viernes, 20 de diciembre de 2013

Vivir

 Hace varios años, mientras caminaba con mi papá por la cuadra catorce de la Arequipa (por donde está el Niza) vi algo que me dejó pensando. Era muy pequeña y aún no sabía muchas cosas, pero más o menos entendía lo que pasaba.

 Habían unos chicos en bicicleta que reían y bromeaban sobre pasar por en medio de la berma central que, en ese momento, estaba siendo regada por esos aparatos automáticos. Yo le dije a mi papá: "Si pasan por ahí se van a mojar" y él sólo me sonrío. Mientras esperábamos un carro, yo seguía mirándolos. Ellos bromeaban y lanzaban "hurras" para el primero que se atreva, pues el agua estaba saliendo bastante fuerte y mojaba todo, hasta la pista. El resto de personas evitaba pasar por ahí y simplemente cruzaban para cualquiera de los lados de la avenida, porque lógicamente se iban a mojar.

 La gente les miraba sorprendidos, y algunos curiosos hasta se quedaron parados a ver quién le iba primero. Al grito de ¡UNO, DOS TRES! se lanzaron los cinco muchachos y, mientras alzaban los brazos, cruzaban en bicicleta por en medio de la regadera. Llegaron a la otra cuadra completamente empapados y matándose de risa.

 Cuando llegué a mi casa, dejé mis cosas y apurada fui a contarle a mi mamá. Ella ni me miró, seguía cocinando y, mientras probaba el aderezo de su arroz con pollo, me dijo: "Eso se llama vivir".

lunes, 9 de diciembre de 2013

Chispitas en la panza

 Era mi primer día de clases en  Cibertec y yo sólo quería pasar desapercibida. Siempre he sido de esas personas que primero son caletas y después entran en confianza y pues lo demás ya lo saben: soy un locón. Bueno, esta vez quería ser diferente, quería -realmente- ser perfil bajo, al menos la primera semana. 

 En el camino (luego de escribir esta entrada), pensaba en todas las posibilidades de toparme con uno que otro indeseable (véase "gileo de primer ciclo que nunca llegó a nada más/ chica con la que me peleé en pleno salón/ zorras malhabladas/ profesores mañosos y horribles/ amixers que llegaban al salón con su Don omar a todo volúmen", ETC.). No quería asustarme más pero, cada paso que daba, sentía que se me iba el aire. Vi mi horario. Piso 6. Carajo, los ascensores estaban repletos. Decidí caminar. Primer indeseable: carajo por qué pasé por acá. Segundo indeseable: La ptm cómo no me voy a estudiar a Isil y los dejo de ver. Primer amigo: Hooola, por favor sácame de acá. Tercer indeseable: Maldita lisiada mírame bonito... Logré mi objetivo y alcancé el piso seis muriendo de asma. Era un poco tarde y, mientras esperaba que el profesor se dignara a dejarme pasar para poder refugiarme de todo lo que andaba suelto, eché un vistazo dentro del salón y le vi. Un chico normal, BASTANTE normal. Y hubiera sido extremadamente normal si no hubiera sentido un no sé qué; era, pues, el chico más lindo de todo el salón. Y me miraba. Y me asusté, porque soy una cojuda y me asusto cuando siento esas chispitas en la panza. Sentí chispitas, lo juro, y no tenía hambre.

 Me senté al medio, pasó todo lo que tenía que pasar cuando es el primer día, y me fui. En el camino pensé en él, pensé en que al día siguiente podría tal vez acercarme y hablarle, pero no fue así. Y no fue así NUNCA. Pasó el ciclo entero y jamás me atreví a siquiera saludarlo cuando me cruzaba con él en los pasillos. Eso fue triste.

 Lo alegre de esta historia es que, tiempo después, cuando ya ni estudiaba en cibertec, decidí agregarlo al facebook y empezar a conversar con él. Yo estaba con alguien más y ya ni me interesaba ni sentía cosquillas al verlo conectado. Desde hace un tiempo nos comunicamos casi a diario y él se ha convertido en un pata chévere con quien hacer hora me alegra un montón. Esta es una historia corta, pero la cuento porque fue la primera vez en años que sentí chispitas en la panza. Ahora, cuando le veo de vez en cuando, no siento ni chispitas ni mariposas, siento todo el parque de las leyendas. Alucina.


jueves, 28 de noviembre de 2013

Cuidado a quién pisas...

 Yo tengo un pata que antes trabajaba en una de las áreas de la empresa donde yo estoy. Éste chico es un buen amigo mío y siempre lo fue desde que nos conocimos; siempre hablábamos de la vida y a veces, en ratos libres, nos íbamos a comer o beber algo. Mi pataza del alma. Sucede que él, mientras estaba aquí, tenía un jefe que era muy déspota y casi nunca buena persona con sus subordinados; era, pues, un jefe muy amargado y pedante.

 En una de las tantas conversaciones que tuve con este amigo anónimo (me pidió que no revele su nombre, ya que ahora es un importante businessman/ hombre importante/ padre de diez hijos y futuro presidente de la República) él se sentía muy abatido y estresado, pues me contaba que su jefe no le daba permiso para sus exámenes finales. Era casi fin de año y a mi amigo sólo le faltaba pasar un curso de su titulación y el jefe éste no le dejaba salir, y hasta le hizo trabajar de amanecida sólo por joder, alegando que el cierre de año era así. Por pasarse casi dos semanas en ese plan, pidiendo permiso, trabajando horas extras, durmiendo poco y comiendo casi nada, le pasó lo que yo no pensé que pasaría: aprobó. El condenado aprobó y me acuerdo que nos fuimos a tonear con unos amigos más, celebrando que todo su esfuerzo había dado frutos.

 En un arranque de egoísmo absurdo deseé que nunca se fuera, pero sabía que a partir de ahora lo único que le preocupaba a mi amigo era encontrar trabajo. Le ayudé con su CV porque el muy mamapancho no era muy creativo que digamos. Le acompañé a comprar un terno bonito y, cuando le vi vestido como hombre decente, parecía de más edad. Estaba guapo y sonriente el condenado. Almorzamos en un chifa cercano a la oficina y, mientras mordía su wantán frito, me decía que un amigo de la universidad había encontrado un trabajo pero que no pensaba tomarlo porque quedaba muy lejos de su casa. Afortunadamente, quedaba muy cerca a la casa de mi amigo y él no dejó pasar la oportunidad. Nos tomamos una guaraná para celebrar.

 El día que tenía la entrevista, el jefe no le dio permiso para salir. Tuve que hacerle el favor de llamar y cancelarle a la señorita de RRHH, pero, como siempre todo sale bien para las personas buenas, le dieron una oportunidad a mi amigo para ir un sábado, día que no había trabajo. Ese viernes no dormimos, conversando por Facebook; entre tonterías y tonterías, yo sólo quería que todo salga de la mejor manera.

 Llegó el día de la entrevista. Salió y me contó todos los pormenores. Se le oía muy entusiasmado. Pasó el fin de semana y, ya el lunes, le volvieron a llamar para darle el puesto inmediatamente. Renunció y su jefe le rompió la carta en la cara, mientras le decía que era una falta de respeto y más cosas. No aceptó la renuncia y se cerró el maldito. Mi amigo pidió tiempo en la otra empresa y se lo dieron (tenía suerte el cojudo, en otro lado ya lo hubieran mandado por un tubo). Pasaron quince días y volvió a renunciar, pero esta vez el jefe tomó todo con mucha calma, y firmó la bendita carta. Entre agradecido y sorprendido, mi amiguito recogió sus beneficios sociales tres días después y empezó su nuevo trabajo.

 Pasaron los meses y su desempeño hizo que sea ascendido rápidamente, con proyectos nuevos y mejor salario. Por acá, las cosas siguieron iguales: El jefe seguía maltratando a los suyos, y entrar a su oficina era entrar al infierno. Eventualmente todos empezarían a perderle la paciencia y comenzarían los reclamos, pero nadie parecía escuchar; hasta que un buen día el jefe fue destituido de su puesto por un supuesto fraude, algo que no tuvo mucha repercusión a nivel de organización pues, seamos sinceros, tampoco es que este pata haya aportado mucho por acá. Es aquí donde realmente empieza la moraleja de mi post, sorry si les metí tanto floro.

 Estaba yo tranquila trabajando, hasta que hace un par de días me llega un mensaje de mi entrañable amigo. El asunto era "a que no sabes, chata pastrula" (me dice pastrula pero no soy, por si acaso, mamá). Resulta que el jefe había estado buscando trabajo y, en una de las tantas empresas por las que rebotó, cayó donde su ex subordinado, ahora convertido en gerente. Dice mi amigo que los ojos se le abrieron como plato cuando, al pasar al siguiente entrevistado, se encontró con él. ¿Y qué creen? Mi amigo tiene tan buen corazón que le dio la chamba y ahí están, juntos otra vez pero con los papeles invertidos.

 Él no quiere cometer los mismos errores de su ex jefe, por eso, me cuenta, que trata de ser lo más comprensible con sus trabajadores y trata siempre de ponerse en su lugar, algo que se valora muchísimo en estos días, pues no sólo basta con ser jefe, hay que ser un líder. La idea no es empujar a un equipo, es avanzar a su lado y todo el ejemplo de este mensaje lo poso en este amigo, que me demostró que nunca hay que tratar mal a nadie, porque no sabemos cuándo pagaremos por eso. A nivel laboral, personal, sentimental, etc. Cuidado a quién pisas, porque mañana pueden pisarte más fuerte.

martes, 19 de noviembre de 2013

Aprendo haciendo

 Ando muy ocupada y volada por el mundo. Isil, realmente, me está haciendo ver que eso de "aprende haciendo" es tan literal que hasta termina por llevarse las vidas extras que yo, como buen pericote audaz y proactivo, he tenido desde siempre. Si eres friki y  me quieren comparar con Pokémon, hace cuatro meses yo era un alegre pikachu, que correteaba y saltaba y vivía contento. Hoy, soy un pobre Psyduck que sufre de dolores de cabeza y anda medio torpe por la vida. ¿Que qué carajos hablo? Me van a perdonar, es el café. 

 Hace un mes y medio aprox. recibí la noticia de que el texto que nos hicieron redactar para pasar el filtro del blog de la carrera había gustado. Me seleccionaron -a mí y a cinco o seis personas más- para darnos distintas tareas y poder así llenar el blog que, hasta hace poco, estaba desactualizado. Pues bien, tuve un par de asignaciones y ambas lograron ser publicadas aquí: http://www.comunicacionisil.com/. No saben lo que fue: casi me tiro del balcón y, aunque prometí que le pondría la pizza al salón entero si es que esto sucedía, no he podido cumplir mi promesa, pues estoy más pobre que Don Ramón. 

 Mis tareas son muchas, y todas me encantan. Aprendo un montón de cada cosa que me encomiendan, pues, como me inculcaron hace un par de meses, lo bonito de la carrera es aprender de cada cosa pequeñita que se cruce en tu camino. Y es justo una de esas cosas pequeñitas que suceden a manera azarosa en la vida, la que me ha llenado de enseñanza y motivación.

 Como muchos de ustedes saben, soy un pokémon salvaje. Hard Rocker, Metalhead, no sé, depende de cómo quieran llamarme, pero saben por qué género -o géneros- me inclino cuando de música se trata. Pues sucede que una de mis labores de incipiente reportera fue entrevistar a Blanca Ramírez, conductora del programa "Entre la arena y la Luna". Alguna vez me quejé de aquel programa en este humilde blog, ya que, como muchos saben, la música romántica no es mi fuerte. Al principio acepté mi chamba como buena alumna que quiere aprender, e hice todos los trámites posibles para poder huir de mi trabajo aquel viernes de Octubre. Quería hacerlo porque sentía que algo podía sacar de ese conversatorio entre Blanca y los chicos de turno mañana.

 Llegué puntual, con mi mochilota y mi cara de pava, y me recibió Luis, coordinador a quien ya había entrevistado semanas atrás. Entré al auditorio y me senté adelante. Esperamos un poco y por fin tuvimos a Blanca rompiendo con el protocolo de sentarse en la mesita con su vaso de agua respondiendo preguntas; NO. Ella estaba parada con micrófono en mano contándonos sus experiencias más alucinantes en el mundo de la radio. Contó cómo había empezado, cómo trabajó para alcanzar lo que ahora tiene y cómo es que nosotros, que estamos empezando, deberíamos enfocarnos en aprender todo aquello que se nos enseñe y así formar nuestras bases para todo lo que deseemos hacer y alcanzar con la carrera. Asimismo, nos dijo que si bien podía gustarnos un género musical en especial, no deberíamos encerrarnos sólo en él, pues un comunicador debe conocerlo todo. Obviamente a muchos les habrá llegado al testículo derecho, pero a mí me motivó. Pero tampoco se asusten, no me voy a volver fan de Aventura.

 Terminó el conversatorio y muchos tuvieron sus cinco minutos de fama tomándose fotos con Blanca. La verdad es que yo no tenía motivos para posar junto a ella, no es algo con lo que haya soñado, pero fue bacán mirar. Ella es tan sencilla y tan buena onda que no parece ser la voz más aclamada de Ritmo Romántica, ni la voz de Frecuencia Latina. Le dijeron que yo iba a entrevistarla y me invitó a tomar asiento, y empecé con mis preguntas. Me sentí nerviosa porque me estaban filmando, pero ella me susurró: "tranqui nomás, las dos estamos pasando roche ;)" lo que me dio toda la seguridad posible y pude por fin terminar mi entrevista. Al hacerlo se paró, me dio las gracias y me dijo que si necesitaba algo que le escriba al Facebook (cosa que no hice porque soy palteadaza) y se fue. Caminé afuera de la sala y me metí al baño. Mientras me lavaba las manos pensaba en lo mucho que me gusta lo que estoy estudiando y lo mucho que me falta por recorrer. Sólo quiero que sepan que voy por el buen camino.



*Les dejo la entrevista :LA ENTREVISTA

*Les dejo a Blanca:

Linda


*Les dejo un GIF que me hizo escupir mi café el otro día



*Les dejo un abacho melocho :3 No los abandonaré *Beso* 

jueves, 31 de octubre de 2013

Que tengas un lindo cumpleaños

 Hoy es un día lindo y hermoso, pues es cumple de uno de mis mejores amigos. Hoy cumple años mi querido Renzo, y yo he despertado con todos los ánimos del mundo para todo. Supongo que muchos estarán pensando dónde hacerla hoy por Halloween o la canción criolla; yo solo quiero que mi Renci sea feliz y que todos lo abracen y lo apachurren mucho por su día.

 Ya en la entrada que le dediqué alguna vez (click aquí) mencioné muchas cosas lindas sobre él y conté cómo fue que nos conocimos. Pues bien, un día como hoy se cumplen ya dos años desde aquella accidentada conversación donde, en lugar de saludarle y desearle un lindo día, le dije que tenía una fiesta de Halloween. Hace un par de meses, entre sus cosas perdidas, encontró la nota que le escribí aquel día y me la mandó por WhatsApp. Me puse a llorar como emo al recordar esos días. 

Perdónenme, antes era amixer. xD

 No imagino cómo sería mi salud mental vida si nunca hubiera establecido conversación con Renzo aquel día. Sólo sé que estoy feliz de haberlo conocido y de que él me considere en su círculo de amigos. Siempre bromeamos y decimos que somos hermanos gemelos que se separaron al nacer, pues para todo siempre estamos de acuerdo o siempre nos pasan cosas similares. A veces hasta pensamos lo mismo y, cuando me siento triste sin motivo, busco a Renzo y le pregunto cómo está; y resulta que muchas veces es él quien está triste, o viceversa. Estamos conectados de alguna manera y eso es bacán. No pude encontrar un mejor pinky friend para compartir todo esto.


¡Feliz cumpleaños, Rita! 


jueves, 24 de octubre de 2013

Marionetas para grandes

 Hace un par de semanas fui al Británico de Miraflores, con mis amigos Kelly y Juan. Había un festival de títeres para adultos, y yo pensé que era algo más... digamos... bueno, en realidad pensé que era porno cuando me dijeron eso. De hecho no sabía nada de nada, sólo salí de mi casa porque no tenía nada que hacer y mis amigos me habían insistido mucho. Grande fue mi sorpresa cuando, en lugar de aburrirme y desear volver a mi casa, me enamoré del show y me reí a carcajadas por casi dos horas.

 No llegamos a las primeras presentaciones que empezaron desde las dos de la tarde, pero llegamos a tiempo para el que se llevó el premio: "Showtime" de Ernesto Aronna, llamado el "Príncipe de las marionetas de América". Y no es para menos el seudónimo de Ernesto. Un excelente show de principio a fin, y sus marionetas eran un mate de risa. Personajes como Shakira, Juanes, Bob Marley, Michal Jackson, en fin, el hombre era alucinante. Les voy a enseñar las fotos de las marionetas para que se hagan una idea: 






 Cada uno de los títeres nos sacó más de una carcajada, en realidad fue un lindo show, y la destreza con la que Ernesto manejaba cada uno de sus personajes era realmente asombrosa. Para mi felicidad, habían puesto una alfombra de goma eva adelante y ahí estuvimos sentados toda la hora, teniendo así una vista privilegiada del show. 

 Luego del show de Ernesto llegó el turno de Lunabambú, con su obra "El diario del cuervo" que me atrapó de principio a fin. No lloré porque MACHA-PERUANA-QUE-SE-RESPETA no llora, pero se me formó más de un nudo en la garganta. Hasta siento que no sé cómo explicarlo... de verdad tendrían que estar ahí. Les dejo con una imagen de las marionetas de este lindo dúo Peruano-Colombiano.




 Sinceramente, este tipo de eventos gratuitos muchas veces no los conocen todos, pero si tienen la oportunidad de asistir, háganlo, porque son preciosos y muchas veces están cerquísima a donde vivimos y ni les paramos bola. Yo, por mi parte, siempre visito una página que me lo da todo (oe qué) y se llama heptagrama. Ahí hay buenísimos eventos culturales a los cuales asistir y pasar un lindo domingo en familia o amigos, como yo lo hice ese día.

Ahora, unos cuantos datos curiosos, XD

 *No llegamos a ver la presentación de los lindos de "El ombligo y la pelusa" pero al final nos quedamos conversando con ellos. Son lindísimas personas, sencillos y buenísima onda. La página de Cecilia Silva es: http://www.elombligoylapelusa.com. Visítenla, merece la pena.

*Ernesto Aronna se mostró super buena gente también. Su mensaje al ganar el festival fue muy emotivo, todo un artista. Búsquenlo en google, facebook, twitter, etc. ¡Un maestro!

*Tenía esta entrada en borrador por SEMANAS. Juro no volver a abandonarlos u_u
       

*Ernesto mandando saludos al blog. "La caja de VOZ", "la caja de TOS", "La caja de CLOSE" jajaja



jueves, 10 de octubre de 2013

No volveré a lo mismo

 No sé en qué me he convertido. Mi mamá dice que en una "máquina del estudio" pero yo no creo. De hecho, muchos se sorprenden de mi entrega -casi casi- en cuerpo y alma a Isil, y hasta yo me he dado cuenta de lo mucho que he descuidado a muchas personas, por pasármela de chibola chancona encerrada en mi cuarto con mi laptop leyendo "Tinta Roja" o todas las PPT's de todos los cursos. Tengo menos vida que antes. Y sí, yo solía tener vida. 

 Para tranquilidad de mi conciencia, he aprobado todos mis parciales (el de radio creo que a las justas, no me dio el cerebro ayer T_T). Atrás quedó mi época de vaga, donde si no daba un susti no podía pasar. Y ni qué decir de aquella vez que por idiota me pasó lo que nunca pensé: un CERO. No sé qué me hago si llego a jalar algo; aunque, les seré sincera, me saqué 10 (Así en rojo, como mi libreta del cole) en una prueba de Relaciones Públicas, y no saben cómo me dolió, pero para el parcial estudié bastante; no volveré a lo mismo. Imaginen cómo he cambiado, me dolió un DIEZ, cuando en Cibertec esa era la nota que más me sorprendía sacar, ñe. 

     Imagínenme así, pensando que voy a jalar todo, que nunca 
llegaré a pasar ningún curso y que mi pasado me persigue.

 Sigo entusiasmada con el tema de estudiar, aunque ya todo lo peor ha pasado. No sé si nos vayamos a beber con los niños del salón, tampoco es algo que me quite el sueño, pero sería interesante. Por ahora sólo me queda recuperar todas mis horas de sueño perdidas y seguir haciendo tareas. Bye :).

martes, 1 de octubre de 2013

Social Day 2013

 Nunca he ostentando ningún premio espectacular en la vida, ni mucho menos he envidiado a nadie por -creo- casi nada. Nunca he participado en sorteos ni concursos millonarios y mucho menos he hecho campañas publicitarias por nada, excepto por mi negocio de bisutería y este sensual blog. Debo reconocer que, al principio, escribir aquí era poco menos que sólo una catarsis medio emo y hasta aburrida, pero con el tiempo fui descubriendo las bondades de la escritura y su medicina casi casi instantánea. 

 Es así que mi blog cumplió en Agosto pasado sus dos añazos bien parados y bien vividos, y pensar que empezó albergando poemas cojudos de desamor (que ya eliminé) y obtuvo su primer seguidor recién a los ocho meses de creado. No me quejo. No soy famosa como muchos otros bloggers que tienen millones de seguidores y millones de visitas diarias, pero soy feliz. 

 Ahora me vino eso del Social Day 2013. En realidad me enteré por una invitación que llegó a mi Gmail, donde me obligaban a participar (nadie formal, de hecho un pata mío que consideraba que debía hacerlo) y pues me inscribí. Y en las horas siguientes me dediqué a mandar mensajes por Facebook a todos mis contactos, persuadiéndolos para que voten por este pechito y, sorprendentemente, recibí apoyo. Tal vez no gane,  pero participar y ver que me apoyen así, es hermoso.

 Así que si quieres votar por este sensual blog, si sientes que debo al menos hacerle la bronca a Azpirrina (twittera a la que sigo y que me está llevando la puntería) ya sabes: ENTRA AQUÍ

lunes, 30 de septiembre de 2013

La Realidad y los Medios de Comunicación en el Perú


 El Jueves pasado entrevisté al periodista Juan Álvarez Morales, actual editor de política del diario La República, ex alumno y ahora profesor de periodismo de la universidad Bausate y Meza. Tenía un trabajo para el curso de Realidad Nacional y tuve que mandarme para allá con mi pinky friend Renzo. Conversamos sobre los diferentes temas de nuestra Realidad Nacional y los Medios de Comunicación y éstas fueron sus respuestas.

Entrevista realizada en un salón de la Universidad Jaime Bausate y Meza.

 Cuéntenos un poco acerca de usted, de sus inicios, de su profesión. ¿Cómo fue que llegó al diario La República?

 Soy licenciado en periodismo por esta misma universidad, cuando era sólo escuela e inicialmente eran sólo cuatro años. Luego obtuve el título. Cuento esto porque para mí, Bausate marca todo lo que es mi trayectoria como periodista. En ésta universidad llegué buscando el periodismo en su máxima expresión; más allá de las Ciencias de la Comunicación que abarcaban otras cosas. Aquí se me inculcó siempre algo que yo también consideraba: que mi profesión era un servicio. Tal es así, que los primeros años lo que hice fue Comunicación Alternativa. Ahora ya no se habla mucho de eso, pero en esa época era ir a los barrios, a los pueblos jóvenes a darles herramientas de comunicación; enseñarles a hacer periódicos murales, a hacer radios con parlantes, distribuyendo casetes, etc. Eso indica que eran años complicados: los años ochentas, cuando ese mismo afán lo tenían en Sendero Luminoso. Afortunadamente, teníamos cierto apoyo de grupos eclesiales y lográbamos que el asunto no llegara a nada, pero a esa actividad dediqué mis primeros años; es una actividad que yo considero el Servicio Civil Obligatorio que debería hacer todo periodista, pero que lamentablemente como digo, todo tiempo de servicio civil te deja desprotegido.

      Hubo un momento a los veintiocho años que me di cuenta de que tenía esa edad y no tenía un seguro, no tenía un trabajo estable, no tenía nada de las otras cosas que te permiten “vivir como vive el resto de la sociedad”. Es entonces donde decido entrar a los medios comerciales que eran los que, desde la posición alternativa, tú combatías, pero claro, teniendo una visión mucho más precisa acerca de lo que se debía hacer ahí. Bien, no podías combatir a los medios por fuera, pero sí entrar a uno a tratar de cambiar un poco las cosas. Del 92 al 98 estuve en la revista “Teleguía”, una revista de espectáculos, en donde me encargué de darle el toque serio. Un año en el diario “El Sol” hasta que cerró en el 2000. Ese año para mí fue una experiencia muy valiosa, aunque en ese entonces, para mucha gente, era loca: el hacer periodismo en internet. Nadie lo entendía, era muy compleja, pero ahí se inició “decajón.com”, una página web peruana, que desarrollaba temas periodísticos en internet, donde incluso me permitieron tener lo que ahora te hace falta, como a muchos periodistas que no tienen acceso a los medios tradicionales.


      Entonces usted en todos estos años de trayectoria que tiene, habrá visto de alguna manera cómo han cambiado los roles de los medios de comunicación con la globalización…

      Es curioso. La comunicación ha cambiado; la forma de hacer comunicación ha cambiado; pero, para muchos medios, para muchos periodistas, no. Justamente aquellos que no se dan cuenta que ha cambiado, son los que ahora están teniendo crisis de identidad. Las empresas, crisis de identidad que devienen en crisis económicas; y las personas, crisis de identidad que también devienen en crisis económicas, porque van quedando desplazados del mercado que avanza en una dirección contraria. 

       Yo creo haber tenido suerte de haberme dado cuenta a tiempo de los cambios porque empecé a enseñar periodismo. Cuando tú enseñas periodismo, logras hacer lo que siempre debes hacer pero no haces cuando eres periodista, que es seguir preparándote. Lo que pasa comúnmente con los periodistas es que una vez que ya logran un lugar en un medio se especializan en eso y son geniales y expertos en lo que hacen, pero pierden un poco la versatilidad que ganas o que no deberías haber perdido, eso de hacer varias cosas bien, no sólo una, pero sobretodo pierdes la tendencia a actualizarte. ¿Qué es lo que es, de un tiempo a esta parte, fundamentalmente desde el noventa para acá? Es obligatorio. O te actualizas o mueres, porque el mercado se actualiza, el mercado vive un ritmo diferente. Entonces, enseñar a partir del 2007, a mí me ha permitido darme cuenta de eso, y lidiar con periodistas que no cambian y con medios que no cambian. Afortunadamente en La República han entendido muchas cosas y se está avanzando de a pocos. Desde mi punto de vista todavía no lo que se debería, pero creo que sigue un ritmo que permite sobrevivir, por eso es que el diario sigue en vigencia.

     Esto de la convergencia, que es juntamente hacer que se fusione el trabajo del medio tradicional con el periodismo digital, es algo que todavía va a tomar tiempo, casi ningún medio lo ha conseguido. El único medio que se apreciaba era “El País”, y este año ha tenido que despedir a un montón de personas, de una manera alucinante, pero sobretodo ha tenido uno de los errores mayores de la historia del periodismo, como es la publicación de la foto de un supuesto Chávez enfermo cuando no lo era. Si se trata de hacer periodismo moderno haciendo eso, prefiero quedarme con el antiguo. Ahí yo valoro dos cosas. Yo no soy de los que dicen: “Ah, tú eres de los periodistas que no entra a internet, quedas desechado”. No. Tienes una experiencia que el periodista joven, que entra a internet, debe tener. La convergencia, más que en cuestión de equipamiento, está en equipos, desde mi punto de vista. No despedir a los antiguos, sino, redireccionar su labor. No ensalzar a los nuevos, sino, redireccionar su labor. Integrar. La convergencia como integración e interacción de lo viejo con lo nuevo, creo que es la mejor manera de entender esta etapa de transición que estamos viviendo.


      ¿Considera usted que existe Responsabilidad Social de los Medios de Comunicación en el Perú

      Todo periodista, todo medio cuando decide serlo, debe ser consciente de lo que es una responsabilidad social. Cuando yo estudié, tenía tan claro eso, que me dediqué a hacer servicio social durante todos esos años. En teoría deberían serlo; en la práctica no se da. Lo ideal sería que el periodista o el medio entiendan que la responsabilidad social también te hace crecer, pero resulta un ejercicio que demanda más ingenio, creatividad y riesgo del que los periodistas y los medios están dispuestos a correr. Ojalá los que vienen egresando entiendan que ésta es una forma interesante de hacer periodismo diferente, periodismo con responsabilidad social, que permita que todos podamos comprenderlo.


    ¿Cree que la prensa, los medios de comunicación, se han convertido en el cuarto poder del Estado?

       Cuando tú revisas la historia del periodismo, revisas la conceptualización del periodismo, vas a encontrar que esa definición es válida bajo ciertas condiciones. La condición principal de hecho se da cuando logra influenciar en la toma de decisiones. El problema es que, lo que logras influenciar pero ¿para beneficiar a quién?  Eso es determinado como cuarto poder del estado. Aún ahora, desde el presidente anterior hasta éste, aunque éste no lo dice, la oposición ya no está en los demás partidos políticos, ¿Dónde está la oposición? ¡Está en la prensa! Alan García lo decía abiertamente; y éste, como te digo, no lo dice pero lo piensa. Por eso el afán de controlar qué es lo que se dice, pues de cierto modo la prensa va logrando cuando quiere, para los intereses que defiende, imponer cosas.

       En estos tiempos, lo que empieza a vivirse también es un debilitamiento de ese poder, pero porque cierto sector de la población ha tomado las riendas que antes sólo los medios controlaban, a través de las redes sociales. Una persona con un Smartphone ahora puede comunicar y opinar lo que considere conveniente. Puede estar donde el medio no está e incluso llegar antes. Puede informar no mejor, pero si más rápido. Pero un poder mayor está cuando empieza a decir lo que la prensa no quiere decir, porque afecta a los intereses o porque no la ve por este desfase que hay en su sintonía. Casos concretos: el famoso caso de la repartija en el congreso. El congreso dio marcha atrás, es verdad, ¿por la prensa? Por la prensa directamente no; por cómo la prensa reacciona después de que reacciona la gente, porque sí es verdad algo, las redes sociales están poniendo temas en la agenda, pero no es sino hasta cuando los medios lo toman que ese reclamo, esa demanda, toma una mayor envergadura y debe generar un cambio. Todavía hay una simbiosis ahí no muy clara, pero lo que sí te puedo decir es que ese poder de la prensa ya no es sólo de ella, ahora lo está compartiendo con la gente. Lo importante del asunto es que la prensa debe darse cuenta de que estar en sintonía con la gente puede hacer que sobreviva y pase esta etapa de trance. Si sigue en su afán de encerrarse como autista, escuchando sólo sus propios intereses, yendo al margen de esta población que se expresa a través de las redes sociales, va a acelerar su declive.


      Con respecto a la actual Ley de Radio y Televisión, ¿Usted cree que ésta ley se ajusta a nuestra realidad?

        No hay una sola ley que se ajuste a la realidad porque la realidad ha cambiado. Yo creo que una ley debe cambiarse, porque está hecha en un contexto, el cual ahora ya no existe. En el caso de la Ley de Radio y Televisión, hablan de que no debería haber una concentración de medios; están en contra del monopolio. Ninguna practica el monopolio pero hay una forma diferente de practicarlo. Tú tienes un grupo como ATV, con sus distintos canales, pero ¿de dónde salió con tantos canales? Claro, es todo un proceso legal sobre todo que viene desde el fujimorismo, pero en la práctica es un solo grupo manejando cuatro medios de comunicación. El Comercio, con la compra que acaba de hacer de Epensa, va a manejar el 78% del mercado, que no digo del contenido, que al final es el mismo, pero sí del mercado publicitario. Entonces, en una época de crisis de la industria porque los periódicos no venden y tal vez la publicidad sea aquello a lo que se aferren, con un solo grupo va a ser más atractivo porque tienen más ventanas que ofrecer al cliente, entonces, ¿de qué ley estamos hablando.

      Por otro lado, los abusos que permanentemente hacen los propios medios por no querer autorregularse, también demuestran que cualquier regulación que viene del estado o que se pretendió hacer, tampoco funciona. Estamos en un panorama en el que toda ley debería actualizarse, incluida ésta, o empezando por ésta.   

    ¿Usted considera que algún medio de comunicación no educa, no orienta adecuadamente a la población?

       No se puede decir que algunos se libran. En el afán de vender, en el afán de sobrevivir, hacen concesiones, unos más, unos menos, pero todos terminan haciendo concesiones. Estamos en medio de una crisis, económica y de contenidos y que se agrava porque hay déficit de audiencia. La audiencia no reclama cosas que valgan la pena. Es cierto, hay un sector que sí, pero sigue siendo el sector complementario. Es verdad que si los medios dieran más productos para ese sector minoritario tal vez crezca, es un riesgo que no quieren correr. En ese afán, a menudo, cometen excesos la mayoría de las veces, o lo último que les preocupa es el contenido. Eso lo puedes ver claramente en cómo se están manifestando productos que responden a la espectacularizacion de la noticia. Adiós la reflexión acerca de la información, sus causas y sus consecuencias. Dale más a aquello que consume la gente, que en la mayoría de los casos consume prensa popular, que no está mal, pero que debería ser complementado con otros tipos. Tienes información de entretenimiento, pero también tienes información económica, tienes información política, información cultural. Todo lo demás prácticamente está siendo anulado o espectacularizado. Casi ningún medio se libra de eso. En La República hemos descubierto que, afortunadamente, no es verdad eso de que la gente no lee. Tal vez la gente no lea como antes, pero hay gente que todavía sí. Por eso el periódico no ha muerto, no ha desaparecido a pesar de tener tres páginas de opinión al día, y dar notas amplias. Supuestamente hace tres años ningún medio lo hacía, pero hay un sector que lee. Sin embargo, es verdad, éste es cada vez minoritario. Desde el periodismo yo creo que debe hacerse una apuesta a rescatar y hacer crecer eso, en lugar de rendirse. Ojalá que más empresas asuman ese esfuerzo. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

A 18 años de Gokú

 Hace dieciocho años que conozco a Gokú. En esas épocas vivía por la colonial e iba al nido, en el 95 y con 5 añitos de vida. Recuerdo vagamente que tenía una tele chiquita en el cuarto y que siempre me sentaba a jugar con mis muñecas, mientras mi padrastro veía Star Trek y me jodía haciéndome el saludo vulcano. Como por esos años era traviesa y jodida, un día me puse a apretar todos los botones, cambiando de canal y pasando por los distintos programas de la época hasta que lo vi: un personaje pequeñito, con peinado raro y un niño pelado con unos puntos en la frente. Seguro en ese momento por mi mente pasó un "Qué sedá eto... a ved" y lo siguiente que recuerdo es a mi padrastro cargándome y llevándome a la cocina mientras yo lloraba con todas mis fuerzas y gritaba "¡QUIERO VER MAAAAAAAAAS!" porque Dragon Ball acabó y empezó a dar otra cosa. 

 Dieciocho años han pasado desde ese día, como olvidar el año, si fue el único que viví en esa casa. Luego me mudé a Lince, ya para los seis años, casi siete. En el colegio donde empecé la primaria (no el Fanning, uno mixto) todos los niñitos tenían o la lonchera o la mochilita de Dragon Ball. Obviamente yo no tenía porque era mujer y nica mi mamá me iba a comprar algo así (es como si a tu hijo le compraras la mochila de las chicas superpoderosas o My Little Pony...) así que me las tenía que aguantar. De vez en cuando jugaba con los niños del salón que llevaban sus figuras de acción de Gokú y amigos, pero tuvieron que pasar casi quince años para poder comprarme un muñequito por mi cuenta, y por fin jugar como retrasada en el piso de mi cuarto.

 En Lince vivía con los tres hijos de mi padrastro, algo así como mis "hermanastros" pero en realidad era gente con la que no tenía ni siquiera un vínculo de amistad. Ellos tres y yo éramos contemporáneos, pero cómo nos odiábamos, casi a muerte. Yo tenía siete; uno, cinco; el otro, ocho y la otra once. Me daba risa porque a los niños les habían comprado los muñequitos de Vegeta, Gokú y su mancha, y me sacaban cachita cada vez que podían, porque no me dejaban jugar y yo por más que lloraba, no conseguía que me compren un juguete tan "varonil", así que un día lluvioso del 97, cuando ellos salieron con su mamá, cogí a Gokú, le pedí perdón (literalmente, le dije "perdóname Gokú por lo que te voy a hacer") y le arranqué la cabeza. Al llegar los niños quisieron jugar, me sacaron la lengua, buscaron a su Gokú y ¡oh, sorpresa! Lloraron todo el día y yo los observaba desde el rincón oscuro, acariciando el pelo de mi barbie. Sí, medio creepy la escena.

 Ya en el 98 por ahí, empezaron a transmitir Dragon Ball Z y yo no me perdía ningún capítulo. Lloré bastante cuando Spopovich le dio de alma a Videl; es más, me enteré que censuraron ese capítulo en España. Los critters siguieron jugando por mucho tiempo más a hacerse los sayayines, yo seguí mucho tiempo más soñando con el día en el que mi mamá me regale un muñeco de Gokú y poder así jugar por mi cuenta. Vi la saga de Cell y en el colegio me dedicaba a absorberles el cerebro a mis amigas, y las que no me entendían me miraban con cara de WTF. Creo que desde ahí empezaron a verme como un bicho raro, y nadie se quiso jamás juntar conmigo.

 Habían días en los que llegábamos del colegio toditos en mancha, prendíamos la tele y yo era capaz de pasar horas de horas sin hablar con los tres critters que me habían tocado de familia, sólo con la mirada prendida en el televisor. A veces terminaba el capítulo y entre ellos se ponían a jugar, escenificando lo que acabábamos de ver y yo sólo me iba a buscar a mi amiga del edificio, le quería contar mi experiencia DragonBallesca y jugar con ella, pero me choteaba y sacaba sus barbies. Me hubiera gustado tener con quién jugar a las peleitas, con quién jugar a hacer la fusión y a quién lanzarle un kame hame ha. Hubiera sido bacán.

 Ya para cuando yo tenía diez años, empezaron a pasar Dragon Ball GT, pero ya para eso no andaba muy pegada, porque al no tener con quién compartir mi amor por la serie, me alejé un poco. Me volví más sensible con las peleas y la sangre, mi mamá me empezó a prohibir que mire eso porque era "muy violento" y mi hermana me dijo que era satánico (en esa época surgió todo un alboroto con la gente religiosa y nosotros los niños que poco o nada teníamos que ver con su cerradera de mente) así que me perdí en los recuerdos de los primeros años de la infancia y continué mi vida, como la niña solitaria que siempre fui, esa que en el fondo anhelaba tener una esfera del dragón y unirse a los juegos de los niños. De esa parte de Dragon Ball no me acuerdo mucho.

 Y así, dieciocho años después de aquella primera vez viendo Dragon Ball, aún recuerdo cómo fue. Parte importante y decisiva de mi infancia la marcó esa serie que algunos como yo aman y otros odian. Aún me emociono cuando veo algo relacionado a Gokú y compañía, aún tengo mi póster pegado en la ventana y aún me hago la pichi mirando mi entrada para el estreno de la batalla de los dioses. Este miércoles 25 salgo de clase a las once y la pico al cine.

PD: Hay un amigo de hace muchos años que me llama PUAR. Sí, como el gatito azul. Nunca supe por qué, pero siempre me gustó ese apodo.




miércoles, 4 de septiembre de 2013

"Por favor, guarde silencio"

 "¿Cómo llegué hasta aquí? ya ni me acuerdo, hijita. Pero ¿sabes qué? pienso que tal vez quien me trajo, olvidó quién yo era; o de repente, simplemente decidió olvidarme. Pero yo no me olvido de su cara, si es igualitito a mí, mi hijo Josué. Tenía que hacer su vida pues mamita, no podía interponerme. Así hay hijos, que no se acuerdan quién los trajo al mundo. Hay muchos como yo aquí, al menos me siento en casa, acompañado, ¿me entiendes?. De vez en cuando vienen chicos de tu edad, nos traen cositas, nos abrazan y besan como si fuéramos sus abuelitos. Eso me hace sentir bien, no me puedo quejar, tengo con quién conversar, a quién contarle cómo me siento... Gracias mamita, tráeme otro pancito, que ya me dio hambre". 

 Yo no caí en este lugar de casualidad, pero tampoco vine por voluntad propia. Lo que más rabia me da es haber tenido que conocer este asilo por un trabajo del instituto y no por mí misma. El domingo fue un día bastante hermoso para mí, tal vez no del modo que le gustaría a la mayoría, pero lo fue de cierto modo. Mis compañeros de Isil y yo, visitamos un asilo en La Victoria como parte de un trabajo de redacción en el curso de Realidad Nacional. Un pasadizo largo, una puerta de madera y el cartel de "por favor, guarde silencio" nos daban la bienvenida mientras, de fondo, solo se oía el ruido de las aves y las risas de unos niños. Desde la cocina de la casa hogar madre Teresa de Calcuta, mientras lavaba los platos en donde habían comido los pequeños, llegó la inspiración para esta entrada que, días más tarde, se convertiría en una crónica para el blog de mi facultad. 

 Me encontré con los chicos de mi grupo en Javier Prado con Aviación, llegué tarde para variar -aunque jamás por mi culpa, el tráfico siempre me toca insoportable-. Como no sabíamos ni dónde estábamos parados, y por el miedo de tomar un bus y bajar en la parada, tomamos un taxi. Nos acomodamos como pudimos y empezamos la travesía. Es increíble cómo la avenida Aviación va tomando una apariencia distinta a medida que recorremos sus cuadras, es increíble y da un poco de miedo. 

 Una vez ahí, entré en pánico. La casa parecía abandonada, las paredes amarillas y los muros grandes daban un aspecto tenebroso e irreal. Bill tocaba la puerta y nadie abría, lo que alimentaba mi pánico y mis ganas de salir de la parada a como dé lugar. Tuvo que tocar muchas veces y tuve que asustarme muchas veces más para por fin recibir respuesta. Cuando por fin ingresamos, fue como entrar a otra dimensión: el pasadizo era extenso, los muros eran altos, el jardín era grande y los ancianos descansaban en las bancas a la luz del día, tal vez esperando la hora del almuerzo, tal vez esperando solo una visita.

 El hogar Madre Teresa de Calcula es un albergue que fue creado en 1973, con la finalidad de amparar a niños y ancianos con discapacidad física y mental. Hay aproximadamente 40 niños y alrededor de 100 adultos mayores viviendo ahí. Como pudimos ver y averiguar, este lugar es dirigido por hermanas de la caridad, aunque también hay terapeutas y voluntarios trabajando, voluntarios que domingo a domingo van desinteresadamente a dar una mano con labores como las que mis compañeros y yo realizamos. Entrar no es muy difícil, básicamente puedes entregar un vívere e ir en los horarios establecidos a ofrecer tu ayuda.

 Entregamos los víveres que los chicos habían comprado, pudimos ver un poco más de cerca el lugar y las condiciones en las que se encontraba. No pude evitar preguntarme cómo es que habían venido a parar ahí algunas de las personas que vi. No pude evitar sentirme estúpida, creyendo que mis problemas son grandes y que muchas en mi vida tienen solución, ahora veo que son tonterías. Pudimos conversar con una de las hermanas misioneras que ahí viven, pedirle un poco de información para la crónica y nos recomendaron subir al segundo piso y hacer un poco de voluntariado, ya que ahí, lo que más falta, son manos. Esta vez tocamos un portón, era como la entrada a un colegio. Esperamos un poco y se abrió la negra puerta de fierro: más puertas de madera, olor a comida recién preparada y niños en los pasadizos, en sus sillas de ruedas, tranquilos. Aquí viene la parte triste, porque no pensé terminar llorando en un rincón, negándome a entrar al cuarto de los niños. Una hermana encargada de la cocina me dejó lavando los platos mientras mis compañeros hacían la otra labor. Hice todo lo mejor que pude, lavé los platos con amor, con respeto. Limpié la cocina y entablé una pequeña conversación con un chico que me ayudaba a secar y guardar.

 Terminé de lavar, un poco cansada y con las manos duras, estas estúpidas manos que no están acostumbradas a lavar. Salí a ver a los niños, ya un poco más calmada, encontré a mis compañeros del otro grupo (el salón se dividió en dos grupos y los dos fuimos al mismo lugar, coincidencias de la vida) y me reuní con el mío. Era increíble cómo esos niños sacaban alegría y entusiasmo en cada uno de sus movimientos, te regalaban abrazos, te regalaban sonrisas. Paseé a uno de ellos por el pasadizo, volví y cargué a otro que estaba pidiendo que lo carguen y reí mucho con ellos. Fue algo precioso poder compartir un momento de alegría con esos niños y con los chicos del salón. Fue mágico.

 Bajamos al primer piso, esta vez a ayudar en el área destinada para los ancianos. Confieso que aquí me sentí mucho mejor anímicamente. Un señor servía la comida y yo la llevaba en una bandeja a repartirla entre los hombres que esperaban sentados. Un compañero del otro grupo me ayudó y terminamos en un 2x3. Mientras tanto, algunos compañeros conversaban con otro voluntario más asiduo que explicaba ciertos procedimientos y actividades que se realizaban en el albergue. Algunos lavaban los platos, otros ayudaban a los abuelos a comer y yo me senté a charlar un momento con uno de ellos. Nunca supe el nombre de este señor, pero abrazarlo fue como abrazar a un abuelito, a un familiar. Al abuelito que no tengo. Me sentí parte de su vida y culpable en cierto modo de su historia. Luego, hablé con otro que era un gracioso, me hacía reír con todo lo que me decía, lo que me hizo pensar que no todos están tristes, algunos se sienten de cierta forma bendecidos por estar ahí, imagínense.

 Terminaron de comer, levantamos los platos y los ancianos se fueron desplazando lentamente hacia sus habitaciones. Uno a uno se perdía detrás de esas puertas de madera, que se cerraban a medida que entraba el último de sus huéspedes. El comedor quedó vacío, empezó la limpieza del mismo y otra vez a hacer todo con amor y respeto, con el corazón. Algunos lavaron los últimos platos; otros, sacaban la última información para esta tarea y yo levantaba las sillas para que una chica barriera. Salimos agradecimos, nos despedimos y otra vez en la parada, en la calle. Nos dio miedo tomar carro, así que tomamos un taxi. Nos acomodamos como pudimos y empezamos la travesía... es increíble cómo la avenida Aviación va tomando una apariencia distinta a medida que recorremos sus cuadras, es increíble... pero siento que ya no hay nada que me pueda dar miedo.


viernes, 30 de agosto de 2013

Hermano

 Nos conocimos en el año nuevo 2005-2006. Yo estaba abrazada con mi en ese entonces enamoradito, Javier. La gente y yo pensábamos en qué fiestecilla delincuencial escabullirnos, un lugar caleta donde no reconozcan nuestros púberes rostros y no nos pidan DNI. En Carabayllo todo es posible, yo lo sé, éramos como siete puntas y de todas maneras entrábamos por ahí. Te vi paradito, indeciso, mirando a todos lados y diciendo que tú no le entrabas. Te admiré toda la noche, el único que no quiso entrar y que no quiso hacer la gauchada que nosotros hicimos, entrando sin pagar y casi de infiltrados. Te admiré y te admiro, hermano. 

 Pasaron muchos meses para volverte a ver. Esta vez venías del cole, estabas con tu uniforme guinda del Raúl Porras, tenías los zapatos enterrados y la cara sudada. No me viste creo, porque te pasaste de frente y me dejaste con la mano alzada, en posición de saludo. No recuerdo más, no me acuerdo si te vi otra vez. Recuerdo que nos agregamos al Hi5, que hablábamos casi siempre y te contaba mis cosas. Gracias a ti y a Choco pude saber que Javier iba a terminar conmigo, porque quería regresar con su novia de casi tres años. A ti te lloré por cámara web, a ti y a choco, porque pensé que me bromeaban pero no: recibí el mail de "rompimiento" dos días después de que ustedes me advirtieron. De haberte tomado en cuenta, le hubiera terminado antes, más cojuda. Qué cosas, Javier y yo somos patas hasta ahorita, después de que me pidió perdón como seis años después. Ah, mira, otra cosa que prueba la grandeza de mi corazón, como me dijiste un día.

 Pasó un poco más de tiempo, era 2007. Te conté que estaba mejor, que había conocido en el Icpna a Alex, que estaba feliz y que quería que tú fueras mi pareja de promoción porque llevarlo a él iba a ser "como que muy obvio". Te mataste de risa y me dijiste que no, que tu enamorada se iba a enojar. Habías empezado una relación con Karla, justo un mes después de que yo la empezara con Alex. Me alegré en el alma de que estuvieras feliz y quise ir a verte. No pude. Me dijiste que normal, que ya habría tiempo para todo, y yo seguí con mi vida estudiantil hasta terminar el colegio. No tuve fiesta de promo, nunca fuiste mi chambelán churro del que mis amigas hubieran sentido envidia. Como era chibola y era estúpida les mentí a todas las chicas del salón, les dije que tenía un hermano mayor, que no vivía conmigo pero que era bien chévere y que siempre me cuidaba y todo. Eso eras para mí, el hermano mayor que -biológicamente- nunca tuve. Y pa' remate, ni mayor que yo eres, porque te llevo tres meses y quince días. 

 Empezamos a vernos más seguido, cuando ya la adolescencia abandonaba nuestros cuerpos y mentes. Me contaste cosas que así nomás la gente normal no se cuenta. Vi en tus mirada perdida una realidad que no conocía hasta el momento. La calle, el rencor, la necesidad de salir de ese hoyo negro que a veces nos toca de vida, las cosas rápidas y el maldito billete. No entendía mucho de qué hablabas porque yo no pasaba por lo que tú, pero intenté en todo momento comprender (porque comprender no es entender, ambos sabemos eso). Te di mi punto de vista, te hablé y te aconsejé lo que pude aquella vez en la casa viendo la peli de Daddy Yankee, hablando de drogas, plata y más plata. Negro, siempre fuimos muy jóvenes para sufrir, cada uno por su lado, cada uno con sus vainas.

 Por mi vida pasaron algunas vainas más, no sé si te conté. Te desapareciste como medio año, y yo ya no tenía mucho tiempo para ir a visitarte a Carabayllo. Se acabó el cole, empezó el trabajo. Muy de vez en cuando sabía algo de ti, y eso era porque la gente me dateaba, porque tú ni entrabas al chat. Pasaron los años y un buen día que decidí ir a verte, conocí a tu hermana menor y al instante la adopté como hermana mía. Tu mamá me trató siempre como una hija; tus primos, como prima. Alex terminó conmigo una vez, pensando que lo engañaba contigo; Karla me trataba mal pensando que tú querías algo conmigo. Luego Alex volvió conmigo, terminó, volvió, terminó. Míranos ahora, Gius, siete años después, tú sigues con Karla, tengo una hermosa sobrina, tengo una hermana cabezona a la que adoro y somos más familia que nunca. Soy una Astupiña más.


 Para mi hermano, que no sólo lo es por una estúpida promesa de amistad adolescente. Te quiero madafaka.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Mi matrimonio

 Estaba más nerviosa que cuy en tómbola. Mi madre y hermana me calmaban, me decían que todo estaba bien, que mi futuro marido ya llegaba, que no me ponga mal. Estaba con mi vestido, sentada en un mueble bonito, mirando por la rendija de la puerta a toda la gente que, sentada, esperaba por mi triunfal entrada y el tan ansiado "puede besar a la novia". Pero algo estaba mal: me faltaba el novio.

 Recibí una llamada, no sé quién era pero me dijo que estaba viniendo y que no me ponga triste. Me dijo que me tenía una sorpresa, que no venía solo. No entendí y seguí mirando por la rendija con lágrimas en los ojos, pensando que mis invitados se irían y nunca llegaría a casarme, hasta que entró un chico por la puerta de atrás, me dijo: "amor, llegué" y un niñito corrió a abrazarme. "Mami, te amo" me dijo y yo me puse a llorar pensando "¿qué carajos, en qué momento tuve un hijo tan bello?". El amoroso muchacho me abrazó y besó mientras me decía que mi vestido era precioso y que seríamos muy felices juntos. Miré a mi mamá con cara de sorpresa y me paré, corrí a la cocina y llamé a Maribel, le pregunté si ella recordaba a algún novio mío, que no sabía con quién mierda me estaba casando y ella me dijo que era una huevona, que él y yo teníamos varios años juntos. Le pregunté si el niño era mi hijo y ella me dijo "muy graciosa, Fio, apúrate que va a llover, cásate de una vez que ahorita nos vamos todos".

 Volví un poco desconcertada a la sala y mil y una veces intenté mirar el rostro de mi novio, pero no podía, siempre volteaba o me esquivaba la mirada. Nunca supe quién fue. Mi hijo tenía los ojos de mi papá, medios verdes, medios raros. Me dijo que me amaba a mí y a su hermanito, y me tocó la panza. "No puede ser que me esté casando en bola, qué roche carajo" me dije a mí misma mientras que novio e hijo salían a recibirme en frente de todos. Esperé un poco, salí, el padre me dijo todo lo que dicen los padres, me casé y cuando volteé, mi novio y mi hijo se habían ido, mis invitados no estaban, no existía embarazo alguno y mi vestido era más parecido al de la novia cadáver. Y me desperté llorando como cojuda.

martes, 27 de agosto de 2013

¿TREEEEEES?

 Eso me preguntaron cuando dije que mi sueño era tener tres hijitos, tres. Luego me empezaron a joder sobre los nombres y me pidieron encarecidamente que no les ponga Hilario, Sara y Lerner/ bombón, burbuja y bellota/ Ed, Edd y Eddy/ Harry, Ron y Hermione/ Burro, Fiona y Shrek/ y demás nombres cojudos y graciosos como para tres. Nunca tanto tampoco, serán Gokú, Bulma y Vegeta. Ok, no.

 Desde hace varios meses he estado experimentando en mi ser cierto deseo extraño por ser madre. El año pasado me invadió cierta curiosidad acerca de cómo sería yo cuando me toque serlo, escribí este post y no me queda la menor duda de que así será. Y aunque sé que es muy pronto, porque debo terminar mil cosas y lograr mil más, mi único deseo es tener un niño, y si la vida me lo permite, tener dos más. Que sean rockeros como yo y que nunca les falte nada. Enseñarles cosas buenas, formarlos para que sean niños de bien, cocinarles sus comidas favoritas, sacarlos al cine, a pasear, a jugar. Comprarles juguetes, regalarles los juguetes que yo tengo guardados, darles todo el amor que tengo guardado y reservado sólo para ellos, y darles todo el amor que normalmente le doy a todos los bebés que conozco y sacan mi lado más tierno y estúpido.

  Por otro lado, no sé si estoy envejeciendo o todos a mi alrededor están adelantándose al apocalipsis zombie y están fornicando sin tregua para tener muchos hijos antes de los treinta. No sé. Cada vez tengo menos tonos cumpleañeros y más baby showers. Y siempre sale el tema en varias oportunidades, donde no me canso de decir "sí, tres". Y viene la cara de asombro por parte de la embarazada, "qué sabes tú lo que son las náuseas", "qué sabes tú lo que es la epidural". O sea yo no sé nada. Pero se aprende pues, a mi mamá no le explicaron, no le metieron terror para que no tenga hijos. Por favor, embarazadas y amigas madres varias, basta. Igual quiero tener mis hijitos. Así me duela todo lo que ya sé que duele. Así se me antoje yogurt con caigua rellena y plátano con ketchup. Es mi sueño, no me lo destruyan así.

 Por ahora sólo tengo que estudiar, terminar mi nueva carrera y cumplir mi meta más grande de todos los tiempos. Sinceramente me siento un poco atrasada con todo, porque tengo veintitrés y perdí mucho tiempo desde que salí del colegio para estudiar, pero no importa, todo pasa por algo y ahora sí me dedicaré a terminar todo lo que empecé para poder empezar a hacer lo que ustedes: hijos.

lunes, 26 de agosto de 2013

¡Tengo pinky friends!

 Ok. Sé que en una entrada anterior dije que no quería tener amiguis porque no quería distraerme y eso, pero fallé. Mi alma amiguera salió a pasear y ahora, después de una presentación en el curso de relaciones públicas, todos somos patas en el salón. Ok, menos unos cuantos, pero la gran mayoría al menos ya se habla, se bromea y uno que otro se va por la ruta. Es que así funcionan las cosas, a menos que seas bien tímido(a) o antisocial/emo. 

 El primer día de clases, el sábado pasado, fue gracioso ver cómo uno a uno entraba al salón, se sentaba lo más alejado posible del otro, miraba a todos lados y no decía palabra alguna. Me incluyo. No sé qué sentirían los demás, pero yo sentí mucho miedo, un miedo de no saber qué decir, no saber a quién hablarle o no saber cómo actuar. La profesora llegó, se presentó y nos hizo presentarnos a cada uno. Me di cuenta de que no era la única que había pasado de estudiar una carrera a estudiar ésta, que habían ex estudiantes de contabilidad, de cocina, de administración, de negocios, de marketing, de ingeniería. Me sentí identificada de inmediato, pero no dije nada, seguí forever alone sin hablar con nadie. 

 El lunes no entendí qué hacía ahí. Me había dado una alergia asesina y todo me daba vueltas. Sólo recuerdo que la profesora habló desde las 6:50 hasta las 11 y no sé si hubo break. No hablaba aún con nadie, tenía dos chicos en las computadoras de mi costado y sólo le hice un comentario a uno de ellos: "¡Me estoy muriendo!" y él se río. La profesora dejó una tarea, por fin se hicieron las once de la noche y pude irme a mi casa. Lo único bueno es que vivo a cinco cuadras y llego rapidísimo, si no, qué flojera salir a esa hora.

 El martes fue un día bastante divertido, ese día tocó Relaciones Públicas. El profesor se mostró buenísima onda y nos hizo presentarnos cada uno al frente, nos hacía unas cuantas preguntas y podíamos explayarnos contando una que otra cosa graciosa del pasado. Fue la muerte escuchar las historias de cada uno, lo que habían sufrido al elegir la carrera, lo mucho que habían deseado estudiarla y una que otra anécdota chistosa. Me maté de risa con cada historia, se mataron de risa con la mía (¬¬) y empezamos la clase. Estuvo bastante entretenida, me gustó mucho. Entablé conversación con un chico que estaba en el asiento de atrás, una chica de adelante y como el profe nos soltó a las nueve, de pronto en la puerta ya éramos Stephany, Inés, Bill, Pierre y yo, y nos estábamos yendo a comer bembos.

 En bembos hicimos el escándalo de la vida, nos matábamos de risa de todo, era como si nos conociéramos de tiempo y apenas había pasado media hora. Inés nos contó que la cicatriz que tiene en la frente se la hizo porque le cayó un pedazo de techo en la cabeza (o algo así) y que, como era reciente, tenía todavía los puntos y Pierre lanzó un comentario como: "aaaah, eso era, yo pensé que te gustaba Harry Potter", lo que ocacionó que, luego de partirnos de risa, la llamemos Potter durante toda la semana. Pierre contaba que en el cole bailaba mucho axe bahía pero de ahí cuando llegó el reaggaetón, todo cambió a ♪quiere chuculún, toma toma chuculún♪, por lo que su chapa es chucu (porque el viernes nos dijo que "chuculún" sonaba muy maleado, y de hecho lo es). Stephany me deletreó mal su nombre al momento de agregarnos al WhatsApp, por lo que ahora yo la llamo ESTAPANI. Bill no tiene chapa porque su cara es dificil de descifrar y le ponemos una cada cinco minutos y yo, bueno, a mí me dicen "rara". A pesar de que en ese salón, y en esta carrera, TODOS, absolutamente todos, somos más raros que Lady Gaga.


Aquí estamos todos. 

martes, 20 de agosto de 2013

Empezar de cero

*Antes de leer la entrada, imaginen por un segundo que estoy así de feliz, bailando como Monica Geller*


OK, BASTA. 

 El sábado fue mi primer día de clases. Esto me remonta exactamente al 2011, cuando escribí la primera entrada de mi blog ante una situación similar. Un día como hoy, hace dos años, les contaba sobre mi primera semana en clases. Cómo cambia la vida, acabo de leer esa entrada después de tiempo, y me doy cuenta de lo chibola que era y lo ingenua sobretodo, porque hasta hablo bien de cierto... digamos... hombre, XD.

 Me di cuenta rápido, menos mal, que la administración no era lo mío. Que, en realidad, jamás me gustó. Me atrajo un poco al principio, como muchas cosas en la vida que te pueden parecer en cierto punto interesantes, pero de nada vale seguir en algo que no te hace feliz. Así funcionan las cosas, supongo, ¿no?. Tomar la decisión no fue difícil para mí, porque estudiar comunicaciones era lo único que siempre quise, y de hecho el único afectado aquí es mi bolsillo, pero no importa, sólo quiero hacer lo que siempre he querido hacer, y hacerlo bien. Ya voy dos clases y me encanta. Periodismo, redacción, medios y realidad nacional. La gente de mi salón aún no es mi amigui, pero al menos no me aburro. Seré toda una chancona, lo sé. 

 No les voy a mentir, mi objetivo es que me den la beca por excelencia. Más que por el tema del dinero (un ahorro extremadamente significativo) Es una meta que me he propuesto desde que decidí matricularme, y voy a hacer hasta lo imposible por conseguirlo. Así nadie me quiera y todos me odien por chinchosa, preguntona y esas cosas. No he venido a buscar amigos, no quiero distraerme. Obviamente lo que acabo de escribir es mentira porque siempre uno termina haciendo amistades en todos lados, y está bien, pero esto definitivamente es lo mío y quiero ser la mejor. 

 Por ahora sólo nos han dejado un par de tareas sencillas y leer un libro para un examen que habrá el 31. Mis horarios no son los más bonitos, los sábado estudio prácticamente todo el día y los días de semana siempre son una chanfaina para mí, pero esto es algo que me gusta realmente, y no quiero desaprovechar ni un solo momento para aprenderlo todo. Todo, todo.

 Voy a avanzar mi tarea :3

miércoles, 14 de agosto de 2013

Mi chibolo interior

 Para los que me conocen en persona, deben ya haberse dado cuenta de que no soy del tipo de chica que se comporta de acuerdo a los estándares mundiales de feminidad y delicadeza (?). Soy, por el contrario, como dirían algunos amigos míos, un calzoncillo más. No hablo dulcemente, ni con el típico "tonito" de chica lindix bonix amix; No me quedo callada cuando me dicen algo, lo respondo y prefiero mecharme con alguien a aceptar algo que no me gusta; No soy sumisa, mi segundo idioma por excelencia es el sarcasmo. Disfruto joder, joder y joder a la gente y mi vocabulario consta de una lisura cada cinco palabras. ¿Ven? pueden atribuírselo al Fanning, no me jode. 

 Una vez, hace mucho tiempo (1999 para ser más exactos) cuando estaba en el rico Fanning, discutía sobre mi comportamiento con una auxiliar que me llevó a la dirección cuando no me acuerdo qué de malo hice en el salón. Ella me preguntó si yo tenía contacto amixer con chicos, con hombres. Obviamente, le dije que no, porque en esa época yo realmente no tenía amigos; apenas y les dirigía la palabra a los chicos de mi barrio, tenía nueve años y solo una amiga en todo mi edificio. La auxiliar me dijo que le parecía raro, porque yo me comportaba como un niñito (ME CAGÓ). A medida que fui creciendo, y seguía internada en Santa Mónica -digo, el Fanning- me fui dando cuenta de que las mujeres realmente me aburrían. Verlas todos los días: mujer por aquí, mujer por allá. Trataba a diario de entablar amistad con los chicos de mi barrio, seguramente porque cuando éramos más pequeños jugábamos bastante, pero en ese entonces era en vano porque ellos eran bien mierdas, digo, bien antisociales, digo... jugaban entre hombres nomás. Así que se me ocurrió decirle a mi mamá que, después de haberme negado por dos años seguidos, ya me quería matricular para la primera comunión (se supone que eso lo haces a los nueve, ¿no? pues yo lo hice a los once). Mi mamá pensó que me entregaría en cuerpo y alma al señor, se alegró a más no poder y me matriculó. Pues bien, doce años después, creo que ya puedo confesar que, en lugar de ir por vocación católica, lo hice sólo porque mi amiga del cole me contó que el salón del catequesis era "MIXTO", esa palabra que me sonaba tan jodidamente interesante, que no lo pensé dos veces.

 Una vez enclaustrada en la iglesia Santa Rosa de Lince, me dediqué a juntarme con cada pequeño que se me cruzaba. Dejé a las niñas de lado y me volví un piraña. Prácticamente "cada domingo a las doce después de la misa" nos íbamos corriendo al parque Castilla, nos olvidábamos de los cánticos y las biblias (xD) y nos poníamos a jugar pelota, a lanzarnos de los columpios, a corretear hasta morir por falta de aire y a embarrarnos con caca de perro (mentira, eso no). Era feliz. Sentía que con ellos podía hacer las cosas que realmente me gustaban y que en el colegio no me permitían porque "aj, o sea, somos mujercitas". Y lo que empezó como un año de catequesis para la primera comunión, se convirtió en tres años de formar parte del coro de la iglesia (hasta estaba dispuesta a hacer la confirmación) hasta que en el 2004, me mudé. Y nunca más volví a la casa del señor (¡¿?!), pero al menos aprendí a socializar con los machos machos men.

 Los años pasaron, en mi nuevo barrio no conocía ni a mi vecino (literalmente, no lo manyo, hasta hoy) y me aburrían las tardes luego del colegio, así que me escapaba a veces al internet. Reconozco que esas tres horas diarias que me tiraba en las cabinas de Arenales no eran para nada productivas -Sólo a nivel músico-cultural porque bajaba música como mierda- pero ahí también tenía mis amixers: los chibolos que se tiraban la pera del Melitón Carbajal e iban a jugar en esas épocas counter strike. Al principio les tenía miedo por ser una chica del fanning y por la fama de violadores que éstos tenían, pero, a medida que me fui interesando por el gun bound y esos juegos de moda, me adoptaron como una más de la pandilla. Nos encontrábamos todos los días a las 2, jugábamos hasta las 4 o 5, y me acompañaban a mi paradero. Yo me iba a mi casa; ellos, a buscar a sus peladas de turno tarde. Después, poco a poco, dejé de frecuentar el C.C. Arenales y perdí contacto con mis amigos pirañas.

 Conocí chicas buenas en mi paso por el Icpna, pero de todas las amigas que llegué a tener, sólo conservo cuatro o cinco, los demás son hombres. Cuando tuve mi enamorado en dicho instituto, recuerdo que terminó conmigo un par de veces porque lo único que hacía yo era estar de arriba a abajo con Armando, William y Carlos, mis "back street boyOS". Aunque él me decía que no era por eso, tiempo después me confesó que sí le llegaban al chompiras. Supongo que, como les conté por ahí, solían dejarme por amiguera aunque nunca nadie tuvo el valor de decirme "¿sabes qué? soy celoso" -definitivamente me hubiera ahorrado mil lamentos- pero, como nunca nadie me dijo si estoy bien o si estoy mal (al univeerso le da iguaaaal todo sigue alrededoor♫) pues seguí tal cual, y no me arrepiento. Tampoco es que yo haya sido o que sea una desgraciada, una maldita, nunca engañé ni mentí ni nada de esas pendejadas. Y bueno, otros sólo usaron lo de mi amistad con los hombres como la excusa más estúpida para cometer todos sus actos de maldad hacia mi persona, por allá por los 2012's XD.

 Ahora que tengo ya veintitrés años (wow qué grande) sólo conservo los amigos que creo necesarios. Aún me gusta joder, aún me junto con mis amigos a tomar y a reírme como si no hubiera nada más gracioso en la vida. Hay personas a las que aún le molesta eso y que tratan de "inmadurizarme" -por así decirlo- por el simple hecho de andar con la gente y ser de esta manera aún un tanto despreocupada. Se están equivocando bastante conmigo, les digo, yo no soy todo lo malo que piensan o que a veces parezco. Pero bueno, no puedo estar por ahí con mi cara de cachaco, ni diciendo "yo soy bien buena... por si acaso".

 Arrivederci

Yo soy el chibolito de polo blanco. Era todo un loquillo XD

martes, 13 de agosto de 2013

Mi escape a Ica - Parte II

 Tuve una mala noche, en definitiva, luego de escuchar tanta prosti y tanto arrecho conversar durante la madrugada del martes. No dormí absolutamente nada y Maribel se río de mí por haberme adueñado de la cama de la ventana. Nuestro primer día fue un encanto total, estoy aquí para contarles del martes, mi segundo día en la preciosa Ica.

 Nos levantamos extremadamente temprano (ni para ir a trabajar me levanto a las 6) y nos vestimos para esperar la van que nos llevaría al tour por las islas ballestas. Mi primer error del día fue ir semi calata (short con panties y una chompita que abrigaba lo mismo que abriga una bolsa). Salimos del hotel y literalmente morí de frío. Como tenía la convicción de que el sol saldría en cualquier segundo me quedé como estaba y me aguanté como los machos.

 En la van logré dormir lo que no había podido en la noche, el frío me congelaba hasta los huesos y unos amixers conversaban en el asiento trasero. De rato en rato sonaba una canción en mi cabeza, me desconectaba y me volvía a conectar. Fueron como treinta minutos de viaje que me parecieron horas de horas. Llegamos a paracas, bajé del carro y el frío se hizo más intenso. Nos tomamos un par de fotos, hicimos una cola que parecía que jamás iba a avanzar y conversé un poco de todo con Mari. Empezaba a salir el sol, mis esperanzas de tener un soleado martes crecían a medida que avanzábamos en la cola para subir a los botecitos. Pagamos siete soles, nos subimos a la espaciosa embarcación y, luego de que una señora se ponga a cantar "huacachina, huacachina, china cochina" en un intento de hacernos o reír o llorar, el conductor nos dio unas palabras y partimos. Cuando partimos  fue como que todo el frío del mundo recorriera mi cuerpo y sólo pude refugiarme dentro de mi chaleco salvavidas. Maribel me dijo: "te dije que trajeras tu casaca" y yo hacía puchero por debajo del chaleco.

 Muchos minutos después de partir, saqué la cabeza en un intento de valentía, pensando que un poco de viento helado no iba a malograrme el día. Apenas vi el mar, me cayó agua en la cara y, cual tortuga, me metí nuevamente en mi caparazón/chaleco. Tomé un poco del frugos que me había comprado y comí un pedazo de keke, moría de hambre, sueño y frío. Le tomé un par de fotos a Maribel, ella me tomó unas cuantas a mí y así, me la pasé escondida hasta que el bote se detuvo. Al volver a mirar, tenía lobos de mar, pingüinos y un cielo lleno de aves. El paisaje era precioso, ya me había olvidado de la belleza que había en ese lugar, ya que la primera vez que fui tenía dieciséis años y estaba en un paseo de colegio.

 Tomamos las fotos que eran necesarias, vimos muchos más lobos marinos y el sol había salido de una manera salvaje, por fin tenía mi martes soleado. Estuvimos en ese lugar hermoso por muchos minutos más antes de que el conductor decidiera regresar a la costa. Volví a meterme a mi chaleco debido a los vientos helados y me puse a escuchar un poco de música con mis audífonos. El viento helado no me importó más y saqué la cabeza. Mi cabello al viento se despeinó más que en concierto de rock, las pestañas parecían que se me volaban, pero estaba feliz. El camino de regreso fue más corto de lo que pensé, el sol quemaba mi rostro y mis panties.

 Al bajar del bote teníamos una soleada Paracas y mucha gente comiendo helados, disfrutando del sol en las bancas. El guía nos dio media hora para pasear y comprar algo por ahí. Los pelícanos probaban suerte cerca de las personas, esperando un poco de pescado fresco que algunos hombres les daban de un balde para que los turistas les tomen fotos. Mari y yo fuimos a la orilla del mar e intenté tomarle unas fotos saltando, lo cual fue un fracaso. Nos sentamos un rato a contemplar el movimiento, los negocios de souvenirs que estaban abriendo, los gringos caminando y tomándole foto hasta a las piedras, los niños correteando y los pelícanos locos por un poco de pescado. Estábamos en paz, ambas tranquilas. Recorrimos los puestos de souvenirs, compré unos llaveros bien bonitos,  paseamos un poco más. Nos quedaban quince minutos antes de que el guía y la van nos abandonen, hasta que vimos una tienda rara, que no combinaba con las demás. Mari me dijo que habían cosas chéveres y fuimos. Nos enamoramos del lugar: era la tienda de un pata llamado Ozzy, que hacía todo tipo de trabajos artesanales (habían esqueletos de animales, sólo eso me traumó) y sin pensarlo le pregunté si hacía trenzas, me dijo que sí y le di diez minutos para que la haga.

 Mientras yo recordaba mi adolescencia Fannista haciéndome una trenza con pitas de colores, Maribel recorría la tienda medio extrañada y Ozzy me hablaba de cómo había llegado ahí y que antes vivía en Lima. Mi trenza iba tomando su forma y sólo nos quedaban seis minutos para llegar al carro. Cuando terminó de tejerme la cabeza, me dijo: "Espera, falta algo, tu bautizo de niña con trenza", y yo le gritaba que se apure. Tomó el periódico que me había puesto en la cabeza, lo arrancó con fuerza y gritó: "¡bautizada!". Le pagué, le di un abrazo y le dije que nunca más lo vería en mi vida. Después de eso, salimos corriendo como un par de niñitas por la calle, como si nos estuviera dejando nuestro papá en un paseo. Fue gracioso imaginarme corriendo desesperada mientras todos nos miraban con curiosidad. Encima llegamos y tuvimos que esperar a que el chofer llegue; de haber sabido, nos quedábamos un poquito más.

 Ya en el camino de regreso el calor se hacía más y más fuerte. Moría de sed pero estaba feliz jugando con mi trencita. Llegamos a Ica, regresamos a nuestro hospedaje en la calle de las putas, dejamos unas cosas y volvimos a salir para hacer el "city tour". Conocimos muchos lugares chéveres como cachiche, donde me tomé una foto con el sombrero de la bruja, y probamos un trago riquísimo que se llama "el orgasmo de la bruja", aunque no lo terminamos porque se nos subió de una manera bien achorada. Después de visitar también la palmera de las siete cabezas y escuchar la historia, nos fuimos a almorzar a la bodega El catador, donde probamos más de una versión de pisco (y más el orgasmo de la bruja, yo me sentía ebria feliz). Almorzamos algo suave, y partimos de nuevo a Huacachina, pero esta vez tuvimos una vista más bonita de ella, porque era de día y hacía mucho sol.

 Nos dieron una hora para explorar el lugar y huevear de manera infinita. Maribel y yo habíamos terminado tan enamoradas de las dunas, que no lo dudamos y volvimos a trepar, esta vez sin tubulares y sin tablas, sólo con las ganas de volver a tocar el cielo y verlo todo más pequeño. Nos sentamos en un lugar más o menos alto, puse música. Estábamos sin zapatos y sin miedo. La cara de Maribel transmitía toda la paz del universo, me volví a revolcar en la arena y ella a tomarse fotos. Sabíamos que no podíamos estar ahí por mucho rato, pero fueron treinta minutos muy hermosos y relajantes. Sabíamos que teníamos que volver.

 Cuando se acabó la magia, cuando pasó el tiempo y tuvimos que descender de las dunas para volver a casa cansadas y sin ganas de volver, me sentí un poco triste. Mari y yo coincidimos en lo mucho que nos gustaría tal vez dejarlo todo y empezar una nueva vida lejos de la lima y su ruido y sus cosas raras y malas. Pero, como no todo es perfecto, dejamos de soñar y compramos nuestro pasaje de regreso. Compramos un poco de pan, una botella de agua, otra de yogurt, llegamos al hospedaje, nos volvimos a bañar y a quitar la arena. Nuestros rostros cansados nunca tuvieron tanta alegría de por medio, la habíamos pasado demasiado genial, habían sido dos días hermosos que nunca olvidaremos.

 Al menos yo, encontré la paz que buscaba y, al tener tanto tiempo para reflexionar, pude ver las cosas de una manera más clara y transparente. Me enamoré de Ica, me enamoré de sus dunas, su laguna, sus calles, de sus combis a las cuatro de la mañana, de sus colectivos gritando "¡SUBTANJALLA, SUBTANJALLA!", de su gente extremadamente chévere, del refresco de cocona en la esquina, de la gente que no descansa y que hicieron de mis dos madrugadas las más despiertas de toda mi vida. Espero que les haya gustado mi experiencia Iqueña, y si tienen casa o familia, pásenme la voz porque quiero volver :3.

¡Nos leemos pronto!

Ozzy trenzándome las mechas

sábado, 10 de agosto de 2013

Mi escape a Ica - Parte I

 Me escapé. Le hice caso al doctor Andy V y huí de todo. Pedí vacaciones, Maribel se unió a mí, nos abrazamos, lloramos, y el lunes a las 7 de la mañana estábamos en la avenida México con nuestros maletines rosados, comprando pasajes y subiendo a un bus que nos alejaría de la gris Lima y toda su tristeza. Al menos nos alejaría cuatro horas fuera de ella. Algo es algo.

 No teníamos planeado mucho, sólo escapar un poco y ver qué podíamos hacer. Le pedimos consejo a Víctor y Pablito, amigos que habían estado allá hacia poco más de una semana, y a Luis, que vivió allá mucho tiempo; fueron buena onda, nos recomendaron tours y lugares. La verdad es que, para mí, era la primera vez que hacía algo parecido. Nunca me había sentido tan presionada en este lugar; nunca había sentido que TENÍA que irme. Pero de eso no vine a contarles.

 Nos dijeron que serían cuatro horas y media de camino. Llevé una vez más "La palabra del mudo" de Julio Ramón Ribeyro, mi fiel acompañante a cuanto viaje largo realizara en la vida. Nos acomodamos, el bus era una carcacha (ni más viajamos en Soyuz). Primer error, eso está claro. Apenas y comimos galletas animalitos, leímos un poco, dormimos otro poco, pasamos por las playas preciosas del sur, conversamos, y en menos de lo que pudimos darnos cuenta, estábamos en la calurosa Ica. Bajamos del bus, sacamos nuestras cosas y caminamos por la avenida "La Municipalidad", donde nos habían dicho que se encontraba una agencia de tours y esas cosas. Encontramos a la señora indicada, conversamos un poco y fuimos a buscar hospedaje. La verdad que no fue muy difícil encontrar uno, eso es lo bueno de que todo esté prácticamente junto: la plaza, los negocios, los hospedajes, todo junto. Caminamos un poco, entramos a un par de lugares que nos parecieron decentes y nos quedamos en uno que al menos tenía agua caliente y ventana a la calle. Segundo error.

 Nos instalamos en el hotel, no era muy lindo el cuarto pero como dicen: "a nada", para lo que íbamos a permanecer dentro, el precio era justo. Lo clásico, sacamos la ropa, colgamos las toallas, escogimos las camas y yo grité "LA MÍA ES LA DE LA VENTANA, ¡WOO HOOO!" (yo por pendeja me pelé, de ahí les cuento) y descansamos un ratito, ya que teníamos que ir a almorzar y luego a nuestro primer tour que eran los tubulares en las dunas. La típica, fotito por aquí, publicaciones en el facebook por allá, y nos lanzamos a la calle a buscar un digno almuerzo. La verdad no fue difícil conseguir un restaurante barato y cerca, porque, como dije, todo estaba jodidamente junto, teníamos todo cerquísima. Comimos, hablamos, nos maltrató la mesera y nos reímos bastante. A la salida volvimos al hotel para sacar unas cosas y estar así a las 4 en punto en la agencia del tour, donde esperamos a que viniera la movilidad y nos llevara a las soñadas dunas y la laguna de la huacachina.

 Dieron las cuatro, fuimos a la agencia y esperamos tranquilas nuestra movilidad. Me pareció rarazo que la chica parara un taxi y nos dijera que el taxista nos iba a llevar, en lugar de las clásicas vans o carros más grandes con más pasajeros (yo pensaba que era una metida de rata y nos terminaría violando por ahí, me asusté). Esperamos un buen rato por una persona que faltaba, estábamos renegando porque ya era tarde, hasta que por fin subió la demorona pasajera y pudimos partir. Llegamos a las dunas y al toque pasamos del taxi al tubular, la pasajera delantera resultó ser buenísima onda, Verónica se llama, ecuatoriana que vino de vacaciones; una persona muy chévere. Conversamos un poco, nos acomodamos en estos carritos y empezamos una aventura que no olvidaré jamás.

 Una vez arriba, mientras el carrito nos llevaba por aquí y por allá, gritamos, levantamos los brazos, en mi caso me golpeé muchas veces y me puse a llorar en silencio porque tenía un moretón que me dolía y me volví a golpear en el mismo sitio (pa' cojuda y malasuerte, pásenme la voz). La adrenalina me quedó chiquita, era como estar viviendo los últimos segundos de mi vida, sobretodo cuando se me desabrochó el cinturón y el tubular se metió un salto desde las alturas y yo pensé que saldría disparada y moriría en la Huacachina. Gritamos, nos revolcamos en la arena (bueno, solo yo hice semejante salvajada) terminé con arena en las orejas, el cabello y demás, nos lanzamos con las tablas y fuimos extremadamente felices. Aún tengo arena, y eso que ya me bañé como siete veces desde que volví.

 Mientras subía con mi tabla para volver a lanzarme, sentí una fuerte presión en el pecho, algo parecido a lo que siento con un ataque de asma y me traumé. Me senté en mi tablita en lo alto de la duna a esperar que se me pase y me di con la sorpresa de que no podía respirar ni hablar. Me eché, jugué un poco con la arena, me hice la cojuda (lo último que quería era hacer un show asmático en las dunas) y se me pasó. Luego comprendí que no era un ataque de asma, era un ataque de esos extraños que estuve teniendo toda la semana, era angustia. Miré al cielo, luego miré para abajo y veía puntitos de colores y unos bracitos agitándose; era Maribel llamándome, gritándome que me lance, que me lance. No hice caso, seguía en las alturas contemplando todo y pensando en todas las cosas que me habían llevado a ese lugar. El sol se iba a poner en cualquier segundo, decidí aprovecharlo y simplemente ser feliz.

 Cuando me encontré en paz "nivel 100", decidí lanzarme nuevamente por las dunas. Ya no sentía dolor en el pecho, ni nada de eso, sólo sentía mucha paz y relajo. Me lancé, nuevamente escalé la duna y nuevamente me cansé, esta vez sí de pura asmática y el chofer nos preguntó si queríamos ver cómo se ocultaba el sol, corrimos, nos subimos al tubular y nos volvió a llevar entre subidas y bajadas adrenalínicas hacia una parte más alta donde se veía el mundo más pequeño y el sol más grande. Más fotos por aquí, más fotos por allá, poco a poco el sol nos decía adiós y tras su despedida un frío maldito nos saludaba (vientos "paraqueños", les dijo Maribel). Era hora de bajar y comer un poco tal vez, o simplemente bañarnos y quitarnos la arena del cuerpo.

 Al bajar el tubular hizo una que otra pirueta nuevamente, yo ya no tenía fuerzas ni para gritar. Sentía que al bajar toda la magia terminaría y quise volver al día siguiente, pero no podía hacerle algo así a Maribel, que quería ir a ballestas y al "city tour", así que sólo suspiré, miré arriba y prometí que volvería. Ya cuando estuvimos definitivamente abajo, un amable guía nos llevó a la laguna de la Huacachina, así, a oscuras y nos contó la historia de la princesa, la sirena que llora y todas esas cosas en las que casi-casi yo no creo. Decidí ver la laguna más de cerca, la tuve a mis pies en completa oscuridad. Otra vez el dolorcito en el pecho, otra vez hacerme la cojuda para no hacer roche. Otra vez el darme cuenta de que no era enfermedad, era lo otro. Me paré y me fui a seguir a mis compañeros de tour, y a Maribel y Verito, que me esperaban arriba.

 Volvimos al carrito que nos llevaría de regreso al hotel, mientras todos comentaban lo chévere que la habían pasado y compartían sus fotos. A Maribel y a mí nos tocó la parte dura al despedir a Verito, cuando la dejamos en su hotel. Promesas de ir a Ecuador por aquí, promesas de volver a Perú por allá. Sólo espero que le haya ido bien en su vuelo, ya ahorita debe estar por llegar a casa. Como moríamos de hambre, al bajar buscamos desesperadas algún lugar donde llenar la panza, y, como somos bien creativas, entramos a Rocky's (si, más monses...) y nos pedimos una negrita (llámese chela, helena, promoción, agua, etc. pero malta) y comimos grasa. Con el estómago contento y el corazón todavía saltando por los tubulares, caminamos por esa plaza abarrotada de gente, bajo las luces tenues de la ciudad que no descansa. Una, dos, tres cuadras y llegamos al hotel. Nos turnamos para entrar a la ducha, de mi cabello no dejaba de caer arena. Se bañó Mari y lo mismo, estábamos -literalmente- enterradas. Cansadas a más no poder, sin ánimos ni para salir a buscar alcohol y fiestas. "Mañana toneamos" dijimos, y nos echamos a ver Yo Soy y a pasar las fotos.

 Esto es lo que pasó en nuestro primer día de escape, ya mañana o pasado les cuento qué sigue. Sólo les adelantaré que cuando dije que me pelé por pendeja al elegir la cama que estaba pegada a la ventana, fue porque la calle donde inocentemente nos habíamos hospedado era una calle roja (léase: calle de putas), y toda la madrugada escuchaba cosas como "ya pe, veinte... veinte y entramos acá" / "Le dije que no, esa "#%$%&%!$#, muy carera" / "Hola guapo, ¿cómo es?" y demás cosas raras que me mantuvieron toda la noche con los ojos así: O_O

 Preciosa Ica, pronto la segunda parte de mi aventura.

Y se murió XD - Paz, mucha paaz :)