miércoles, 17 de mayo de 2017

Los viejos

Hay viejos que están locazos. Mientras menos te conocen, más te están contando de su vida y de sus cosas alucinantes, aunque no los escuches y ni siquiera los estés mirando, ahí están: contándote cómo se sacaron la entrechucha hace cincuenta años mientras manejaban una Harley Davidson desde Petit Thouars rumbo a Chorrillos solo para hacerle la cagada a la gente de un barrio. Cómo se sacaron la entrechucha contra un árbol del parque de Barranco para luego señalarte en qué parte del cuerpo tienen aluminio y terminar diciéndole a tu novio que las motos son más valiosas que las mujeres, en tu cara. Hay viejos que están locazos porque vivieron un montón de cosas chéveres y a tu edad ya tenían 7 hijos y te sacan en cara que hace cincuenta años no habían celulares y "¿cómo yo sí podía llegar a un sitio y encontrarme con mi chica sin necesidad de llamarla cada cinco minutos?". 

Hay viejos que están locazos porque sus vidas fueron más increíbles que la vida que jamás viviremos, porque nos da miedo ir de Petit Thouars rumbo a Chorrillos si no tenemos a qué gente de qué barrio hacerle la cagada, porque no nos sacamos la entrechucha contra un árbol, ni tenemos aluminio en nuestros cuerpos y tenemos que usar Waze para ubicarnos porque se nos olvidaron las calles y tenemos que llamar cada cinco minutos a una chica que jamás llegará porque se olvidó que tenía una cita contigo. Porque nos aterra tener hijos y nos aterra aún más tener 7 hijos y no podemos ni podremos decirle nunca a ninguna chica que, efectivamente, una moto es más valiosa que una mujer, porque desataríamos la furia de miles de mujeres que nos tildarían de machistas, y que el patriarcado, y que mil cosas más para las que a las justas tienes tiempo, porque prefieres ver memes. 

Hay viejos con los que vale la pena juntarse a charlar, para recordar que es bacán burlarse de la vida y seguir siendo de putamadre. Aún con una placa de aluminio en el tórax. 

*Escrito en 2016