perfección. Todos saltaban, hacían mímicas y sonreían con una inocencia única en sus rostros; Pero, de repente empecé a notar rostros de decepción y enojo en la cara de los asistentes y las profesoras, y me pregunté qué podía ser. La directora se puso roja de cólera y prácticamente me arrastró a un salón y me gritó: ¡¿"Cómo mierda les vas a hacer bailar una canción de homosexuales?!" Yo no tenía ni la menor idea de que "Todos me miran" de Gloria Trevi se había convertido en un himno gay. Los padres me odiaron y me odiarán de por vida.

Ahora mis ex alumnos son los de KAZAKY XD!


jueves, 25 de abril de 2013

Una madre cansada pega menos fuerte

 Como todos saben, se acerca el segundo domingo de mayo, y ya todas las tiendas, empresas, marcas y etc. nos empiezan a hostigar con la publicidad por este día. Todos nos garantizan que, con sus productos, nuestras madres serán las más bellas, las más felices y las únicas "reinas" en su día especial. Pero hay algo que desde siempre me ha llamado la atención, y es precisamente los productos que ofrecen y todo el chongo que se arma previo al día de la madre.

 No sé a quién se le ocurrió alguna vez, en la antigua Grecia quizá, que una madre de familia es sinónimo de "empleada del hogar". Las ofertas en electrodomésticos, menaje, ropa de cama y demás en este rubro abundan, por no decir que son más del 80% de las sugerencias de regalo para mamá. Esto me hace pensar que si yo le regalo a mi madre un juego de ollas simplemente le estoy diciendo: "Toma, para que sigas esclavizada cocinando". Más o menos así. En cambio, qué bonito sería llevar a mamá a escoger algo que le guste realmente, algo que ella quiera. La mía, por ejemplo, sé perfectamente que se escogería un buen par de zapatos, no unos cubiertos facusa ni un mantel.


 Sonsera aparte es lo de los colegios. Como sabrán muchos, yo fui profesora de inicial por un período bastante corto donde pude ganarme con mil cosas. Aquí viene un tema del cual me quiero apartar totalmente cuando sea madre: Las actuaciones. Todos los años escuchaba la misma queja de boca de mi madre y era la siguiente: "¿Para qué voy a ir si tú ni bailar sabes?" - Ok, eso era bastante chocante a nivel psicológico, pero ya lo superé- Y, en parte, tenía razón. Esas actuaciones solo eran una gastadera de dinero y tiempo, porque al menos mi mamá SI tenía cosas que hacer. Recuerdo que la directora del nido donde yo enseñaba prácticamente me obligó a cobrar más de treinta y cinco soles por el alquiler del vestuario para la actuación de los niños que iban disfrazados y, en el caso de los demás, tuvimos que obligar a los padres a comprar tal polito o tal pantalón para que todos salgan igualitos. Encima todos actuaron mal, y mejor ni decir lo mucho que los padres de segundo grado terminaron odiándome, eso fue roche aparte. Peor aún, ni hablar de los "regalos" que nos hacían pintar y decorar, ah no, eso era por lo menos unos quince soles más. Ese año recuerdo que mis alumnos de 5 años les dieron a sus mamás unos cuadros de madera que lo único que tenían de bueno era que estaban pintados por sus manitos y su amor eterno e inolvidable. Una metida de rata infinita y profunda.

 Ahora no sé si las cosas habrán cambiado, la verdad que hace muchísimos años que no asisto a las actuaciones ni de mis hermanitos (hermanotes ahora), pero supongo que mientras ustedes como madres y padres sigan permitiendo que en el colegio les metan la rata, siempre tendrán actuaciones mediocres y regalos horribles por parte de sus hijos. Ok, no seamos tan basuras, digamos que SI te enorgullece que tu retoño esté delante de cincuenta personas semi calato y haciendo el ridículo. Ok. Y si tú, que me estás leyendo, eres madre y no quieres seguir recibiendo frigideres ni microondas ni juegos de sala, dile a tu marido que te compre ropa y te regale una exfoliación de cacharro o unos zapatos. No pierdes nada.

JAJAJA

jueves, 18 de abril de 2013

Top 20: La vejez

 Este es un pequeño recuendo de "las veinte cosas que me hacen sentir vieja". Yo, nacida en el primer día del segundo semestre del año 1990 me considero ya una chibola del ayer, ante tanta nueva cosa, tanta nueva música y demás. Disfruten, búrlense y siéntanse viejos como yo. Kleenex a la mano, let's go. 

Me hace(n) sentir vieja...
  1. Los niños del '95, porque ya tienen DNI y están trabajando, y yo los veo como unos bebés .
  2. Mis hermanitos menores, que ya me pasaron en tamaño y mi hermanita cumple quince la próxima semana. 
  3. Los hermanitos de mis amigos que ya beben y fuman.
  4. Jake de "Two and a half men" que está grandote.
  5. Cuando me pongo mis tabas y mis polos y mi mamá me dice que "ya no estoy para esas cosas".
  6. Harry Potter.
  7. Que la mayoría de personas de mi generación tiene hijos -¿o tal vez solo las de mi colegio?
  8. Que yo solo conocí hasta la barbie aeromoza. Ahora hay hasta barbie travesti robot con puerto USB, con wifi y bluetooth.
  9. Que ya nadie juegue "mundo", "San Miguel", "kiwi", "7 pecados" o canicas. Ahora todos juegan League Of Legends.
  10. Antes me decían que parecía de catorce. Hace un rato me dijeron que parezco de veintitres. TENGO veintitres, idiota.
  11. Ver la foto de mi DNI y ver a alguien completamente distinto.
  12. Una de mis canciones favoritas de los ochentas, "Summer of 69". Se lanzó en el 84, la escuché  por primera vez en el 99 y siempre deseé un verano como aquel. 
  13. Que hayan pasado siete años desde que terminó mi serie favorita de todos los tiempos: That '70s show.
  14. Que el "nuevo milenio" fue hace ya trece años, cuando yo tenía diez y lloraba en el balcón pensando "tengo diez años, ¿por qué me voy a morir tan chiquita?"
  15. Darme cuenta de que cuando vi Dragon Ball por primera vez tenía cinco años. Han pasado dieciocho y todavía se me pone la piel de gallina escuchando sus canciones y esperando el estreno de "la batalla de los dioses". 
  16. Los escolares que me dan asiento en el Metropolitano.
  17. Ser madrina.
  18. Que Eddie Vedder vaya a cumplir 50 el próximo año. Cuando lo vi en MTV era tan bonito y joven... Ahhh... los noventas.
  19. Rod Stewart.
  20. Los niños de ahora, que frontean, bailotean, perrean y sudan. Yo vi los teletubbies hasta los diez.

miércoles, 10 de abril de 2013

El tallarín con pollo

 Cuando era chiquita y vivía en Lince, solía quedarme sola en mi casa por horas, leyendo, viendo tele o simplemente jugando. Me gustaba darle de comer a mis periquitos y lanzar piedritas a la ventana de Dessireé, mi amiga. De vez en cuando asomaba mi pequeña cabeza por la ventana para mirar cómo jugaban los otros niños, y recuerdo que deseaba la muerte de todos ellos. Cuántos recuerdos -y cuánta ironía, ahora son mis amigos- Me distraía bastante, recuerdo, pese a haber sido una pequeña tan solitaria.

 Una de esas mañanas enteras que pasé sola en casa, me tocaron el timbre. Emocionada, fui al intercomunicador viejo y me empiné para contestar. Una voz aguardentosa me dijo -qué me dijo, me vociferó- que cambiaba pollitos por botellas. Le pedí al señor que no se vaya, que ya iba y corriendo busqué debajo de las mesas. Encontré tres botellas de pilsen y sin pensarlo dos veces le abrí la puerta a un señor completamente desconocido, que bien pudo haber sido un violador/asesino. Recordé demasiado tarde las recomendaciones de todos y entré en pánico. Me puse en modo "mi pobre angelito" y con lágrimas en los ojos levanté la botella, soñando con rompérsela en la cabeza al primer intento de asesinato. Sin embargo, un señor con cara amigable se presentó ante mí y me preguntó si tenía la botella y le dije que si, y -obviamente- la bajé de la posición de ataque y se la entregué. Él me entregó una cajita y se fue. Cerré la puerta feliz de no haber muerto y al destapar la caja me encontré con una pelotita amarilla, esponjosita y muy chillona. Esa motita adorable era mi pollito. Lo llamé Angelito.

 Con Angelito pasé buenos momentos. Lo tenía en una cajita y le daba de comer maiz pequeñito que mi mami traía no sé de dónde. Todos lo adoraban, hasta mi padrastro que parecía no amar a nadie demostraba cariño por él. Todos se preocupaban por su comida, le acondicionaron una especie de refugio y él vivía tranquilo. Yo era feliz viéndolo crecer, jugando con él a los picotazos, etc. Llegaba del colegio y me iba de frente a verlo. Creció hasta convertirse en un pollo gigante (nunca pude saber si fue gallo o gallina) pero seguía siendo tierno y engreído conmigo. Pensaba que él era mi mejor amigo y que nunca dejaría que le pase algo malo. Pero -Y siempre hay un pero-  nuestra felicidad como pollo-amigos no duraría mucho.

 Un buen día llegué del colegio, dejé mis cosas en su lugar habitual y corrí a ver a mi polluelo amigo. No lo encontré y pensé "debe estar por ahí escondido". Así que entré a casa y saludé a mi mamá. Ella estaba nerviosa y me dijo que me lave las manos para almorzar. Pregunté por Angelito y Charles, el hijo de mi padrastro, se empezó a cagar de risa con todas sus fuerzas, seguido de su hermano Anthony y mi propio padrastro. Todos se reían menos mi mamá. Volví a preguntar por mi pollo y Charles levantó su pierna, la mordió y dijo: "qué rico está el tallarín con pollo".

Siempre te recordaré así de tierno, Angelito

viernes, 5 de abril de 2013

La tienda de mascotas

 Hoy me topé con una noticia que me alegró el alma. Cerraron el Jr. Ayacucho, en el centro de Lima, donde vendían animales, el que está justo a la vuelta de RENIEC, paralela a Abancay. Para nadie es un secreto el tema del tráfico de animales que reina ahí, o las pésimas condiciones en las que mantienen a animales que de nada tienen la culpa más que de haber caído en manos de esa gente inescrupulosa. Hace un par de horas, al leer esta noticia recordé algo que me gustaría compartir con ustedes. 

 Yo solía tener periquitos en mi casa, desde que tengo memoria recuerdo a mi padrastro colgando jaulitas, enseñándome que el alpiste es para el periquito y NO PARA MI, y que el agüita hay que cambiarla -de preferencia- dos veces al día y etc. Siempre cuidaba a mis mascotitas y me empeñaba por taparlos de noche, destaparlos de día y recordarle a mi mamá que había que comprarles comida cada vez que ella iba al mercado.

 Siempre que mi padrastro cogía la jaula para algo, yo brincaba de alegría porque eso significaba que lo acompañaría al centro, donde adquiríamos nuevas cosas como juguetitos, bloques de arcilla, palitos de alpiste y demás huevaditas que ayudaban al ave a tener el piquito más fuerte, etc. Recuerdo que nos atendía siempre el mismo señor gordo y barbón, que sacaba mi mascota de la cajita, la agarraba fuerte y le echaba un spray debajo de las alas, que servía para matar los pequeños ácaros que suelen tener las aves. Yo correteaba por todo el local, mirando los animales que se exponían como se expone un yogurt en Metro. Supongo que era muy chiquita para entender toda la maldad que ahí se escondía. 

 Mientras el señor barbón desparasitaba a mi ave, yo hacía mi recorrido por todo el local, donde encontraba perros, gatos, agapornis (Si no sabes qué es un agaporni, haz click aqui), palomas, cocatiles, periquitos, gorriones pecho rojo, canarios normales y canarios cantores, conejos grandes, conejos enanos, hámsters rusos, pequeñitos y grandes, peces: Nemo, Dory, Marlin, tortugas ninjas y tortujas charapas. Había de todo. Yo iba puesto por puesto, y agarraba de lorna al primero que veía, y lo tenía harto preguntándole cómo se llamaba tal o cual animal (por eso sé tantos nombres de tantos animales) y si me portaba bien y mi guía turístico de turno era amable, podía tener un conejito o un hámster pequeñito en mis manos y acariciarlo por unos segundos, hasta que me lo quitaba y volvía a ponerlo en la jaula. 

 Mis visitas al Jr. Ayacucho eran más o menos frecuentes. A medida que fui creciendo fui yo sola viendo por el bienestar de mis periquitos, entonces era yo quien los atendía, ya no iba con mi padrastro porque yo conocía el lugar a la perfección. Sabía que tenía que salir al Hospital del Empleado, tomar un carro hacia Abancay y bajarme en la antigua biblioteca para caminar un par de cuadras y listo. La tercera vez que caí en ese lugar repugnante yo tenía catorce años y un lorito nuevo, que me había encontrado en la calle a la salida del colegio. Como no sabía dónde más llevarlo, recurrí una vez más al centro de Lima, y busqué a quien recordaba como "el señor que curaba a mis periquitos". Entré con el ave en mis manos y en menos de cinco pasos tenía a un aproximado de siete personas ofreciéndome dinero por él. "Deben estar bromeando" me decía en mi mente mientras me negaba de todas las formas posibles y seguía caminando en busca del gordo ese. Cuando llegué a su puesto, no vi a nadie así que entré. A primera impresión, las aves eran como cualquier ave infeliz pero saludable en jaulas amplias y con el tazón lleno de comida. Hasta que seguí avanzando al ver que no había nadie en la tienda. Entré a una especie de depósito y lo que vieron mis ojos quedará por siempre alimentando mi odio hacia ese hombre: Había una jaula asquerosa, sucia y vieja medio tapada con una frazada que dejaba entrever plumas y deshechos propios de un animalito. Decidí destapar esa jaula para ver qué tipos de loros habían y solo vi piwichos muertos, uno encima de otro. 

 Salí asustada del lugar, pegué mi lorito al pecho y lloré sentada afuera de RENIEC. Un chico de unos veinticinco años aproximadamente me había seguido. Se sentó a mi lado y me dio una bolsita de semillas de girasol (alimento preferido de los loros... y mío... en esas épocas) y me dijo que él también había visto eso. Nos quedamos conversando un buen rato, me acompañó a tomar mi carro y adiós.




martes, 19 de marzo de 2013

La bolsa de basura

 Era domingo (5 de Julio del 2009 para ser más exactos) y yo caminaba por una avenida de San juan de Miraflores. El frío era espantoso y yo apresuraba el paso cuando, de pronto, vi esa bolsa de basura tirada en una esquina. Era de esas bolsas que no le importan a nadie; y no me hubiera importado si es que esta bolsa no se hubiera movido cuando yo me acerqué. Al principio pensé que eran solo intrusas cucarachitas que buscaban su festín entre los restos de la basura pero, al alejarme, escuché un debilucho maullido proveniente de esa misma bolsa. Sin pensarlo dos veces me acerqué, me arrodillé  y puse un dedo en el plástico y, como era de esperarse, una uñita se me incrustó inmediatamente. Me pareció haber visto un lindo gatito.

 Desgarré el polietileno barato y una cabecita de no más de diez centímetros de diámetro se asomó, y lo primero que hizo al ver mi cabello suelto fue ponerse a jugar con él, y conseguir arañarme la mitad de la cara. Estaba con todos los pelos erizados y las pupilas dilatadas, prácticamente muriendo de hambre, porque la delgadez de su cuerpito dejaba sus huesos a la vista. Me quité la chalina que traía y envolví al hambriento gatito, mientras el desgraciado no paraba de jugar "michi" con mi cara. Lo llevé a donde estaba yendo, lo alimenté, lo abrigué y seguí permitiendo que juegue conmigo y me di cuenta, al levantarlo para ver si tenía pulgas, de que se trataba de una linda gatita. La observé con detenimiento y me enamoré de ella al instante. Sus ojos eran verdes, su pelaje era marroncito con negro y un poco de rubio, atigrado. Estaba muy sucia, extremadamente sucia y yo me llené de ira por la injusta condición en que la había encontrado, pero tenía que pensar en cómo hacer para conservarla, porque en mi casa me iban a botar con todo y gata. No lo iban a permitir. 

 Compré en un mercado cercano una bolsa de alimento para gatito, pedí otra bolsa un poco más grande y ahí metí mi chalina y a mi nueva amiga, con su bolsa de comida al lado y me subí al carro que me llevaría a mi casa. En todo el camino se durmió, agotada, y yo le rascaba suavemente la pancita mientras más de uno me miraba enternecido y me pedía permiso para tocarla un poco. Ella ni se inmutaba, estaba durmiendo de lo más tranquila. Así estuve todo el camino.

 A medida que me acercaba a mi casa, mis nervios crecían porque no sabía cómo reaccionaría mi mamá, mi padrastro, mis hermanos. Ya estaba pensando en hacer un anuncio vía Facebook o Twitter o algo para darla en adopción, o dejarla en una veterinaria. Me puso triste pensar que nunca volvería a sentirme tan feliz después de haberla rescatado para darla en adopción, me parecía ridículo pero tenía que resignarme SI o SI, porque en el edificio lo menos que querían era una mascota. Llegué y ella de lo más tranquila sacó su cabecita por la bolsa, dándome un aspecto Paris Hilton con su perro en la cartera (ok, mi vecino me dijo eso y se burla de mí cada vez que lo recuerda). Subí las escaleras despacio con mi vecino al lado diciéndome "ya te cagaste, la van a mandar a chincha" y demás incoherencias que sólo incitaban en mí un deseo de asesinarlo y colgarlo de pelotas en un cable de alta tensión. 

 Abrí la puerta y estaba mi mamá. Vio a la gata y me dijo que salga y vuelva a entrar porque no podía creer lo que estaba viendo. Ok, cerré la puerta, volví a entrar y mi mamá me dijo "desapareces mañana ese gato". "Mañana" me pareció un tiempo prudente, porque ya eran como las nueve de la noche y hacerme "desaparecerlo ahora" se me iba a hacer imposible. Entré a mi cuarto y mi hermana también me botó. Salí a la sala y mi hermanito se sentó a mi lado a acariciar a la gata mientras sonreía, de lo más feliz y contento. Y ahí se me ocurrió la mejor idea de mis, en ese entonces, diecinueve años de existencia. 

 Al día siguiente era cumple de mi pequeño hermano, seis de Julio del 2009. Me levanté temprano, puse a la gata en una cajita de zapatos y le dije que no hiciera ruido, y ella me obedeció. Tapé la caja un poquito y entré al cuarto donde estaba mi hermanito, su papá y mi mamá. Grité ¡FELIZ CUMPLEAÑOS JORGITO! y abrí la caja. La gata sacó la cabecita, mi padrastro me miró como diciendo "tú estás bien huevona..." y mi mamá me abrió los ojos como diciendo "vete mierda o te saco la conchh...". Mi hermanito dio un gritito gay y se lanzó a la caja. Ambos padres se miraron y mi hermanito les jugó el sentimiento con su pregunta de "¿Puedo conservarlo? por fa, si si... ¿siiiii?". Sus caras eran de indecisión total, pues a él jamás le han negado nada en la vida (infeliz). Mi hermano agarró la caja, sacó a la flacucha gatita y se puso en modo veterinario, pidiendo (exigiendo) que le compren comida, que la bañen, que la cuiden. Papá y mamá me miraban, yo me encogí de hombros y me fui a trabajar, de lo más feliz.

 Desde ese día han pasado ya tres años y ocho meses, a la gatita decidí ponerle de nombre "bolsa" en honor a su lugar de "nacimiento" pues para mí ella nació ese 5 de Julio. A los seis meses decidí operarla para evitar que sus hijos pasen por lo que ella pasó (no es por nada mamá, pero creo que de haber tenido hijos mi gata tú los hubieras matado a todos) y mi hermano decidió "devolvérmela" cuando se enteró de que la comida de gato costaba más de lo que le daban de propina en un mes, así que yo la mantengo hasta el día de hoy (bueno, ahora mi mamá la ama y también colabora para las galletas de gato). Y ahora que en casa solo vivimos mi hermana, mi cuñado y yo, ya mi gorda no tiene el miedo que le tenía a mi padrastro, que aprovechaba cualquier momento para meterle terror, o para llamarla "la hija no deseada". Mis mañanas son insufribles gracias a sus pelos y a mi alergia crónica combinada con mi asma, pero no hay duda de que mi cachorro de lince me alegra la vida. Les dejo tres fotos que resumen estos tres años a su lado. 


*El día que la encontré, toda cochina y despeinada. Su cabeza era más grande que su cuerpo♥


*En drogas. El día que la operaron y le pusieron la anestesia. 


*Qué rápido crecen. Todos la confunden con una gata preñada o con un cachorro de lince.


domingo, 10 de marzo de 2013

Historias de guerra y de cómo te conocí


 "Era sábado, un sábado de Setiembre, era el día perfecto para morir y matarlos a todos en la guerra. Recuerdo que yo usaba todas las técnicas posibles por mantenerme fuerte en aquel campo de batalla donde la vida y la muerte eran más o menos la misma cosa. Algunos de mis camaradas habían sido derrotados y, en venganza, también nos llevamos la vida de varios de nuestros adversarios. Estábamos en ventaja, pues éramos más que ellos y teníamos todas las de ganar. Los chalecos rojos debían salir victoriosos de aquel combate.

 Luego de haber hecho hasta lo imposible por mantenerme con vida, junté todas las fuerzas que me quedaban y logré arrastrarme por unos cinco metros sobre el terreno arenoso. Subí sigilosa a una especie de base que me permitía tener una vista más panorámica del enemigo. Mi corazón latía a mil por hora y mi compañero Cornejo estaba tirado pecho a tierra, mirándome desde abajo, dándome coordenadas y pidiendo que dispare aquí o allá. Más allá, la camarada Ana Lucía hacía diversas piruetas para pasar de un lado al otro sin ser observada. Nos valíamos solo de nuestras balas y nuestra sed de gloria y victoria.

 Yo tenía mi objetivo en la mira, por un pequeño agujero hecho a propósito a un lado de la pared de la base. Giré un poco, vacilante, y levanté el arma un poco temblorosa por la adrenalina y el miedo que recorría mi ser y levanté la cabeza para ver bien a quién le daba. Me dispararon directo a la cabeza. Caí rendida al suelo de madera y derrotada me saqué el casco y lancé mi arma. Lloré del dolor y la impotencia y quise darme por vencida, pero el camarada Cornejo me dio palabras de aliento. Aún las recuerdo: "Lalo, no llores... párate, vamos Lalo, dispara... ¡DISPARAAAA!". Me volví a poner el casco aún con lágrimas en los ojos y un pulsante dolor en la cabeza, cogí mi arma y disparé, disparé y disparé. Creo que maté a dos. Mi sed de venganza se volvió incontrolable. Salté de la base y corrí a dispararle a uno de los enemigos combatientes, y lo matamos. Sus gritos de dolor solo nos daban placer y a pesar de ya haberle disparado bastante, no paramos hasta matarlo. El guerrero enemigo fue sacado del campo de batalla, nosotros ya estábamos cada vez más cerca de la victoria. 

 Una vez que acabamos con él, solo quedaba una persona en el campo enemigo. La camarada Josselyn protegía celosamente la bandera azul, esa bandera que, de ser nuestra, nos coronaría como victoriosos en la guerra y la misma que, a su vez, marcaría el tan ansiado regreso a casa. No reconocí a mis compañeros, todos estaban con cascos, solo sé que nos miramos todos y, al grito de "¡¡¡¡YAAAAAAAAAAA!!!!" corrimos y en cuestión de segundos teníamos al rival rodeado y suplicando piedad, aunque esta palabra era la última que recordábamos. La matamos en instantes. La bandera fue nuestra. Habíamos ganado la guerra..." 

...

 Salimos del campo de paintball todos hasta las huevas, demasiado cansados y sudando como cerdos. Pregunté quién carajos me había disparado en la cabeza, pero nadie dijo nada. Seguía con un dolor profundo en el cerebro pero con ganas de seguirla con mis brothers, así que caminamos por Chorrillos en busca de comida y terminamos regresando al centro y metiéndonos a un restaurante turístico llamado "los aires peruanos", donde comimos y nos tomamos una que otra cerveza. Había una orquesta y también nos lanzamos a la pista de baile a hacer el ridículo al ritmo de las cumbias del momento.

 La pasamos muy chévere, pero era hora de irnos y todos estaban cansados (sobretodo los que habían recibido más balas), así que nos fuimos a la empresa donde trabajamos, porque algunos querían entrar al baño y ponerse más o menos decentes, y a la salida todos se fueron despidiendo. Gracias a la vida que se quedó él, y, a pesar de que todavía no lo conocía, yo quería ir a tomar a algún bar del tan agradable centro de lima. Le dije que, ya que éramos los únicos sobrevivientes, vayamos por ahí a tomar algo y él aceptó. Nos subimos al legendario bar Planeta, conversamos, conversamos y conversamos. Al día siguiente estaba en San Borja, visitándolo para seguir conversando, conversando y conversando. Hace pocos meses supe que había sido él quien me había baleado el cerebro. 


No se atrevan a decir que somos de combate

sábado, 16 de febrero de 2013

¿Por qué, señor, por qué?

 No tengo nada personal en contra de las canciones de moda, es más, quienes me conocen, saben que yo bailo de todo, en todos lados y por cualquier cosa; todo el mundo sabe que me encanta bailar. Sin embargo, hay cosas que no aguanto y no tolero, y no porque sea una amargada de mierda como quienes reniegan porque Justin Bieber sacó disco nuevo o porque los pasivos de One erection grabaron un vídeo en el mismo sitio donde Blink 182 grabó All the small things, esas son huevadas, pero ya hay cosas que se pasan para el carajo y no lo dejan a uno vivir en paz.

 El año pasado empezó a sonar una canción en todas las radios. Era la historia de una pobre mujer que se quejaba de que su macho no la quería y que siempre le hacía sufrir pero ella siempre le creía cuando él le decía que la amaba, pero que ya estaba superada y juraba por Arjona que esta sería su última canción y que no derramaría más lágrimas por esa cagada de hombre porque él siempre se iba corriendo (¿?) y que lo ha hecho ya y la verdad le da igual y etc. ¿El título de la canción? CORRE CORAZÓN. Y no es que quiera hacerle mala fama, ni nada, es más, la chibola tiene una voz bonita y su hermano... pues su hermano si parece una lesbiana pasiva condiscípula de Bieber, pero bueno, que gozan de fama y fortuna, además de gran talento, nadie se los va a discutir. Lo que me injuria psicológicamente es tener que escuchar esa canción a toda hora, en todo sitio y en toda versión, porque no les bastó con sacar su canción y prostituirla por todo el mundo, sino que también tuvieron que hacerle versiones en timba, chicha, bachata, pop, electrónica y no me sorprendería que hasta en axe, con coreografía y todo. Solo faltaría un mix con Pitbull con mezclas de DJ Tavo. Todo un éxito.

 De lunes a viernes, de nueve a seis, la escucharé un promedio de treinta y cinco veces, contando todas las versiones. Eso sin contar que fue el ringtone del celular de una compañera por casi tres meses y medio (sí, estuve muy pendiente de cuándo lo cambió) y sin contar que más de una vez me he topado con un taxista/chofer romántico/emo que ponía la misma radio de siempre, donde la misma voz sensual decía que el amor une, que el amor perdona, que el amor todo lo puede, que el amor es el idioma universal, para, acto seguido, poner esa canción y lograr así que medio millón de mujeres alrededor del Perú se suicide por amor.

 Ahora, ¿Es cierto que una canción romántica te relaja? Una vez leí, buscando información psicológica para el mal que aquejaba a las mujeres en mi oficina (tres personas en simultáneo: una con Arjona, otra con aventura y otra con corre corre corre corazón, eso no es normal) y leí que, efectivamente, las canciones lentejas y melosas relajan a las personas. Eso no sucede conmigo, yo me relajo escuchando algo mucho más fuerte y hasta leo libros escuchando rock o cualquier otra cosa menos eso. Seguiré con mi investigación al respecto mientras, en estos momentos, escucho corre corre corazón proveniente del cuarto de mi hermana. ¡¿POR QUÉ, SEÑOR, POR QUÉ?!







jueves, 14 de febrero de 2013

Cupido me ha escupido

 Rayos, llegó este día. Seguro hoy la oficina estará infestada de rosas y peluches, es lo típico en una oficina con más de seis mujeres. Y seguro, para remate, pondrán ritmo romántica. Gracias a Apolo que tengo audífonos. Yo, una vez más, forever alone en estas fechas, pero más feliz que nunca de estarlo. Ya no me preocupo por mi soledad, ya no lloro por mi suerte ni porque me dejaron o engañaron. En todo este año que ha pasado he aprendido a sobrellevar muchas cosas, y desde luego a superar todo lo malo. Porque sí, me han pasado cosas horribles, y la más grande de ellas está, como para recordármelo siempre, trabajando en mi mismo trabajo, todos los días del año. 


 A veces, en un día como hoy, experimento diversos estados de ánimo. Por ejemplo hoy, ni siquiera me había despertado y mi mejor amiga Kelly me llamó para decirme un montón de cosas que no me acuerdo  porque jamás me acuerdo cuando hablo durmiendo (¿?) pero que de seguro eran bien bonitas y bien dulces como ella siempre sabe ser. Eso, al menos a una persona como yo, le hace inmensamente feliz, aunque seguramente mi felicidad transmute a ira y asco más tarde, cuando salga a jirón de la unión y vea la felicidad impregnada en los ojos de cada pareja... un momento...carajo, creo que después de todo si guardo cierto resentimiento con la vida. Intentaré ser lo menos notoria posible con mi mirada de reprobación en la calle, y en Cibertec solo espero que nada extraordinario suceda en pleno examen final de comunicaciones de negocios II, porque sí, estamos en finales. Ahí viene otro tema, me encanta tener examen final, disfruto con el sufrimiento de esas parejitas que no podrán tener una salida glamorosa porque tienen exámenes finales en Cibertec (Envidia, ¿donde?) ay.

 Sé que amistad nunca me faltará, y soy muy feliz con eso. Siempre he preferido un buen grupo de amigos con quienes conversar y beber que a una sola persona para besar y agarrar de la mano por la calle, y creo que por eso me dejaban últimamente. Desde un punto exacto de mi vida que no relataré, empecé a convertirme en un pequeño iceberg, y a veces siento que ya nada me conmueve, aunque en el fondo todavía desee que un ramo de rosas llegue a mi oficina o que alguien haga la mitad de todas las locuritas estúpidas que hice yo cuando estaba enamorada, porque, aunque usted no lo crea de Ripley, yo era una leyenda de las cartas de amor, los detalles y los regalitos hechos a mano. Pero bueno, dejando de lado la cursilería, sinceramente puedo vivir tranquila sabiendo que tengo amigos y de los buenos caminando a mi lado, y eso me llena de alegría. Veamos cómo cambia mi sonrisa con el pasar de las horas.

¿Catorce de febrero? ¿Dónde queda ese barrio?

domingo, 10 de febrero de 2013

Testamento

 Hoy limpié mi cuarto (qué milagro) y entre papeles viejos, sobres extraños y demás, encontré algo que escribí a los dieciséis años (lo reconozco por la letra horrible y mi piraña manera de escribir). Se trata de mi testamento. Alguna vez pensé que moriría cuando me dio un ataque de asma en el Fanning, así que, con ayuda de una compañera, escribí a manera de joda esto de lo cual no me arrepiento. Pondría la foto, pero me da mucha vergüenza porque el papel está todo viejo y horrible, así que preferí sólo transcribirlo y agregar sus actualizaciones. Veamos:


  1. Le dejo mi ropa a mi mamá, porque a ella siempre le gusta vestirse como chibola.
  2. Le dejo a mi hermanito Jorge todo lo que quiera coger de mi cuarto, menos mis carteras porque eso lo haría parecer bastante gay.
  3. A Jenny, mi hermana mayor, le dejo todo lo que pueda rescatar de mi humilde cuarto. También le dejo mis periquitos para que cuide de ellos. Por favor, Jenny, que jamás les falte alimento.
  4. A mi padre le dejo lo poco que tengo. Papá, perdóname por morir tan joven y sin plata.
  5. A mis hermanos César y Lilia, les dejo todos los juguetes que quieran sacar de mi caja de juguetes y recuerdos.
  6. A mi amiga Sofía le dejo todos mis parches de bandas punk, mi morral del colegio y todos mis hilos de bordar. 
  7. A mi amiga Dessireé le dejo todo lo que quiera para cuando vuelva de EEUU.
  8. Ahora que me acuerdo, tengo veinte soles en el segundo cajón de mi ropero. Mami, cógelos tú.
  9. Mi colección de lapiceros de colores se los dejo también a mi amiga Sofía porque ella más que nadie comprende mi amor por el arte. 
  10. A mi profesora de Educación Física le dejo la faja que mi mamá me regaló. Espero le guste, miss.
  11. La bomba marca ACME que guardo debajo del colchón se la dejo también a Sofía, para que en el primer descuido haga volar el colegio.
  12. A Alex le dejo el peluche que me regaló cuando cumplimos un mes. Perdóname por morir y no estar a tu lado, algún día tenía que pasar. Fue lindo mientras duró.
  13. Mi slam se lo dejo a quien lo quiera, ya no importa, pero terminen de llenarlo y píntenme la camisa.
  14. Tengo un álbum de stickers de pokémon, Jorge, creo que te lo puedes quedar. Pero con mi muñeco de Gokú si que me entierren, por favor.
  15. Mis barbies se las dejo a mi prima, igual siempre supe que se las llevaba sin mi permiso.
  16. Mi CD de Leusemia se lo dejo a Ana Paula, para que siga cantando "demolición" y nunca se olvide de mí.
  17. A mi profe Choque le dejo un fuerte abrazo nada más. Gracias por ser tan buen profesor y enseñarme tanto de la guerra de Perú y Chile, aunque jamás le entendí nada.

Para el 2013:
  1. Mamá, aún puedes coger toda la ropa de chibola que te guste de mis cajones.
  2. Jorge, hermanito, creo que ahora puedes llevarte mis all stars ya que ahora sí te quedan. Por favor, te vuelvo a pedir que no te lleves mis carteras. Recuerda que se te verá bien cabrito.
  3. Jenny, ya no tengo periquitos, pero recuerda que en el patio habita una gata del tamaño de un lince, y sí, te la dejo para que la mantengas y la quieras mucho. Aliméntala por favor.
  4. Padre, sigo pobre, pero esto ya es por mi culpa. Espero que cuando muera te dejen a ti cobrar mi liquidación. Llévate lo que puedas. Es tuyo.
  5. César y Lilia, hermanos, supongo que ya no quieren jugar con chucherías, así que tómense la libertad de escoger en mi cuarto lo que más les guste. Lilia, tendrás que pelear con mi mamá por mi ropa, eso sí.
  6. Mis parches punk, mi morral del colegio y mis hilos de bordar, si es que aún los quieres, estarán en mi casa, Sofía. Pero solo recuerda que debiste venirme a visitar antes de morir. Qué mal, qué mal.
  7. Dessireé, siempre esperé el momento para volvernos a ver, sinceramente pensé que volverías de EEUU. Si lo haces, reclama lo que te de la gana, si no te lo quieren dar ya no es mi problema.
  8. Mami, ya no hay veinte soles en mi cajón, pero supongo que se encargarán de darte toda la plata del seguro, AFP, y las demás huevadas que se encargaban de quitarme mi plata mes a mes. 
  9. Mi colección de lapiceros de colores, plumones, colores y demás creció en un 250%, pero ya no te las quiero dar, Sofía, sorry. Mejor amiga Kelly, ¡son todas tuyas!
  10. No sé si la profesora de educación física aún necesite mi faja, pero creo que Jhosy, tú le darás un uso más sexy. Toda tuya, mi vida.
  11. Lo de la bomba ACME solo fue una historia que inventé para alocar a las masas. 
  12. Alex, después de todo creo que sí te devolveré tus cartas y tus canciones (el peluche me dio alergia y tuve que envolverlo y mandarlo al olvido). Gracias por haber estado conmigo por casi cuatro años. Aunque nunca te dije, sí te quise mucho. Ya, chau. Morí.
  13. Mi slam se lo dejo a Jair, para que lo lea y se burle de lo amixer que era. Ya todas lo llenaron, ya me pintaron la camisa. No me arrepiento de nada.
  14. Mi álbum de stickers de pokémon lo botó mi hermana hace varios años, lo siento Jorge. Insisto: entiérrenme con el muñeco de Gokú que está en la caja de recuerdos. Mami, encárgate de eso por favor.
  15. Las cuatro barbies que me queda de las como treinta y cinco que tuve, mami, dónalas a algún albergue. Yo nunca me atreví, porque soy muy sensible y hacer esas cosas solo me entristecen más. Dona todos mis juguetes, pensándolo bien.
  16. Mi discografía ahora COMPLETA de Leusemia, seguirá quedando para Ana Paula, Rana, cuando quieras.
  17. A mi profe Choque, le sigo dejando solo un abrazo. Nuevamente, muchas gracias por lo de la guerra.

Y nada, terminé de limpiar mi cuarto y me maté de risa transcribiendo este testamento. Ahora sí, a dormir.

viernes, 8 de febrero de 2013

"Préstame dos soles"

 El Martes me regresé del trabajo temprano porque me sentía muy mal. Fui a mi casa, tomé mis medicinas y me dormí. Lamentablemente tuve que levantarme a la media hora porque recordé que debía ir al banco a ver el tema de mi deuda, y renegando con mi vida me paré y me fui. Ya saben cómo es eso del banco: las colas, la gente, el calor y la cólera por tener que ir a pagar. En fin. 

 A la salida del banco me puse a caminar rumbo a Cibertec, medio enojada y con ese sentimiento de que en el banco me meten la rata cada mes, cuando al cruzar la pista me interceptó una chica de poco menos que mi edad, con una cara de preocupación de esas que parece que no le viene la regla y solo tiene catorce años, así de preocupada. Me dijo que por favor la escuchara, y me detuve en la esquina a hacerlo. Me contó que había tenido un día de diversión en la playa, con sus amigos y amigas, pero que estas mierdas de la vida le habían jugado una broma pesada, escondiendo su billetera sabe Dios dónde, y que encima, la habían dejado abandonada, solo con su mochila, su toalla y su ropa. Subió a pie desde la bajada de armendáriz y solo buscaba a alguien que le prestara dos soles para regresarse a su casa, que no entendí si era Surco o San Isidro. 

 Al principio, y con el reciente susto que había tenido un día anterior con el robo de mi celular, vacilé un poco y le hice una que otra pregunta solo para cerciorarme de la legitimidad de sus palabras. Ella se mostró asustada, perdida, y en sus ojos azules me pude ver a mí misma en esa situación, y creo que a nadie le gustaría tener amigos tan basuras y encima ser tan engreída e hijita de papi como se le notaba que era ella, como para no saber cómo regresar a su casa desde Miraflores. Por último, ni sabía dónde estaba, no se guiaba para nada. 

 La tranquilicé, le dije que le daría poco más de dos soles, para que llame a su casa y cuente lo sucedido, y a ella le pareció una gran idea. Caminamos un poco más, conseguimos un teléfono público y ella explicó a la persona que estaba al otro lado de la línea lo mal que se sentía y la situación en la que se encontraba, y yo solo la miraba mientras ella hablaba y un gesto de "voy a ponerme a llorar" tomaba forma en su cara. Y lo hizo. Lloró en el teléfono, y pidió que alguien le pagara el taxi de regreso. Colgó y me dio las gracias, me contó que le había contestado su hermana mayor y que la habían puteado. Otra vez me recordó a mí misma, cuando volví de viaje de Huancayo, con el labio roto, sin DNI, sin tarjetas, sin plata y encima sola, sintiéndome un pedazo de caca de perro en el universo, y mi hermana en lugar de abrazarme y hacerme sentir bien, me reclamó con cosas como "¿Ya vez? ¡Para eso te vas!" y junto con mi mamá me gritaron y me hicieron cargamontón, como si yo hubiera tenido la culpa de mi suerte. La abracé fuerte, le dije que se sintiera mejor y la embarqué en un taxi más o menos con pinta confiable. 

 Crucé la pista, entré a Cibertec y sentada en la ventana que da a la calle, pensé en tantas personas que en la calle se hacen pasar por desesperados, tristes, o cualquier otra cosa solo para poder robarte o engañarte, y, al mismo tiempo, personas como esta chica de ojos bonitos, que solo son víctimas de las circunstancias, y ahora me digo a mí misma, si el Lunes dije que no confiaría nunca más en nadie, me equivoqué, porque al día siguiente ya la vida me estaba poniendo a esta chiquilla en el camino, para darme cuenta de que no todos son iguales, y la gente buena también -y todavía- existe.

jueves, 7 de febrero de 2013

Lo que el choro se llevó

 Siempre he sido una persona muy confiada, a pesar de los consejos tan simples de la gente como "No tengas tu celular a la vista", "Cierra bien la ventana", "No camines por ahí tan tarde" yo nunca hice caso, porque siempre me he considerado una persona con suerte, jamás me ha pasado nada. Me consideraba inmortal, un ninja, un pokemon salvaje a quien nada ni nadie podía siquiera amedrentar. Pero me equivoqué. Soy un simple mortal asustadizo que todavía confía en el prójimo, que todavía piensa que todos tienen la misma fe que uno, que nadie me hará daño. 

 Recuerdo que mi primer celular en perderse fue en el concierto de los RHCP, cuando a la salida del estadio la gente estaba tan pegada que cuando quise llamar ya no lo encontré en el bolsillo de mi camisa. Luego, en el concierto de los Rock and Roll All Stars, se lo di a un amigo para que lo guarde en su bolsillo pensando que éste sería más seguro, y el muy huevón me lo perdió (me debes un celular). Después en la oficina, pagando utilidades, dejé el celular en un lugar muy visible, y entre idas y venidas, sacar copia por aquí, hacer firmar por allá, a la hora que quise irme, bye bye celular. No estaba por ningún lado, y ya lo habían apagado. También me robaron en el cine, en la colaza para ver "La era del hielo" cuando me senté en la butaca y quise ver la hora. En Huancayo tuve menos suerte, porque regresé a Lima sola, sin celular, sin documentos, sin plata y con el labio roto, pero de eso no quiero hablar porque me traumo y nadie quiere leerme traumada (vamos, siempre escribo traumada) en fin.

 El Lunes tomé mi micro en tacna, me dirigía a Cibertec muy feliz pensando en ver a los pastrulos de mis compañeros y a mi profe Jorgito. Había estado con el castor en uno de estos bares del centro de Lima donde la vida es más o menos lo más cercano a la perfección, y donde nos habíamos puesto de por sí ya bastante felices. Estaba por la avenida Arequipa, pasando Risso y conversando por el whatsapp con todo el mundo, cuando la ventana se abrió, y solo sentí que me arranchaban algo. Tardé varios segundos en darme cuenta de que no tenía el celular, y que tenía los audífonos colgando de la oreja, mas un fuerte dolor en el cuello. Mi reacción fue en ese momento lanzar insultos por doquier, para luego ponerme muy nerviosa. Un señor que estaba sentado me prestó su celular para llamar a quien quisiera, pero no podía recordar el número de absolutamente nadie. Pasamos el puente y me bajé en San Isidro, tomé un taxi y me puse a llorar con el taxista, contándole un poco más mi vida entera. Se cruzaron muchos sentimientos y cosas malas en mi mente, yo no dejaba de llorar.

 Obviamente no fui a clase, llegué a mi casa y solo pude seguir llorando. Entré al Facebook para comunicarme con mis amigos de Mate, Pecho o Mija, y encontré al segundo. Le conté todo, avisé a todos, y apagué la laptop. A la media hora llegaron mi hermana y mi cuñado, y yo seguía mal. Y fue ahí cuando me puse a pensar bien en todo, y ahora sí, no confiaré en nada ni nadie ¡Nunca más!. Tendré más cuidado por donde vaya, a la hora que vaya y con quien vaya. Es la segunda vez que me trauman así, no quiero más. Y si tú, que me estás leyendo, eres ratero o amigo/pariente cercano de gringasho, solo espero que alguien te atrape y te corte un testículo.


sábado, 2 de febrero de 2013

Los nuevos amigos - Un post que me obligaron a escribir :(


                                                     Ok, en realidad no me obligaron, pero por ahí me metieron presión para que hable de ellos. Ya pues, qué queda, empecemos.


 Cuando volví a Cibertec después de un ciclo entero de vagancia, sinceramente pensé que no tendría nuevos amigos. Pensé que sería una llanera solitaria en la oscuridad, en el rincón, y qué, como dije en un post antiguo, me harían bullying. Sinceramente, después de casi cuatro meses y a punto de terminar el ciclo, debo decir que me equivoqué. La verdad no pensé conocer tanta gente chévere, y sobretodo, no pensé conocer tan buenas personas y tan buenos amigos.

 Empecemos con mi salón de mate, mi curso favorito (sarcasmo detected). Este, en particular, era un salón completamente indiferente para mí, con gente de primer ciclo y los jalados como yo. Me demoré bastante en entablar conversación con alguien, y bueno, el primero fue Jorge Mija, al que le hice el habla cuando le pregunté "Oe, el de adelante es bien gay, ¿no?". A partir de ahí, nos sentábamos siempre atrás, a molestar a todos, hasta al profesor. Luego de unas tres o cuatro clases, se unió a nosotros nuestro papi, nuestro riqui, nuestro rey: Luis Pecho. Los tres somos lo máximo, y los tres somos bica (llevamos el curso por segunda vez) aunque ellos dos, obvio que por brutos (JAJA). En fin, luego de un tiempo, conocimos a Carlitos Ubillús, con quien últimamente andamos para todos lados (claro que él es más inteligente, él no será trica) y bueno, la niña a la que le hago bullying recién hace dos semanas, Ruth y su amiga que no sé cómo se llama. Y casi al final del ciclo, pude por fin hablar con el grupo de adelante, un chico al que le decíamos Toby por hacerle bullying, César, Camilo y Giuliana Peña, con la que pensé que jamás me iba a hablar, pero con la que me llevo bastante bien (podría decir que casi-casi tenemos el mismo sentido del humor). Recién hablamos hace un par de semanas, y ayer ya nos fuimos a tonear en mancha al final del examen. Estudiaré como loca para mi final, quiero pasar este curso y encontrármelos en Abril. ¡AGUA!

 De mi salón de Comunicaciones de Negocios también rescato gente muy chévere. Empezaré por Patricia Zavalaga, mi profesora. Desde un inicio, siempre marcó distancia con todos los alumnos del salón, y eso me parece bastante respetable. Uno de esos días en los cuales no sabía qué hacer con mi vida, estaba medio depre en el salón y a la salida me acerqué, le pedí unos minutos de su tiempo y tuve con ella una charla tan bacán, que se lo agradezco aunque no me esté leyendo. Me inspira demasiada confianza, siempre un lingüista me inspira confianza, y más cuando es todo un profesional en su campo. Me encanta.
 Por otro lado, mis compañeros, Antonella la celibata (esto es una falacia) y Hectorcito, con quienes siempre hacemos grupo y sacamos buenas notas (no sé qué haría sin ustedes -otra falacia-). También está Kalep, que siempre nos hace reír a todos con sus ocurrencias, Walter, a quien conozo de primer ciclo y... pues los demás. Mentira, tú también, a ti también te quiero.

 En los demás cursos, tengo a mi súper grupo de bebezitos emozitos: Elsa Medrano, Gian Lozano (que siempre me pone unas chapas más alucinantes que las que me ponían en el Fanning), La bebé Ximena, el otro bebé Diego, mi Krillin bello precioso (o GianMarco sin HD), Brenda la mamasita rica apretadita, Freddy Mantilla, que siempre me malogra con sus comentarios; Jonathan Lavado, o LAVABO como le dice Gian; el DJ culisuelto de Yamir, Girard Meza, y por último pero no menos importante, mi Luisito Sara, al que Elsa y yo malogramos siempre con eso de que tenemos sueño. Nuestro salón es un escándalo, y siempre los profes de los diferentes cursos nos paran callando o pidiendo que nos comportemos. ¿Cuánto tendremos en actitudinal? -Averígualo en el próximo capítulo titulado: "Este viejo me jaló".

¿Qué rayos hace Giancarlo en el baño?