miércoles, 31 de octubre de 2012

riposa in pace, Carlos.

 Hoy me levanté un poco extrañada, todo el día he estado en otra. Hoy tuve un sueño rarísimo (para variar) que me dejó bastante pensativa, y estuve todo el día buscando en google qué significada soñar lo que soñé. No encontré lo que buscaba, pero una noción me dio, al menos, la página esta. Hoy soñé con don Carlos, un señor que falleció hace un año, y a quien, curiosamente, nunca en mi vida conocí

 Un buen amigo mío tuvo hasta hace poco una enamorada súper linda, se le notaba buena onda, y por el simple hecho de hacer feliz a mi amigo, la adopté como amiga mía. La agregué al facebook, y solamente la vi en persona una vez, y hablé por teléfono con ella también una vez, luego siempre fue virtual nuestra pequeña comunicación. Ella siempre colgaba fotos de su papá, de joven, de niño, con ella, etc, y cuando le pregunté a mi amigo si ya conocía al señor, a su suegro, supe que ella había perdido a su padre el año pasado; y hace poco menos de un mes, buscando en la web cosas X, me topé con el blog de ella, y ahí pude leer cómo ocurrió todo ese horrible día, me conmovió demasiado leer  cómo relataba cuando subía y bajaba por las escaleras, cuando tomaba su mano, su pulso, que lo vio morir. 

 En mi sueño estaba yo en una salita pequeña, en una casita bien acomodada y muy limpia, era su casa. Jugábamos monopolio en el suelo, y luego ella me dijo que tenía que vestirse porque vendría su papá y a él no le gustaba verla toda sucia jugando en el piso. "No entiendo" le dije, y ella solo me sonrió tiernamente y abrió sus ojazos de búho. Subió como una niña naturalmente alocada porque viene su papi, su héroe. Yo me paré y traté de acomodar las fichas, los billetes falsos y mi ropa arrugada, cuando sentí que movían el picaporte de la puerta principal, y luego, con débiles golpecitos, tocaban. Me acerqué y abrí, y me di con la sorpresa de que era el señor Carlos, muchos años más joven, pero era él. Me miró extrañado y me preguntó qué me pasaba, me preguntó si estaba bien y le dije que sí, me dio un abrazo fuerte y me preguntó por su bebé. Subí de inmediato a buscarla y ella me dio una grabadora de vídeo, y me dijo "Filma todo desde ahora, para que cuando se vuelva a ir no nos olvidemos" Así que agarré la vídeo grabadora y empecé a filmar. Ella se había puesto un vestido negro de flores y unos zapatos chatos, pero ya no parecía de la edad de ahora, era más chiquita, como de trece o catorce años. Me dijo "ponte esto" y me lanzó unas ropas negras. Bajó las escaleras corriendo, yo detrás, filmando. La filmé reencontrándose con su padre, en un abrazo infinito que nada podía romper, él la cargó, le dio vueltas y luego la bajó y nos dijo que comiéramos la comida china que había traído.

 Mientras almorzábamos (o cenábamos, no sé) Padre e hija conversaban de las cosas que habían pasado en todo este año, de lo bueno y lo malo. Yo dejé la grabadora en un punto fijo para que siguiera con su trabajo por sí sola mientras yo comía, y de vez en cuando participaba en la conversación. Fue muy rápido todo, terminamos y salimos a caminar, yo filmando y ellos hablando, tomados de la mano. Las calles estaban vacías y eran bastante raras, no parecíamos estar en Lima, ni en Perú. Seguimos caminando un largo tramo hasta llegar a un parque casi irreal, con cisnes, caballos blancos, pájaros. El dijo que se quedaba porque tenía cosas que hacer, ella lloró. Yo le dije que dejemos que su papá hiciera sus cosas tranquilo, que ya volvería, pero don Carlos me interrumpió con un movimiento negativo de cabeza. Ambas sabíamos que ya no volvería. Le pidió a su hija que estuviera feliz, que como ella misma escribió en su blog, en Abril de este año, la verdadera muerte es el olvido, y de alguna manera, ellos siempre estarían juntos. Nos tomó de la mano a las dos y nos dijo que había pasado el mejor momento de su vida, que nunca lo olvidáramos.

 Vimos como Don Carlos Caminaba tranquilo por el pasto verde, sin zapatos. Volteó sólo una vez y, sonriente, nos dijo adiós con la mano. Ella estaba más tranquila, de pronto la volví a ver grande, ya no como una niña. Dimos la vuelta y caminamos en dirección contraria, y de pronto toda la ciudad volvió a ser la ruidosa y gris Lima. Era la salida de un cementerio.

 Mientras caminábamos, abrí los ojos de golpe. Me faltó el aire. Cogí mi inhalador... uno... dos... y ya no dormí, estaba amaneciendo.

 Descanse en paz, señor Carlos. Aunque nunca lo haya conocido, hoy rezaré por usted.

miércoles, 17 de octubre de 2012

El cazador.

 Desperté en una cama con sábanas rosadas, almohadones de plumas y amplia, muy amplia. Tenía al lado un banquete inmenso, y yo, fiel a mi estilo, me empujé todo lo que vi hasta quedar satisfecha. Me paré de la cama un poco desconcertada y me di cuenta que estaba en un lugar que no era el mío, y lógicamente, me asusté. Lo primero que vino a mi mente fue "me han violado", pero no. En lugar de estar calata y con moretones, estaba muy limpia, con un vestido precioso y de color crema. Me dirigí al espejo y ahí estaba yo: con un vestido raro, unas botas militares (¿ah?) y un peinado precioso. Algo no me cuadraba, sin embargo, así que salí de la habitación.

 La casa era inmensa y muy preciosa, pero estaba oscura y sucia. No había nadie, hasta donde yo pensaba. Caminé y caminé, en busca de alguien con quien conversar y pedir explicación, cuando de pronto, una voz proveniente de unos parlantes en el techo, me dijo, fina y educadamente, que yo era una perra cochina y que jamás saldría del castillo (Ah, no era una jato, era un castillo). Por obvias razones, yo me empinché, porque a mí nadie me dice que no puedo salir del castillo -Porque lo de perra lo escucho cada dos o tres horas por parte de la perra mayor, así que, de alguna manera, no me afecta, JA. 

 Entonces, retomando la historia: empecé a gritar con todas mis fuerzas que quería salir, que por la putamadre, que quién mierda te haz creído, que esto no es blancanieves y el cazador, y un sinfín de lisuras y cosas raras que no hacían más que provocar carcajadas -realmente escalofriantes- por parte del hombre del parlante. Me traumé y rompí en llanto, intenté buscar la salida, corría por todo el castillo y no hacía más que tropezarme y caer de cara en suelos fangosos, toparme con animales horribles, ratas sin cabeza, aves, conejos ensangrentados, mientras la voz en off seguía insultándome y repitiendo cada vez más fuerte: "NUNCA VAS A SALIR DE AQUÍ". Yo lloraba y lloraba, mi vestido estaba sucio y yo estaba cansada por haber intentado buscar salidas en el castillito de mierda, cuando una nueva voz, luego de insultarme (¡¿Por qué todos me insultaban?! carajo) me dijo que las puertas de acceso se cerrarían en 1 minuto, que tenía que ubicarlas si quería escapar, así que corrí y corrí y vi a lo lejos una puerta verde que empezaba a cerrarse. La alcancé y con todas mis fuerzas la traté de volver a abrir, y me rompí un dedo en el intento, puesto a que estaba demasiado pesada la porquería esa. Llorando y con la mitad de mi dedo colgando, seguí corriendo, y así detenía cada puerta antes que se cierre completamente. Me rompí cuatro dedos en total. 

 A medida que seguía corriendo para que ninguna puerta se cerrara, en el suelo aparecían raíces y avanzaban rápido, como intentando cogerme los pies. Tropecé con una de ellas y me empezó a jalar, pero me zafé y pude llegar a la última puerta. Cuando la detuve y la abrí, pude ver luz, la ciudad era muy extraña, pero por alguna razón sentí que ya había estado ahí. Vi a lo lejos a cuatro hombres, y me acerqué corriendo, dejando el castillo atrás. Cuando me acerqué por completo a ellos, me di cuenta que yo los conocía: eran nada más y nada menos que los técnicos de mantenimiento de mi chamba: Don Mario, Marco, Alberto y Elkin. Me tiré al piso y me aferré a la bota de Elkin, agradeciendo a la vida por haberlos encontrado, pero los tres primeros me empezaron a golpear y me tomaron de los brazos para regresarme al castillo, mientras Elkin les recordaba quién era yo, y les decía que no me traten así, que me dejen ir. Yo peleaba contra tres hombres y ellos me arrastraban de los cabellos de vuelta al castillo, mientras me decían entre insultos y golpes que "mi cazador" no me dejaría salir jamás, y que ya lo iba a conocer... 

Abrí los ojos de golpe; estaba en el medio de mi cama y mi cabello estaba como en punta, hacia arriba. Me vi las manos y mis dedos estaban hinchados  y me dolían. Eran las 5:37 de la mañana de hoy, 17 de Octubre. No volví a dormir. Pendejo sueño, ¿no? 

martes, 9 de octubre de 2012

Nuevo ciclo, nuevas caras.

 Parece que soy la única persona que se pone nerviosa por volver a clases. Me tiemblan las manos, el cuerpo... como si estuviera en el colegio. A lo mejor me emociona el local que está prácticamente a la vuelta de mi casa,  ese local por el cual pelearon tanto y que huele a nuevo, a limpio, por cada uno de sus rincones. Ese local que tal vez se caiga a pedazos en el primer sismo grado siete que azote Lima.

 Tal vez mi emoción/nerviosismo o lo que sea, se deba a que ya me había aburrido de huevear luego de dejar un ciclo entero. Confieso que me siento ansiosa y tengo miedo porque sé a quienes me voy a encontrar, miedo porque ya vi el aula virtual y ya vi con qué gente me toca estudiar. Si, bueno, en realidad tengo miedo porque no tengo a mis amigos, miedo porque Mate I, Finanzas y Contabilidad son tres cursos difíciles para mí, porque soy un asco en los números y los viernes me tocan esos tres cursos juntos. Miedo porque voy a ver a una persona dos veces a la semana, y no sé qué carajos le voy a decir si me lo llego a cruzar. Sé que para mi curso de Ofimática (vamos, ¿quién estudia ofimática?) me tocará una profe que ya conozco de antes, que me da miedo porque en primer ciclo casi me jala; porque tendré a todas las personas que no quiero y que no me quieren, ahí, entre unas mismas cuatro paredes. Y todo empieza hoy.

Tal vez hoy la profesora nos haga pararnos y decir nuestros nombres, nuestras edades y nuestro "para qué soy bueno". Sé que me pondré nerviosa y trataré de ser lo menos notoria posible. Gracias a todos los dioses del olimpo, en especial a Apolo, mi papi, que me toca mi curso favorito a primera hora: Comunicaciones. Al menos no sufriré hasta las nueve de la noche, cuando me toque el curso del excel con esa profe y esa gente. Espero hacer amigos, aunque no sé por qué lo dudo demasiado. Ojalá no me hagan bullying, ese es mi miedo mayor.

Muy bien, me aburrí, y ya me tengo que ir a tomar mi metropolitano hasta Benavides y de ahí caminar como peregrina hasta Cibertec. Tal vez de acá a dos días (que pase mi shock) escribo sobre mi primera semanita en clases. Si no escribo nada es porque me fue bien.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Mi encuentro con el "Gangnam style"

 La semana pasada, el viernes, estaba yo muy tranquila en casa, había vuelto de mis exhaustivas vacaciones y me encontraba navegando por el facebook y el twitter, era una tarde como pocas. Mi mamá me preparaba el almuerzo, y desde la cocina me lanzó una pregunta extraña: "¿Haz visto el baile del caballo?". Intenté no hacer caso a su pregunta, pensando que tal vez se había confundido, y que había preguntado cualquier otra cosa menos eso, pero ella salió de la cocina con su cucharón en la mano e hizo algo inimaginable: salió brincando, con los brazos estirados de frente y las dos manos juntas. Era el baile del caballo... en realidad era el baile de un caballo siendo atropellado brutalmente por un trailer. 

 Me quedé viendo a mi madre por aproximadamente seis segundos luego de que hiciera tal espectáculo y le pregunté qué carajos acababan de ver mis ojos, y solo hizo un ademán de desprecio y volvió a su cocina diciendo "¡No sabes nada de los bailes del momento, menos mal tengo a Jorgito (mi hermano) y él me enseña! ¡Cuando salió Axe Bahía, igualito, no me quisiste enseñar los pasos!". No pude evitar reírme a carcajadas mientras intentaba decirle a mi madre que el tema con esos calatos brasileros era justamente el mismo de toda la vida: que ella jamás aprendía los pasos de nada, y que casi todo lo bailaba mal. 

 Me quedé con el trauma post-baile de mi madre por varios minutos, luego decidí, ya que estaba web-eando, buscar en google dicho baile. A diferencia de otras veces, la canción me pareció graciosa, divertida y muy bailable. Me imaginé con mis dos mejores amigas, en alguna discoteca de la ciudad haciendo todos los pasos y bailando como locas. Luego sacudí mi cabeza y cerré de inmediato esa basura. Esa basura era demasiado pegajosa, era como hipnotizante. 

 Días después, ya el martes, cuando regresé a la oficina luego de mis vacaciones, mi compañero de sitio, Pablo, me dijo: "Oye tienes que escuchar esto". Me acerqué a su sitio, me puso sus audífonos y le dio al play. Era esa canción, era esa basura del Gangnam Style. No pude evitarlo, la escuché hasta el final, maldita sea, me gustó. "No tiene nada de malo" me dije a mí misma. Luego me dijo que tenía también el vídeo y acepté verlo. No me arrepiento de nada, aprenderé la letra de esa canción para que me metan bala mientras la canto el día del terremoto, este 21 de Setiembre en la plaza San Martín. Ok no.




*Google imágenes.




miércoles, 5 de septiembre de 2012

Rita, mi perrita.

 Decidí escribir esta entrada por muchas razones. La más importante -creo yo- es porque quería que todos conocieran al genial amigo que tengo. Para mucha gente, Renzo puede resultar -a primera impresión- creído, raro, tonto y muchas cosas más; pero para mí, Renzo Medina es un chico especial, con sueños iguales a los míos, y tal vez con las mismas ganas de realizarlos que yo. Es un chico que vive su vida de manera especial, como pocos, y no le da vergüenza decirlo. Renzo es un chico que día a día se levanta con ganas de ser feliz, es sencillo, tierno, es un poco loco, jodido y arrebatado. En pocas palabras, es completamente perfecto para ser mi amigo.

 Lo conocí en Octubre del 2011. Entraba a un nuevo salón, con amigos viejos y gente nueva. Recuerdo que él se sentaba al fondo, con dos rubias y Ricardo, y a pesar de que el primer mes que lo conocí me cayó asquerosamente mal, por esas primeras impresiones que mencioné arriba, no pasó mucho tiempo para que se convirtiera en quien es ahora para mí. 

 Recuerdo claramente el 31 de Octubre del 2011: era su cumpleaños y yo me enteré el mismo día, cuando de la nada le hice el habla y le pregunté qué planes tenía por Halloween. Me dijo algo tímido: "Hoy es mi cumpleaños" y yo, recontra bestia y sin tino, le dije que qué bacán, que yo tenía una fiesta de disfraces. Al rato me di cuenta, y le escribí en un papelito algo así como "Que tengas un lindo día", y a partir de ese momento, si mi memoria no falla, empezamos a sentarnos juntos y a conversar. Era una cosa de todos los días que salgamos a comprar, a hacer hora, a fumar un pucho en la puerta (mamá, él nomás fumaba por si acaso). Conversábamos de casi todo y nos reíamos de casi todos. Éramos tan geniales, junto a Ricardo, María y Melissa. Poco a poco nos teníamos más y más confianza. Pasó navidad, año nuevo, seguíamos en clases. Fuimos a beber a su casa con un grupo más del salón, conocí su hábitat. Me contó cosas suyas, entre risas y puchos, estudiamos juntos para nuestros exámenes y nos sentábamos juntos para plagiar. Jalamos los mismos cursos también. Todo era un cague de risa para nosotros. Nos pasamos el primer ciclo en hueveo intenso, y no nos arrepentimos.

 Por motivos de plata y demás cosas dejé el ciclo siguiente, entonces ya no lo veía todos los días como había acostumbrado, ni a él ni al grupo, pero él y yo nos escribíamos a diario. Todos los días al llegar al trabajo, abría mi correo y ahí estaba el suyo, puntual, siempre temprano, contándome algo gracioso del día anterior, algún sueño, algo que quería hacer o simplemente preguntando qué tal había amanecido, si ya había desayunado, etc. Nos hicimos cómplices de muchas aventuras: entre ellas paseos, salidas casuales a beber ron con coca cola en la pileta de Salaverry al frente de Cibertec, comidas con María, sus actuaciones, y un sinfín de cosas que nos unieron demasiado. Y hasta hoy, no hay un solo día que no nos hablemos. Y me da gusto.

 Muchas gracias Renzo, por tantos momentos de risa e idioteces, gracias por no avergonzarte de mí cuando andamos en la calle y yo hago mis estupideces. Gracias por estar tan mentalmente dañado como yo, por compartir mis alegrías y reírte de mis tristezas (sé que eso último lo haces de buena onda, perra) Gracias por planificar conmigo viajes y paseos y visitas y demás cosas, y ojalá nos alcance la vida -y la plata- para hacer todo eso, para viajar a Colombia. Gracias por recordarme que me estás hablando, cuando de casualidad ignoro un mail tuyo y me mandas otro diciendo "no me ignores mierda", "cojuda te estoy hablando", "Por qué chucha no me haces caso", etc, etc, etc. ¡TE QUIERO!


miércoles, 22 de agosto de 2012

Pie izquierdo.

 Te levantas tarde, para variar, y después del ya clásico "¡Mierda, las ocho!" saltas de tu cama y te metes a la ducha. Ni siquiera te cae agua y ya te estás jabonando, te estás zampando media botella de shampoo y cuando el agua cae, cae helada. Mandas a la mierda el frío y te enjuagas, te envuelves como un tequeño en tu toalla y corres a cambiarte. Como todo está en tu contra el día de hoy, porque así es la vida de hijadeputa a veces, te pones el calzón al revés, te pones el polo y algo inexplicable en el universo hace que tu cabeza doble su tamaño y no entre por donde debería entrar. Peleas con el polo, metes los brazos y cuando por fin tienes tu cuerpo de tamal dentro de él, te das cuenta de que está al revés, y encima cuando intentas sacártelo, te vuelve a crecer el cráneo, como por arte de magia. El pantalón no te cierra, porque ayer tragaste como cerda antes de irte a dormir y estás más hinchada que un puto globo, y así, un sinfín de cosas que hacen que cambiarte se convierta en un auténtico desafío.

 Cuando por fin terminas de ponerte la ropa, vuelves a mirar el reloj. Ocho y treinta. Deberías estar ya en tu metropolitano, deberías estar ya llegando al trabajo pero no. Te peinas como puedes, qué chucha, hasta que ese mechón indomable que cae por tu frente, siempre rebelde, te hace sentir mal. Te deprimes y te rindes al intentar peinarlo de mil formas. Vas a tomar desayuno con la plancha de pelo en la mano, te planchas mientras te sirves el café, se te derrama en el polo, lo puteas y te vas a cambiar. Abres el cajón como puedes -eres una piña de mierda hoy- coges otro polo y te lo pones.

 Sales con apuro de tu casa, llegas a a estación del metropolitano y el chofer te cierra la puerta en la cara, justo cuando te disponías a subir en ese vehículo de mierda. Lo miras fijamente, él te mira por el espejo retrovisor, le clavas la mirada y le ves hasta el alma mientras le lanzas maldiciones como "ojalá te choques", "ojalá te quedes sin gasolina a un costadito de la vía expresa y nadie te ayude" y demás. Llega otro metropolitano, te subes. Encuentras asiento pero es rojo y encima, en el paradero siguiente, se sube una abuelita y te tienes que parar. Te vas como puedes y encima ningún chibolo conchasumare es capaz de darte su puto asiento, a pesar que tienes tu lonchera con ocho kilos de comida, tu cartera que te pesa -y te desnivela los hombros- y tu taco de mierda, ninguno de esos desgraciados se para por ti. Te resignas a irte parada desde 28 de Julio en Miraflores hasta Colmena en el Centro de Lima, pero al menos la abuela se ofrece a llevar tu loncherita. Te pones los audífonos, escuchas música, te tranquilizas y por fin uno de esos mocosos se para y puedes sentarte. Despiertas a la abuela y le pides tu lonchera, le agradeces y te sientas.

 Llegas a tu destino. Ya es muy tarde para llegar a la oficina, pero a estas alturas de la mañana ya todo te llega y piensas: "si voy a llegar tarde, voy a llegar tarde con estilo" así que caminas lento como si no te importara nada, ya dieron las nueve y quince. Cruzas la plaza San Martín, te detienes a saludar a uno que otro compañero que se te cruza por la calle, entras al edificio. Subes al ascensor, llegas al piso, saludas a todos, entras a la oficina, y, siendo las nueve y veinte, solo hay dos gatos. Dos de los trece gatos que trabajan ahí. Y, naturalmente, vuelves a renegar. Y renegarás todo el día, créeme.

miércoles, 25 de julio de 2012

Para mi pequeño

Desde siempre me han gustado los niños, siempre he tenido esa paciencia de santa que solo algunas mujeres poseen. Tuve la suerte de ser profesora de un nido, y estudiar en el colegio ese cursito de mierda que se llama Atención infantil. Pero desde hace varios días, algo dentro de mí, muy al fondo de mi corazón, se pregunta ¿Y como seré yo cuando sea madre?. Analizaré un poco mi pregunta respondiéndome yo misma. Hablaré en masculino, porque mi mayor deseo es tener un niño.

  • Desde muy pequeño, le enseñaré a escuchar buena música, le pondré Led Zeppelin. Al diablo Beethoven. 
  • Le matricularé a que aprenda a tocar algún instrumento.
  • Le enseñaré a guardar sus juguetes, a respetar a sus mayores, a ser calmado y a no actuar impulsivamente. Estoy segura de que los niños berrinchosos lo son por culpa de sus padres y de nadie más. 
  • Planificaré todo para que nazca en verano, porque siempre he pensado que los niños que nacen en verano no sufren tantas enfermedades respiratorias, y porque no quiero que le pase lo que a mí, que en mi primer año llovió mucho y nadie fue a mi fiesta (nací en Julio, detesto que sea invierno en mi cumpleaños)- Forever alone in the dark, desde mi primer año.
  • Su primer polo será de Led Zeppelin, y mi esposo tendrá que aceptar que mi hijo sea un pequeño Rock'n'Roller. 
  • No tendrá enamorada. Lo prepararé emocionalmente ante cualquier decepción amorosa, y, obviamente, le cortaré la cabeza a la primera maldita lisiada que ose lastimar a mi hijo. 
  • La comunicación será el pilar de nuestra relación. Siempre estaré pendiente de cómo se siente, no quiero que mi hijo sea un resentido como yo. Quiero que confíe en mí antes que en nadie. Seré como su "novia pegajosa", pero en versión madre. 
  • Jamás pasaré por alto ningún evento importante en su vida (actuaciones, fiestas, reuniones) porque no quiero que mi hijo llore algún día como lo hice yo, cuando mi mamá no fue el día que yo bailé. JUM para ella. 
  • Lo llevaré a un concierto, Dios quiera que de algún Rockero legendario, como el de las historias que le contaré desde pequeño. 
  • Le enseñaré a preparar postres y a cocinar. Algún día no me tendrá a su lado y no quiero que sufra con una mujer que no sepa ni hacer arroz. Mi hijo jamás morirá de hambre, menos en manos de una mala mujer.
  • Le ayudaré con las tareas del colegio, y si algún día viene con una mala nota no le gritaré ni le pegaré. ¿Con qué derecho, también? Si me repite de año si lo arrastro de los pelos por todo jirón de la unión. Tampoco tampoco, pues mocoso.
  • Aplaudiré todos sus logros, y lo impulsaré a mejorar todo aquello que haga, sobretodo a que lo haga con amor y perseverancia. No me burlaré de sus errores y no juzgaré sus decisiones. A veces las decisiones de los hijos duelen, pero al final del camino son los únicos dueños de sus vidas. 
  • Le tomaré muchas fotos, calato, bañándose, riéndose, jugando, comiendo, y así a lo largo de toda su vida y para la posteridad. Quiero ser de esas madres que sacan el álbum de diez kilos cuando viene la enamorada a la casa, y dice "mira hijita, así era de chiquito". 

Sé que no es el momento para tener un hijo, no para mí, pero cada vez que me entero de que alguna de mis amigas está embarazada, lo celebro a morir. Este post llegó a su fin. 

viernes, 13 de julio de 2012

Uno, Dos, viene por ti.

¿Quién no ha tenido pesadillas en su vida? Pues yo sí, y las tengo todo el tiempo. Todo el maldito tiempo. Me han dicho que tengo pesadillas porque como grasa antes de dormir, porque estoy estresada, porque se quieren comunicar conmigo del más allá, y demás huevadas que no creo. Pero hay algo en especial que me sucede casi todos los días, y es la bendita parálisis del sueño. ¿Te ha pasado? ¿Ni puta idea de lo que es? te voy a contar, y fácil la sacas.

Actualmente, y porque ya sé qué me va a pasar, intento irme a dormir lo más calmada posible para evitar la huevada. Por eso cuando lo voy a hacer, me echo bien rica yo, me envuelvo como tamalito de pies a cabeza, pienso en algo bonito que me relaje y empiezo con el infantil pero infalible conteo de ovejas. Una tras otra, algunas pasan bailando break Dance, en dos patasalgunas corren y saltan la valla, otras caminan lento y pasan por debajo, otras vienen en grupos comentando el fastidio que les causa estar cruzando la valla todas las noches por mi culpa; en fin, tengo una alucinación bien pendeja con el ganado ovino. 

Caigo rendida en los brazos de Morfeo a los cinco, diez minutos, dependiendo de qué tan cansada me encuentre. Entonces sucede: Primero, es como que algo dentro de mí me advierte que me voy a paralizar. Me muevo un poco en la cama presa del miedo y pensando "¡Mierda, no otra vez!" y entonces siento que algo se me sube y me presiona el pecho muy fuerte, estoy consciente, lo sé, pero no puedo ni moverme, ni hablar. De repente empiezo a escuchar todo tipo de sonidos: voces, gritos, ruidos de animales, música rara, etc. Me asusta demasiado, trato de calmarme, y muevo lentamente los dedos de la mano, luego la mano, luego un poco la cabeza, y casi siempre termino gritando el nombre de mi hermana cuando pasa el "trance". Más de una vez mi pobre hermana se ha levantado asustada y ha venido corriendo a mi cuarto a abrazarme mientras yo moqueo y tiemblo.

Comparto esto porque muy a parte de que me caga de miedo siquiera pensar que me está persiguiendo algún alma o cualquier huevada que fuese, quiero hacerle saber a todos que no estoy loca ni drogada cuando a veces voy contando por ahí que sueño tal o cual cosa. ¿Será estrés? ¿Será la grasa y la cantidad exorbitante de comida que me empujo todos los días antes de acostarme? ¿Será algún alma amixer y pendeja que solo quiere llamar la atención haciendo sus huevadas? No sé, pero... a decir verdad no me importa mucho.

domingo, 1 de julio de 2012

Mi verdadero cumpleaños.

 Hoy es mi cumpleaños, oficialmente tengo veintidós años.Tuve un día de mierda por razones que no quiero comentar en estos momentos (en realidad me castigaron) pero gracias a un comentario de mi papá (con quien cené hace un rato) decidí darme un tiempo para escribir esta entrada, en la soledad de mi cuarto y con la barriga llena. Hoy mi papá, al verme, me dijo algo inusual: "Feliz verdadero cumpleaños"  

 Yo nací un domingo primero de Julio (sí, exactamente un día como hoy) en pleno mundial Italia '90. La verdad no me acuerdo un carajo, pero sé, gracias a los cuentos de mi madre, que empecé a joder desde muy temprano, mientras mi papi miraba el partido. Ella daba vueltas como una loca desesperada, pasaba entre la tele y mi papá, se revolcaba en la cama, gritaba improperios y rogaba para ser llevada a la clínica. César no hacía caso. Cuando mi mamá no pudo más con el dolor, empezó a desesperarse y por fin fue atendida por  mi padre, mientras él decía algo así como: "carajo, mi partido".


 Salí del interior de mi madre más o menos (en realidad creo) a las siete y media de la noche. Sé que fue muy doloroso, imagino el derramamiento de sangre, el cordón umbilical, mi llanto de ¡¡ESTOY VIVA CARAJO!! y más detalles que no valen la pena relatar (vamos, todos hemos pasado por eso) En fin, salí al mundo y fui llevada por las enfermeras para proceder a acicalarme. Hasta ahí todo "normal".


 El tiempo fue pasando, recuerdo poquísimo de la vida con mi papá, recuerdo muebles amarillos en la casa, una caída que me ocasionó una cicatriz en la frente que tengo hasta ahora, sus abrazos y besos antes de dormir, ver todo más paja desde las alturas cuando me cargaba en sus hombros mientras yo moría de miedo pensando que me iba a caer o mi cabecita iba a chocar con el techo. Recuerdo mis muñecos de Bebé Sinclair y recuerdo también bañarme en mi tina celeste, calata y gorda, y jugar con todos ellos a que se ahogaban. Recuerdo a mi abuelo, siempre me traía juguetes, recuerdo a mi vecina que era gorda y rompió mi primer triciclo. Recuerdo a peluchín, un perro negro con ojos azules que a veces me daba miedo, pero otras veces parecía bastante amigable, recuerdo las flores de mi mamá y me recuerdo buscando chanchitos en la tierra de las macetas. En realidad recuerdo bastante para haber pasado solamente dos años de mi vida con mi papá. Pero no recuerdo cómo ni cuándo todo eso se acabó, solo me recuerdo a mí siendo llevada por mi mamá y diciendo "adiós" con la mano. De pronto ya mi papá no estaba conmigo, y en cambio, tenía a la nueva pareja de mi mami, comprándome gaseosas y galletas de soda para ganarse mi cariño. ¿Quién iba a pensar que no se ganaría siquiera un poquito si no hasta después de casi veinte años?. 


 No volví a ver a mi papá si no hasta 1996, (y si lo vi antes no me acuerdo) cuando yo estaba en primero de primaria, y estudiaba en un colegio del callao. Estaba sentada al costado de David, un niñito con el cual me molestaban porque siempre me tomaba de la mano, me daba besos en la mejilla, y cuando yo llegaba al colegio se alegraba como si verme fuera lo mejor de su vida. Ah, y me regalaba toda su lonchera. UN MOMENTO: ¡¿Dónde está este niño?! creo que es mi verdadero amor, lo buscaré incansablemente, ya nadie hace eso por mí. En fin, estábamos haciendo palitos en el cuaderno, palitos de colores, cuando vi a una cara familiar asomarse por la ventanita y preguntar por mí. David soltó mi mano (que tenía agarrada por debajo de la mesa, ¡¡pequeño pillín!!) y yo me paré y me arreglé el uniforme. Le pedí amablemente a la profegorda que me dejara salir y ella aceptó. Salí y mi papi me dio el beso más emotivo que cualquier enamorado me pudo haber dado, el abrazo más fuerte que hasta ahora no he vuelto a sentir si no de sus propios brazos y me cargó, como antes, me cargó y me dijo "Hijita, te extrañé mucho. Te amo con todo mi corazón". Lo único que le pude preguntar, en mis escasos cinco años y medio fue "¿Dónde te habías ido? ¿De viaje?" y él empezó a llorar. Le besé la cara y le sequé las lágrimas, mientras le decía que no tenía que llorar, porque ya era un niño grande. Me bajó a la realidad, a la tierra mojada por la lluvia y me dijo "nos vemos pronto ¿ya mi amor?" y yo solo dije que sí. Regresé a mi salón, me senté, y volví a tomar a David de la mano. Y no recuerdo nada más.


 Me cambiaron de colegio, me fui al Fanning, que quedaba más cerca de mi casa. Veía a mi papá más seguido, porque mi hermana mayor me llevaba a su casa (que quedaba cerca a la mía). En 1997 nació mi hermano, y en el 98 mi hermana, mis visitas a la casa Cox se hacían más frecuentes y crecía el vínculo afectivo con mi papá. Íbamos a los juegos, a comer, de paseo, un sinfín de cosas que nos unían cada día más. Terminé la primaria y llegó el día de mi promoción, y él no estuvo conmigo por obvias razones: mi mamá no quería, porque le parecía muy incómodo, y él aceptó esa decisión y no fue. En cambio tuve al padrastro, bailando con una Fiorella que no quería bailar, y que no quería que le tomasen fotos porque no era él con quien yo quería bailar ni tomarme fotos. 


 Es todo lo que recuerdo de mi infancia, ya luego empecé la secundaria, la rebeldía, las salidas con amigas, los paseos con amigos, mi primer enamorado, mi propia vida y ya no iba tan seguido donde mi papá, pero él siempre me llamaba y me decía "Te extraño". Me fui de viaje en 4to de secundaria y él estuvo ahí para embarcarme en el bus, rezando para que no me pase nada, cumplí diecisiete y él me llevó a la marina a sacar mi carnet militar. Él me llevo a sacar mi DNI y por su culpa y sus chistes de mal gusto salgo con semejante cara de culo en la foto, pero no me importa. Mi papá me explicó muchas cosas que ahora entiendo, muchas cosas que me han servido en estos mis veintidós años. Él fue quien, con lágrimas en los ojos, me pidió que por favor no sea como él, que no me diera por vencida y que no me conforme. Es él, quien a sus 50 años, aún parece un chibolo de 18, cuando nos juntamos a hablar huevadas de la vida y nos reímos de todo, a carcajadas y prácticamente hasta llorar. Es él quien cuando se emborracha, en lugar de ponerse cargoso y jodido, es de la putamadre, quien baila la salsa con ese sabor propio mezcla de La victoria y la avenida Grau, y quien fuma como chino porque dice que su organismo "ya se ha acostumbrado". Y es él, quien hasta ahora, me da los abrazos y los besos más ricos que cualquiera, a pesar de que cada vez son más débiles.



Me importa un carajo mi cumpleaños, esto es para ti. Gracias papá.

sábado, 23 de junio de 2012

La gemela maligna.

Siempre he pensado que cada persona en este mundo tiene un doble. No, no tu hermana/o gemela/o, no. Un doble de verdad, que no conoces y que está por algún lugar de este mundo haciendo exactamente lo que a ti te gustaría hacer y viviendo la vida exactamente como a ti te gustaría vivirla. Total, como leí alguna vez en algún libro cuyo nombre no recuerdo, solo tenemos dos ojos, una nariz y una boca y no pueden existir muchas combinaciones de rostros en todo este mundo. Personalmente, he tenido más de un encuentro con chicas parecidas a mí, y a pesar de que nunca le tomé importancia, me pasó una vez algo que realmente me asustó.

Era Agosto del 2008, estaba yo en el aeropuerto Jorge Chávez, no recuerdo si iba o si ya había vuelto de Cajamarca, y estaba parada mirando a la nada, esperando algo, cuando de repente se abrió una puerta y apareció: Tenía mis ojos, mi nariz, mi boca, mis dientes, mi cabello, mi color de piel y mi tamaño. Era como verme en un espejo. Ella venía con una maleta de rueditas, y tenía una polera medio fucsia. Venía riendo, y reía como yo. Me quedé mirándola con la sorpresa digna de un momento así, y de la nada ella levantó la mirada y quedó justo en frente de mí. Se le borró la sonrisa del rostro, y su rostro serio era igual al mío. Me escaneó con la mirada y luego huyó, sin decir palabra alguna corrió, como si estuviese muy asustada. Volteé a ver por donde iba, pero se perdió entre la gente, y decidí que por bienestar de ambas era mejor que yo no la siguiera.

Algún tiempo después, estaba yo en el Icpna con unos amigos, en el paradero de la avenida Angamos. El semáforo se puso en rojo, los carros se detuvieron y mi amigo me tocó el hombro. Volteé y la vi en la combi. No sé si era ella, pero pasó igual: se quedó idiota, me miró de pies a cabeza y se le nublaron los ojos. Nos miramos por aproximadamente diez segundos antes de que la combi arrancara embalada ante el cambio de luz. Todos mis amigos se quedaron cojudos. No sé y nunca sabré explicar ese momento tan incómodo.

De joda empecé a preguntarle a mis padres si es que yo tenía una hermana gemela o nos habían separado tipo "Cómplices al rescate" y ella era la gemela rica y famosa y yo la misión imposible -No me juzgues, mierdita-. Cada uno por su lado se cagaba de risa ante mi pregunta con ejemplo de telenovela infantil: Mi papá me dijo: "bueno, qué se yo, seguro es mi hija pero de que no tiene tu edad, no tiene tu edad, no le digas a tu madre" y otra vez se cagaba de risa. Mi mamá, por otro lado, me decía: "ay estás creyendo sonseras, es tu cara que es muy común" -Qué buen apoyo- Igual siempre me quedó y me quedará la duda. De hecho esta mujer está haciendo lo que yo quiero hacer, y vive su vida como yo quisiera vivirla. Quien sea, es preciosa. Se parece a mi, pe.

¿Y si fuera mi hermana gemela? ¿O mi gemela maligna? Siempre me quedará esa pregunta. Aunque no le veo coherencia alguna me gusta alucinar que lo es, y me gusta volar en el espacio pensando en volverla a ver algún día y darle un abrazo, compartir un café, conversar un poco de muchas cosas. ¿Donde estará? ¿Donde vivirá? algún día definitivamente quisiera verla, y gritarle en la cara ¡Te analizo y te comprendo, maligna gemeli! -Mucha televisión.

domingo, 17 de junio de 2012

Si, mamá, me hacían bullying.

 Si, mamá, me hicieron bullying en el Fanning. No sé por qué, no sé cómo, pero yo siempre fui -desde tercero de primaria hasta segundo de secundaria nomás ah- bien flacuchenta, bien mongola y bien sumisa. Eso sí, siempre fui amiguera, aunque suene contradictorio, hacía chongo, pero poquito nomás, y con mi grupo de amigas, esas amigas que ya no lo son más. Todas (o al menos varias) de las chicas de mi salón me agarraban de lorna, y la vida en un colegio de mujeres fue para mí muy difícil. 

 Estaba en segundo de secundaria, año 2003, en pleno auge de las calatas de Axe Bahía -y lo menciono porque entre las cosas que involucran mi pasado oscuro están estos bailes de satanás, los cuales yo sabía de memoria y reproducía en todos lados- Yo era un cague de risa de vez en cuando, cuando no estaban molestándome. Recuerdo que de vez en cuando me iba a llorar a un salón desolado, que tenía la ouija pintada en la pared, y dejar de entrar a clases. Lloraba en el baño, lloraba en el salón, lloraba fuera del salón, lloraba en todos lados. Pero rara vez delante de una de las chicas del aula. Porque, aparte, me hubieran jodido de llorona.

 Había jalado matemática en primero de secundaria, lo que no me permitía jalar mate en segundo, en general no podía jalar más de tres cursos porque repetía el año. Recuerdo que estaba hasta las huevas en todos los cursos, excepto comunicación integral, educación física y arte. Todos los demás (matemática, religión, ciencia y ambiente, educación para el trabajo, Ciencias sociales, etc.) estaban con unas notas vergonzosas, y todo eso era por una simple razón: Me la pasé prácticamente todo el año en el salón de la ouija, leyendo "El amor en los tiempos del cólera" y posteriormente el mejor libro que pude leer en mi etapa escolar: "La palabra del mudo - Antología" y aunque ya lo había leído en quinto de primaria, volverlo a leer no hizo más que ocacionar, muy a parte de mi felicidad infinita, que yo repita el año con cinco cursos jalados. Con decir que toda la semana de exámenes yo estaba en el salón de arriba terminando de leer "los gallinazos sin plumas" No pues... con razón no tenía ninguna nota. Ya se imaginarán cómo la pasó mi madre cuando se enteró que yo repetía el año: lloró con una pena... que hasta a mí me dolía haber sido TAN imbécil y haberme dejado manipular tanto por un grupo de idiotas que ni siquiera pasaban los catorce. Pero a pesar de eso, y a pesar de que nunca le conté lo mal que me fue en mis dos primeros años de secundaria, ella me apoyó. Claro, pensó que había repetido por bruta, pero me apoyó.

 No hice travesura alguna hasta que me pasé a la tarde, eso fue el desmadre total. Como a toda buena -o mala- repitente del Fanning (y supongo que cualquier colegio nacional) me mandaron a la tarde. Mi vida cambió por completo, conocí a las más faites del colegio, me topé con la auxiliar más buena y generosa de todas y conocí a una chica en especial, de quien aprendí a ser como soy ahora (una basura) pero solo en el buen sentido de la palabra. Para variar, nunca falta el grupito de malditas que te quieren hacer la vida imposible, y sí que lo había. Pero estas nuevas amigas jamás me dejaban sola, es más, peleábamos juntas. Fui policía escolar (JAJAJA) y posteriormente policía ambiental (me di cuenta que más me gustaba cuidar la naturaleza del colegio, y me la pasaba mirando quién mierda botaba basura al pasto para azotarla con mi palo de madera) y fui tercer puesto en el salón, por los primeros trimestres. En todo el año 2004 me dediqué a hacer mis tareas, a leer después del colegio mis apuntes de los cursos, fui una niña tranquila a comparación de mis compañeras, que no desaprovechaban una sola oportunidad para irse a perrear a "Los botes", lugar al que me quisieron llevar, pero gracias a Apolo jamás acepté.

 Se acabó el año escolar y yo estaba dispuesta a volver al turno mañana y demostrarles a todas lo mucho que había cambiado, así que mi bella madre atracó y fue a matricularme. Me despedí de todas mis amigas pirañas de la tarde, de mi auxiliar querida, de la que me enseñó a ser quien soy, de las locas de los botes y de las maldits que -me olvidé- no les conté que al final terminaron convirtiéndose en mis amiguis. Entonces, escribí una nueva historia en las aulas matutinas.

 Tercero de secundaria, año 2005. Obviamente tenía miedo de volver, pero con las experiencias adquiridas y todo lo aprendido en el turno de la tarde, en realidad no fue tan difícil. Mi salón parecía ser un salón normal, al menos no había gente mala onda. Por el contrario, todas las chicas eran tranquilas y buenas. Hice amistad casi al instante con Nataly, a la que siempre joderé porque a los dos días de conocernos me dio un anillo de "amistad por siempre" cosa que me pareció de lo más normal, me encantó. Las gemelas que me cayeron de la putamadre apenas las conocí y con quienes hice una amistad bastante fuerte, en fin, todas las chicas del salón eran lo máximo. Con ellas estuve los tres años que me quedaban en el colegio, tercero, cuarto y quinto. Fueron los tres mejores años de mi vida escolar, ya no era tímida, ni flaca, ni mongola. Era fea, si, pero ya no tanto. Me volví una cagada, aprendí a tomar vino, tuve mi primer enamorado, bailé mi primer perreo hasta el suelo (con una mujer en el bailetón, pero bailé), me volví tan extrovertida que ya por lo menos hasta salía con las chicas a pasear, llegaba tarde a mi casa, y lógicamente descuidé los estudios. Jalé muchos otros cursos, pero siempre cuidándome de no repetir, eso sí. Iba a cada rato a O.B.E (Oficina de Babosas y Estúpidas, como llamaba al lugar una amiga), me tildaban de malcriada, de jodida, hasta el profe de arte me dijo que era una maníaco depresiva. ¡¿Qué?!

¡El mejor profe de historia! - Junto a Choque.
 En cuarto de secundaria creo que hice la travesura más pendeja de toda mi vida escolar. Gracias a ella me tildaron de atea, demonia, futura pecadora e hija de satanás. Bueno, no se equivocaron tanto. Resulta que yo tenía una profesora de Religión, que muy a parte de tener el curso más aburrido del colegio, era particularmente graciosa. Era chiquita, gordita, con lentecitos y siempre tenía una faldota y unas botitas que no calzaban más de 35, estoy segura. Ahora que lo pienso mejor, luego de seis años, me da cólera haberlo hecho, en realidad me arrepentí al instante de haber cometido mi salvajada. Estábamos solas luego del cambio de hora, esperando a la profesorcita. Las tizas en la pizarra, la silla de madera grande y de color oscuro, pensé "tengo que hacer algo". López y Carbajal me dijeron que pinte la silla, para que cuando la profe se siente, se le quede grabado en el poto. Yo cogí una tiza rosada, y sin pensarlo dos veces escribí, grandote y al revés para que quede bien visible en el potazo de la miss: LUCIFER. Nos cagamos de risa y nos fuimos a sentar cuando una de las chicas dijo que ya venía la pequeña profesora. Lo que sucedió a continuación, para mi mala suerte, fue que la profe en lugar de sentarse, se quedó parada y pidió una "revisión de uñas". Yo, lógicamente, tenía tiza rosada hasta la muñeca, y me chupaba los dedos para borrar rastro del rosado polvo, pero fue demasiado tarde: tenía a la religiosa maestra delante de mí, mirándome desafiante y con una cara que parecía el mismísimo diablo. Me mandó a la dirección y me jaló con 10 por TODO EL AÑO. Vaya manera de perdonar al prójimo, ah.

La clásica foto de la promoción
 Luego de eso no recuerdo otra cosa extraordinaria que haya hecho en el colegio, en cuanto a travesuras se refiera. Lo demás eran palomilladas, recuerdo que en quinto teníamos una profesora de arte que nos enseñaba a bailar marinera y para ese entonces mi mamá me había comprado unas zapatillas bien pendejas modelo floricienta (Troll mom) y un día me puse la falda de marinera, me amarré la blusa a la cintura (cuando tenía) y salí con las zapatillas puestas a hacer un baile en el balcón. Según yo, era un baile español. Me tuve que soplar la chapa de "floricienta de acho" por casi dos meses. O cuando nos enamoramos del "conserje" Marcio, un chico que estaba tan jodidamente bueno , que ni parecía el chico de mantenimiento. Lo acosábamos, lo perseguíamos, nunca le hablamos, pero la pasamos bien con el Stalkeo. En clase de educación física, mientras hacíamos nuestros ejercicios en el patio, él se mojaba el cuello en el caño del costado. Solo le faltaba quitarse el polo para que Sofía y yo corriéramos a toquetearlo. Así de alborotadas. Hubo peleas en el baño, con chicas de otro salón, evasiones de formación todos los Lunes, gritos a profesores injustos, insultos, más palomilladas, más estupideces, viajes, paseos. Hubo de todo, y nunca fue suficiente. 

 De mi promoción guardo recuerdos muy hermosos, y curiosos. Fui la piraña del salón, fui "el chibolo" como me llamaban algunas, por mi parecido al chibolo de la gran sangre, fui el futbolista, el macho del salón. Fui "La niño". Tuve una mejor amiga en quinto, pero ahora no sé quién es ella, o tal vez ella no sabe quién soy yo. La persona con la que menos relación tuve en el salón es ahora una de mis mejores amigas y las madres son muchas, y todos sus hijos son mis sobrinos preciosos. TODOS. No me arrepiento de haber repetido, de haber leído en el salón de la ouija, de haber tomado vino, de haber sido tan relajada. Tampoco me arrepiento de lo de floricienta de Acho. JAJAJA. Perdón. 

sábado, 28 de abril de 2012

Jóvenes salvajes - Una noche con los Rock'n'Roll All stars

 Hace dos días, yo ni pensaba que esto iba a pasar. Me había quedado con Maribel en el trabajo hasta muy tarde y leí una publicación en el Facebook que me dejó más estúpida de lo normal: "Tengo dos entradas para el Rock'n'Roll All Stars, al medio. Precios al inbox". Le mandé un inbox inmediatamente y le dije al buen Pepito que YO quería las dos entradas. Quedamos cómo, cuándo y dónde me las entregaría, y empezó mi euforia. Yo ya me había resignado a no asistir al concierto por falta de plata, pero esto cayó perfecto, y muy barato. El concierto más esperado del año para todo amante del Rock, para todo fanático empedernido de los Guns'n'Roses, del lengüón del Gene Simmons, de Sebastian Bach, etc, etc, etc. Les contaré qué tal me fue ayer.

 Me escapé un rato del trabajo para irme a la Universidad San Martín de Porres, que queda por Surquillo. Fui a buscar al pequeño Pepito para que me entregue las entradas. Supuestamente iría al concierto con Maribel, mi fiel acompañante a todo concierto rockero (véase el concierto de los RHCP), pero a última hora se desanimó, porque según ella no se sabía las letras, y no le gustaban todos y bla, bla, bla, por eso decidí ir con un amigo, que se alegró cuando le dije que tenía una entrada más. Cuando tuve las entradas en mis manos y ya faltaban pocas horas para el concierto, no lo podía creer, y aunque eran para la zona del medio no me importó, fue prácticamente un "A nada" bien merecido. De regreso al trabajo terminé mis cosas para poder salir a las 6 en punto y  me cambié de ropa para no ir tan fresa al concierto: me puse mi polo negro, mis tabas asquerosas y mi correa de púas, dejé mis tacos y mi cartera en la oficina y salí corriendo rumbo al puente trujillo, para tomar el carro rumbo al rock'n'roll y media hora después, me encontraba corriendo como una loca por todo el Jockey, para llegar al lugar exacto del concierto. 

 Una vez adentro, no tenía cómo tomar fotos, porque no había llevado cámara, así que le dije a mi amigo que tomara unas cuantas para la posteridad. Era feliz, estaba justo en la reja que dividía mi zona con la de adelante, sentía envidia por todas esas almas de negro que tenían mejor visión del escenario y sus artistas que yo. Me tomé una chela y me tumbé al piso a mirar el cielo, tenía que ahorrar energías para lo que venía, tenía que ahorrar energías para dejar que la adrenalina del rock'n'roll invada todo mi cuerpo. Lo mejor estaba por comenzar.

La hembra de Sebastian Bach

 Todo empezó muy rápido, a las nueve de la noche en punto, o tal vez antes. La gente se desgarraba las vestiduras, gritaba y brincaba de un lado a otro mientras los músicos hacían su entrada triunfal al ritmo de La Valkiria de Richard Wagner. Me quedé cojuda, mirándolos caminar. La guitarra nos daba una calurosa y desenfrenada bienvenida a la jungla, cuando Welcome to the jungle empezó a retumbar en nuestros oídos. La gente lanzaba cerveza, el pogo se armó prácticamente a nuestro lado y un Sebastian Bach enloquecido empezó a agitar a la multitud, convirtiéndola al instante en su fiel esclava. A partir de ese momento, y cuando empezó otra de los Guns, It's so easy, me transformé en uno más de los muchachos asistentes, empujé, pateé e insulté como cualquier otro hombre hubiera hecho (ya les había explicado lo de mi trance conciertero) y luego el corazón se me detuvo cuando empezó a sonar Youth gone wild, donde todos saltaban alto y coreaban tal vez el himno de sus propias vidas. Not my case. Luego de esa canción, vino Whole lotta love, de mis cuatro amores de Led Zeppelin. No me gustó como la interpretaron, me quejo. Después de semejante daño que le hicieron a una de las mejores canciones del Hard Rock, vino una de The Cult, Wild Flower, con esa sí brinqué como animal, o sea como siempre.

Joe Elliott (obviamente de joven)

 Llegó el momento para Glenn Hughes, ese tío ex bajista de Deep Purple, y también ex vocalista de Black Sabbath, quien fue aplaudido por todos los demonios de esa noche. Con casi sesenta años, todo viejito, se lanzó con Highway Star, luego con Fire Woman, Wild Forever y Burn. Este viejo sabe lo que es llevar el Rock en la sangre. Y mientras todos saltábamos como bestias, aparecían uno a uno, los integrantes de Alice in Chains, The Cult, Ed Rowland de Collective Soul, y Joe Elliott.


 Seguimos así por muchos minutos más, saltando, gritando, aplaudiendo, pogueando y sudando como chanchos. En el momento en que Joe Elliot cantó Animal de Def Leppard, yo me fui a buscar una miserable botella de agua al fondo porque moría de sed. La compré, y cuando quise regresar a mi lugar, algún demonio de la noche me jaló con él al pogo. Me lanzaron de un lado a otro, pateé unas cuantas cabezas, unas cuantas extremidades. Encima me robaron mi botella de agua y se la tomaron entre todos. Ya se imaginarán lo que yo hice: agarré a puñetes al causante de todo esto, y tal vez a uno que otro que se había tomado mi agua. Empujé e insulté a la tipa horrorosa que me había jalado de los pelos (y sin razón aparente) y amenacé con sacarles la mierda a todos ellos si es que no me compraban una nueva botella. El demonio de la noche me pidió perdón en todos los idiomas, me llevó nuevamente al puesto de las bebidas y me compró una Inca Kola. Volví con mi sorbete entre los dientes y miré a todos, uno por uno. Sus rostros no se me olvidarán jamás (en realidad ya los olvidé). Caminé rumbo a mi lugar, cantando Pour some sugar on me, cuando un chico con un polo de Jack Daniel's igual al mío me abrazó de la nada y me dijo en el oído "I'm hot, sticky sweet, from my head to my feet, yeah" -No sé si quería ser sexy o qué- Seguí caminando luego de zafarme de sus apestosos brazos y me sentí perdida: Todos estaban de negro y de espaldas. Reconocí a mi amarillo amigo (el único gay que va con polo amarillo chichero al Rock'n'Roll all stars) y a mi otro amigo a su lado, así que me planté con ellos y ya no me moví. 



 Luego de eso, vino, a cargo también de Elliot, una canción que reconocí recién por el coro: All the young dudes, de David Bowie y Mott the Hopple, una canción muy emotiva que casi nadie cantó, y luego vino la parte emocionante cuando McKagan, Matt Sorum y Clarke tocaron un set acústico con Knocking on heaven's doors, de Dylan, You can't put your arms around a memory, y esta empalmó, para mi sufrimiento eterno, con Patience. Encima terminaron con Paradise City, osea ya me imaginan metiendo derechazo limpio y pura patada, y con lágrimas en los ojos de la emoción por las dos últimas canciones. Fue lo máximo. 

 El momento más esperado para muchos menos para mi, fue cuando apareció mister lengüa, Gene Simmons, y se quedó parado mientras todos le aplaudían, y yo renegaba porque me parecía muy creído ese huevón, y no canté ninguna de sus canciones, excepto la última, I wanna Rock and Roll all nite (an pari everidey) y fue antes de esa canción que descubrí que uno de mis amigos acompañantes había perdido mi celular. Renegaré por siempre con ese huevón. 


 Definitivamente fue un buen concierto, Matt Sorum salió y prometió que volverían a Lima, ojalá se de algo así más adelante, pero, por favor, que vengan más artistas, y mejores... propongo a Jimmy Page, Robert Plant, Eric Clapton, Mark Knopfler, qué se yo. 



¡ROCK AND ROLL!
*La única foto (encima robada) es que no llevé cámara. Fue.

sábado, 24 de marzo de 2012

Cero cero

Todos estudiamos para ese examen. Yo estudié como cojuda. Leí, subrayé, resumí, hice mapas conceptuales, me rompí el cerebro (a última hora, pero lo hice). Maldito profesor metalero, con su panza desafiando a la gravedad y los botones de su camisa a punto de salir volando. Maldito profesor con sus audífonos y su ipod a todo volumen escuchando Master of Puppets de Metallica. Maldito profesor con su jueguito en la mesa, simulando la batería de la canción y tu tarareo. Maldigo tu panza, tu ipod, tus dedos de olluco y tus malditas ganas de hacer las preguntas más inesperadas en todos tus putos exámenes. Me enseñas de Incoterms y me preguntas de Cristóbal Colón. Me enseñas verde y me preguntas fucsia. Encima fui un domingo a las ocho de la mañana, por ti, maldita sea; porque quería aprender, porque no quería jalar tu curso, porque hasta me caías bacán. Hasta te tenía respeto porque teníamos los mismos gustos musicales y me encantaba hablar contigo de Led Zeppelin. Igual pasó, viejo gordo.

Estábamos todos sentados esperando nuestra segunda evaluación continua. Yo ya tenía un 08 en la primera, que según yo fue porque no había estudiado lo suficiente. Una cagada total. Estábamos sentados, entraste y pusiste tus gordos brazos en la mesa. Empezamos con clase, yo estaba segurísima de que este examen iba a ser más fácil que bailar Rock'nRoll. Nos entregaste las pruebas vacías y vi todo en chino mandarín. Escaneé todo el examen, pregunta por pregunta, opción tras opción. "¿Qué mierda es esto?" pensé. El cerebro no me daba. Miré a mi costado, alguien escribía como loco. Al otro lado, otro se golpeaba el mentón con el lapicero. Miré al techo, a ver si Dios o alguien me iluminaba y Cibertec se incendiaba, para poder librarme de ese examen de mierda. Hasta deseé que Fujishima se desmayara de nuevo, como en aquel examen de Marketing, donde el profe se la llevó al tópico y nosotros plagiamos como en el infierno. Pero nada de eso pasó. 

Intenté recordar todo lo que me habían enseñado, mi mapa conceptual, mis temas subrayados, mis resúmenes, todo. Era en vano, tenía la mente en blanco, sudaba como un chancho y encima estabas sentado en frente de mí, y encima me distraía porque en tu maldito Ipod sonaba Heartbreaker de Zeppelin. No podía concentrarme, cantaba la canción, movía mis dedos al ritmo de la batería, me miraste, y señalaste mi examen, como diciendo "Resuelve tu prueba, mierda, acá el que canta soy yo" miré nuevamente el examen, las preguntas, las opciones. Puse mi nombre, cualquier huevada en una pregunta y marqué dos opciones que me parecieron coherentes. Terminó la canción, me paré y te entregué la prueba. Me miraste con decepción y me fui. 

Después de una semana nos devolviste los exámenes, y a pesar de que tenía ciertas esperanzas, ya lo veía venir, panzón. Dijiste mi apellido, me paré y me dirigí a tu sitio. Tenías una mirada extraña, me moviste la cabeza de un lado a otro y me preguntaste "¿Qué pasó?" te dije "no se, creo que fue la canción, usted me distrae con su música profe" y te reíste, pero luego te pusiste serio: "no, en serio, mejora esto, porque vas a jalar" y me estiraste el papel doblado. Esperé a estar bien sentadita en mi silla y segura que ninguno de mis amigos me vea para abrirlo y ver algo que nunca en mis 21 años había visto. Grandote, y pasado varias veces con lapicero rojo, como quien dice "¡mira, por cojuda!" estaba mi 00, ¡CERO CERO! Me cagué de risa, lo doblé en varios cuadraditos y lo metí en mi cartera.

 Creo que no sirvo para esta carrera de mierda. 

domingo, 18 de marzo de 2012

Una luz que nunca se apaga - Morrissey en Lima

 Salí de vacaciones justo para que coincidiera con el día del concierto, ya lo tenía todo planeado. Hice unas cuantas cosas en la mañana, dormí como un chancho,  y plan de cuatro de la tarde me dirigí al Jockey Club, Forever Alone como siempre voy a todo concierto, a hacer mi cola bajo las inclemencias del verano para -por fin- luego de casi cinco años de haberme convertido en una "Chica The Smiths" ver en vivo y escuchar la voz de la que me enamoré con There is a light that never goes out, en un salón del Icpna.

 Estaba ya en la cola, con un calor de mierda que me sancochaba el cerebro, cuando por fin empezamos a avanzar. Alguien por ahí regresaba diciendo: "no están dejando entrar cámaras, los están regresando" Bah, no hice caso y seguí avanzando. Mi corazón latía cada vez más rápido a medida de que la gente de mierda avanzaba e iba entrando. Estaba por toquetearme el V.I.P. Llegué donde una tía y ella prácticamente me exigió que abriera mi carterita. Lo hice, me revisó y me dijo mirándome fijamente a los ojos: "las cámaras no entran" -¡¿Qué?! ¡¿QUÉ VOY A HACER AHORA?! -"Déjala en el grifo, ellos te la cuidan" -"Si, claro, ni cagando la dejaré en el grifo... piensa, Fio, piensa". Mi cabeza lanzaba millones de ideas: en el sostén, debajo de la axila, en la media, escondida entre mi melena, pero ninguna de esas ideas eran viables, el tiempo se acababa, y yo estaba en la esquina del Derby con dos chicas que, como yo, tenían el problema de la cámara. Me apoyé inconsolable en el muro, muriendo de calor, prácticamente con lágrimas en los ojos, hasta que una de ellas lanzó una idea completamente descabellada -y dolorosa, a primera impresión- Ella dijo, con los ojos abiertos como plato: "Póntela en el calzón, nadie te va a tocar abajo, yo lo hice para el concierto de Oasis hace uff... jajajaja" La otra chica y yo nos miramos sorprendidas, y sin decir nada, mientras una hacía de campana, y la otra tapaba, yo estaba metiendo una Canon entre mi ropa interior y mi pantalón negro.

 Caminamos las tres nuevamente hacia la tía, cagándonos de risa mientras veíamos que una de ellas la estaba pasando terriblemente jodido, pues su cámara era de modelo antiguo, y ligeramente grande, y sus pantalones eran muy ajustados. Caminábamos hasta las huevas, quejándonos de dolor cada dos o tres pasos, riéndonos como estúpidas por la locura que habíamos cometido (ay si, qué locura). Cuando por fin llegamos donde la vieja del mal, nos toquetearon, y nos revisaron las carteras. Nuestras caras de incomodidad eran demasiado notorias, pero la tía nos dijo: "Pasen", la palabra mágica del día. Entramos como pudimos, y mientras todos, absolutamente todos corrían como dementes para encontrar una ubicación, nosotras tres caminábamos como escaldadas. Qué cague de risa.

 Llegamos como pudimos a la fila, nos quedamos paradas mientras esperábamos que avance. Habremos estado paradas aproximadamente cuarenta minutos, los peores de mi vida. Ellas se me perdieron, me quedé sola y conocí en la fila a otra chica. El dolor en las entrepiernas se me hacía insoportable, y seguía avanzando de a pocos. Una vez que pudimos entrar por fin al lugar, luego de haber pasado por el clásico túnel y haber caminado por un campo gigantesco de pasto, esperé a estar bien rodeada de gente, lo suficiente como para no poder respirar y metí la mano en mis pantalones, saqué la cámara y me alivié de semejante dolor en las entrepiernas.

 El calor era insoportable, todos sudaban, los olores de la gente me atolondraban y no había probado alimento desde la una de la tarde, y ya eran casi las seis y media. Moría de sed, sentía que me desmayaba. Estaba en la primera zona, pero tanto aplastaba la gente que tuve que retroceder de la primera fila a casi la novena, y seguir aguantando empujones, olores asquerosos y alientos putrefactos. Mi vida no valía nada hasta ese momento. Siguieron pasando las horas, el calor era más y más insoportable, ya oscurecía y no podía moverme de donde estaba, porque eso implicaba perder mi ubicación, así que me quedé parada, aguantando el hambre. Se apagaron las luces, yo ya no sabía ni la hora ni el día, solo sabía que había pasado más de seis horas sin comer ni beber, y que quería desmayarme. Vi a alguien trayendo un teclado, escuché gritos de la gente, miré al cielo a ver si llovía, miré a mi costado, nadie tenía una puta botella de agua, nadie. La cabeza me iba a explotar, apareció una mujer vestida de blanco, cantó unas cuantas melodías borrosas, le tomé unas cuantas fotos, pensando que era una burla su presencia en el escenario. Mil disculpas a los que realmente les gustó Kristeen Young, a mí no me gustó un carajo. Luego de eso, más oscuridad, más desvarío, más hambre, más sed y más ruegos porque todo esto termine ya. 

 Pasaron vídeos de Elvis Presley, de Shocking Blue, etc, etc, etc. La gente estaba extremadamente impaciente, yo aún más, hasta que aproximadamente a las nueve, POR FIN salió Mozz, haciendo que yo me ponga a llorar como demente (no por él, por mi, moría de TODO en ese momento) Casi me desmayo, la gente aplastaba a más no poder, era una porquería. Tomé fotos como demente, él dijo que le encantaba estar aquí, que esta era la ciudad de los reyes, y etc. Estuve tan cerca, canté con el pulmón en la mano (y el estómago en el cerebro) y con toda la emoción del mundo, me sumergí con los demás en la onda Mozzera, coreando todas sus canciones, llorando por otras, saltando con una más y grabando lo que la tembladera de la multitud me permitía grabar. Fue una hora y media aproximadamente llena de sentimientos encontrados, el recordar cuando escuchaba sus canciones, en la playa, en el trabajo, en el Icpna. Lloré todo el concierto, ya no podía más. Cantó las que yo quería que cante, en fin, fue muy emotivo el concierto. Yo sentía que luego de eso, iba a morir. 

Luego, al salir, compré dos gaseosas y me las tomé en el acto, me mojé la cabeza con una botella de agua a medio terminar que encontré en el piso, a la salida me compré una cerveza y también la terminé. Caminé como peregrina para encontrar un carro, pero logré salir de ahí con vida. Me cansé de escribir.




-Ahora... ¡LASFOTOSDELCONCIERTO! 


*Aquí toda la gente del concierto, impaciente y hasta aburrida, como el señor barbudo. Qué asco, todos están sudando.



*La Kristeen Young, una loca calata. Se agachó y le vi el calzón, qué asco.



*Mi amado Morrissey, con la luz sobre su cabeza. 



*Aquí el ex baterista de Leusemia, ahora baterista de la mitad de las bandas subterráneas de rock, punk, etc: Raúl Loza. Me lo encontré entre la multitud Mozzera. PD: qué asco el tío de rojo. Calor de mierda.



*Al final del concierto, todos los músicos (BABA)
 



*A la salida, con la chela que me pareció la última bebida del desierto



*Todo lo que me quedó después del concierto: Mi Flyer, mi entrada y mis monedas (:ForeverPobre:)



sábado, 28 de enero de 2012

Hola, me dicen Lalo.

Siempre me ha gustado todo lo contrario a lo que hago. No, no te atrevas a decirme que mi vida es triste. Desde chiquita he pensado en eso, yo quería ser bailarina de ballet, o cantante, ser descubierta a lo Connie Talbot en algún programa de talentos, pero no. Me metieron al colegio. Y encima al Fanning. O sea, no me quejo de haber estudiado en el Fanning, es más, gracias a eso y a todo lo que padecí en ese rosado colegio ahora puedo tranquilamente sacarte la mierda - sí, también me bulleaban - pero de haber podido levantar la voz de protesta y decir algo, hubiera dicho "¡carajo, yo quiero ser cantante, o bailarina, o artista. No necesito saber sumar!" Aunque igual no me hubieran escuchado. 

Mientras estaba en el colegio, no me gustaba nada, no hacía mis tareas, era una lacra, evadía clases para irme a leer tranquila "El amor en los tiempos del cólera" en algún salón vacío (en realidad evadía clases porque me hacían Bullying). Me fui al turno tarde, volví al turno mañana y me volví paulatinamente en la basura que soy ahora, porque si soy conchuda y hasta las huevas, es por todo el maltrato que recibí en el cole. Así que volví al turno mañana y me relajé como me dio la gana. Nada realmente me gustaba excepto los idiomas, el arte, la danza, la música, y las aves. Pues bien, un buen día, después de haber llevado a mi casa a más de 5 cuculíes en estado moribundo, y luego de que todos y cada uno de ellos hayan muerto en mis manos, indagué y decidí que quería estudiar Ornitología. Añoré y deseé con todo mi ser poder ir a cualquier universidad del planeta donde tengan esa carrera y estudiar a todos los pájaros del mundo. ¿La respuesta? NO. Entonces decidí estudiar cualquier mierda que tenga que ver con el arte. NO. Entonces decidí no estudiar ni mierda. Y fue entonces que decidí empezar aunque sea el Inglés, en quinto de secundaria.

Un buen día a la salida del Icpna me dieron un volante que decía "busco profesora de Inglés (Inicial - Primaria) - Conocimientos intermedios". Yo tenía conocimientos intermedios, tenía 17 años, había estudiado algo de atención infantil en el colegio y era joven, proactiva, amorosa con los niños y tenía paciencia de santa (aquellos tiempos) Así que fui, y me aceptaron al toque. La pasé genial, me encantaron los niños, amé el puesto, amé ser profesora sin haber estudiado un carajo de cómo ser profesora. El único problema era la directora del colegio: era una loca de mierda. Les gritaba a los niños de 4 años como si fueran sus hijos, dejaba sin lonchera a mis corazoncitos de 3 añitos por decirle yellow al verde, entraba a mi clase de 5to de primaria y preguntaba si habían aprendido algo, el que no respondía bien, no tenía recreo. Mis pequeños lloraban y yo moría de pena. ¿A quién reclamarle? ¿Con quién quejarme? Esa bruja era la más más del colegio, y encima era particular. Y por si fuera poco, cuando le dije en su cara pelada que pensaba que ella era una loca y que no me parecía su manera de tratar a los niños, me botó, y no me dejó despedirme de ninguno de mis alumnos. Me fui muy triste ese día. 

Ahora, a mis veintidós años, estudio administración de empresas en un instituto, porque, según yo, no tengo capacidad suficiente para rendir un examen de admisión, ni capacidad ni plata ni tiempo. Cosas fundamentales. Trabajo de 9 a 6 y estudio normalmente de 6:30 a 11 de la noche, así que voy a clases casi con el mismo entusiasmo con el que uno va a -no sé- votar, cagar, etc. Cansada, con hambre, con sueño, pero voy. Tampoco me quejo, es divertido. Siempre que podemos con los chicos jodemos en el salón,  salimos a comer, tomar, bailar, reír y pasear. Ahí conocí buenísimos amigos, me encanta el lugar. Mi carrera no me apasiona con locura pero me la tomo muy en serio. Más en serio de lo que piensan todos.


Como estoy de buen humor, les dejo unas fotos que describen todas las etapas que les acabo de contar de mi aburrida vida.


*Mi loro, Maceta. Lo encontré en la azotea del edificio un día, en la maceta gritando, con su alita chancada y visiblemente con hambre. Por eso le puse un nombre tan estúpido. A escondidas y con una propina que me dieron buenamente en mi casa, lo llevé al veterinario y me lo curaron al toque. La jaula que aparece detrás de él no era más que pura finta, porque él volaba hacia un árbol cercano, se quedaba ahí hueveando todo el día y cuando quería comer entraba a la jaula, comía y bebía como Pedro en su casa, y se volvía a largar, hueveaba un rato más, hacía amistad con otras aves miraflorinas y regresaba a dormir. Hasta que un día lo vi con otro lorito igual a él, y jamás regresó.
 malagradecido :(



*Yo en el rico Fanning, lacra como era en esas épocas. Llegaba tarde y mi compañera Katherine Díaz me dijo "la evidencia de tu tardanza" y lanzó su flash, por eso mi cara de imbécil. Un momento, siempre tengo esa cara.



*Mis alumnos de 5to grato, de atrás para adelante: Fernando,  el aplicadito de al fondo; Diego, el piraña que está parado seguro jodiendo e incitando a todos a abandonar el salón e irse a comer choripan; Julio César, también piraña y malcriado, pero muy aplicado y uno de mis alumnos más inteligentes; Leonardo, tapándose la cabeza con su casaca mientras gritaba "no quiero foto pe miss Fiorella, chamare" y al fondo, preguntando si el que terminaba podía ir comiendo lonchera, el desconocido. Jamás me acordé su nombre.



*Esta soy yo, la papa a la huancaína de la derecha, en pleno ejercicio financiero. La que alza el brazo en son de protesta -y además limpia solapamente con su axila la pizarra - es Melissa Fujishima. Búsquela en Facebook,  y Stalkeela, sin roche. También tiene tu twitter, su Hi5 y su Fotolog. Es ponja, por eso está en todas. 


*Aquí María Arroyo, mi buena compañera de salón, haciéndose la intelectual con su laptop -pero está comentando fotitos calientes en facebook- y yo, visiblemente desesperada ante la amenaza de un ejercicio matemático que iba más allá de mis conocimientos. Tal vez una suma de fracciones o el desgraciado de Ruffini.




*Para terminar, un videíto de aquellos que marcaron mi infancia (En realidad tenía 14, pero era ñoña a comparación de las perreadoras compulsivas de mi salón) Pues bien, Michael Astudillo me hizo el favor y cantó lo que yo quería expresar de niña. Si pueden véanse más videos de 31 minutos, son un cague de risa (Y si no se ríen, entonces yo tengo problemas). 


sábado, 14 de enero de 2012

Mis SuperZapatillas

 Me gustan mis zapatillas de Superman, me las compré en Agosto del 2011 en el Saga de Jirón. Recuerdo que fui toda faite donde el chico de la sección converse y le dije: "quiero estas en 38". Él me lanzó la "mirada de desprecio Saga 2011" y me dijo: "pero estas son de hombre" -Fuera mierda- las quería igual.

 Dispuesta a llevármelas de cualquier forma, me fui a sección "Junior" y vi que un púber que me doblaba el tamaño - yo soy chatita - le decía a su viejo "mira papi, estas son bravazas". Inmediatamente, presa del pánico y del temor a que ese estúpido wachiturro me gane y se las lleve, me acerqué y le dije "préstamelas". Me saqué la taba cochina (otra converse) y me  probé la masculina zapatilla de Superman. ¡No! me quedan a las justas... qué importa, otra vez donde el brother "¿tienes en una tallita más?" otra vez la mirada de desprecio: "¿son para ti?" qué te importa, maldito, dame una talla más. "no tengo, son las únicas" - ¿Qué hago? me ajusto nomás, me pongo medias delgadas, o no me pongo medias, me corto un pedazo de dedo, guardo las garras, ya que chú - Mi cara de felicidad era única cuando el brother este me entregó la cajita, esa bendita cajita que me costó luego de varios meses un asunto judicial con el Banco Falabella, por no poder pagar ya que justo para Agosto me metí a estudiar - Esa es otra historia - Así que me las llevé en el Metropolitano, y aunque estaba apretado a más no poder, era la persona más feliz, y mi estúpida cara de felicidad me duró aproximadamente un mes y medio. 

Ahora, varios meses después, están hechas una cagada las pobres, no las lavé jamás, porque claro, Superman es así, guerrerazo! él no necesita bañarse (vuelve la cara de imbécil) Aquí dejo una foto de  ellas... Y si se preguntan si estoy con medias, la respuesta es ¡NO! si no, no me quedarían.